Las pancartas pidiendo paz han sido las protagonistas en la manifestación en Barcelona.

Ocho reflexiones sobre los atentados tras la gran manifestación

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La marcha contra los atentados despierta una lectura política tras los abucheos contra el rey y la ruptura de la unidad entre el gobierno español y el catalán

Barcelona, 27 de agosto de 2017 (05:55 CET)

Una inmensa multitud, cercana a las 500.000 personas, se ha concentrado en Barcelona en respuesta al terrorismo y en apuesta por la paz. A pesar de los intentos de la CUP y de otros grupos independentistas de reventar el clima de unidad, la inmensa mayoría de los asistentes han hecho prevalecer el respeto solo roto por el grito casi unánime de “no tinc por”.

La técnica de la CUP ha sido copar las filas inmediatamente posteriores a donde se encontraban el rey Felipe VI, el presidente de Gobierno y otras autoridades para conseguir que en las retrasmisiones por televisión pudieran dar la imagen de una protesta generalizada. A medida que la manifestación avanzaba, las esteladas y las pancartas contra la Corona se convirtieron en simple anécdota.

La gran manifestación ha terminado sin incidentes.

Cómo fue la gestión de los atentados

No es un análisis fácil. Es poliédrico, con múltiples ángulos y aristas.

El atentado ha estado contaminado por la tensión que provoca la insurrección del referéndum del 1 de octubre. Y esta circunstancia ha condicionado profundamente la gestión política y policial de los atentados de Cataluña. También este análisis.

Al margen de los detalles de la tragedia, me ha llamado mucho la atención la decisión del gobierno de Carles Puigdemont de conceder la Medalla del Parlament a todos los organismos públicos catalanes que participaron el día de los atentados. Cuatro días después, ya había medallas, cuando la operación no estaba cerrada. ¿Por qué tanta prisa?

Los atentados han estado contaminado por la tensión que provoca la insurrección del referéndum del 1 de octubre.

Normalmente las medallas se reparten cuando los hechos están sofocados y los detalles investigados. Se trataba de resaltar el prestigio y la suficiencia de los Mossos d’Esquadra para demostrar al mundo que Cataluña, es ya de hecho, un Estado independiente.

Son necesarias dos condiciones para analizar lo ocurrido. Tiempo y sosiego. Y una técnica de microcirugía para no dañar los tejidos sanos. Ausencia de prejuicios y rigor delicado en la autocrítica. Creo que ha faltado mucha finezza y ha sobrado soberbia y autocomplacencia. Y, sobre todo, generosidad de todas las partes de renunciar a sacar provecho político de la tragedia. Y, para ponerlo más difícil, en el marco de tensión del llamado procés. Intentémoslo.

Trece años sin atentados

Desde el 2004, y han pasado trece años, España no ha sufrido un gran atentado yihadista. No porque estuviéramos fuera de foco. Fundamentalmente por el excelente trabajo, con distintos gobiernos, de los servicios de inteligencia y seguridad. Hubo 727 sospechosos detenidos, la mayor parte en Cataluña. Un excelente trabajo del CNI, de los distintos cuerpos de policía, de todos, y la organización de una excelente colaboración internacional. Pero con el terrorismo no hay garantías y finalmente sucedió un macro atentado que podía haber sido mayor si no estalla la casa de Alcanar. Conforme avanza la investigación aparecen detalles sorprendentes.

El famoso imán de Ripoll era un viejo conocido de los servicios de inteligencia. Cuatro años de prisión por tráfico de drogas. Un antecedente de muchos yihadistas. Fue dictada una orden de expulsión anulada, después, por un contencioso administrativo.

Con el terrorismo no hay garantías y finalmente sucedió un macro atentado que podía haber sido mayor

El alcalde de Vilvoorde, municipio belga considerado bastión yihadista, se puso en contacto con la policía catalana para preguntar y alertar de la presencia del líder de los atentados, Abdelbaki es Satty, para optar a una plaza de imán en ese municipio.

Los mandos de los Mossos tardaron 48 horas en reconocer el contacto, nada menos que con el número 2 del servicio de inteligencia del cuerpo. Pero matizaron que el contacto había sido informal, para excusar el no haber tomado con suficiente diligencia esa advertencia.

Advertencias ignoradas y errores de gestión

¿Qué quiere decir “informal” en la terminología de inteligencia? ¿Los soplones piden copia certificada de sus delaciones? El alcalde de Vilvoorde, probablemente estupefacto por la reacción de la policía catalana, ha replicado. “los contactos entre policías siempre son oficiales”.  Más claro, agua.

Ante el mensaje claro de la policía de Vilvoorde, de dar máxima difusión a la presencia de Abdelbaki es Satty en Bélgica y la alerta de que iba a regresar a Cataluña, ¿el responsable de los Mossos no hizo nada, ni lo comunicó a los demás servicios de seguridad?

Creo necesaria una explicación que por supuesto no se ha dado.

La explosión de la casa de Alcanar, que tan milagrosa fue para paliar daños mucho mayores, requiere preguntas que necesitan respuestas.

Tras el mensaje de la policía de Vilvoorde, ¿el responsable de los Mossos no hizo nada?

¿Por qué no se interrogó al herido superviviente de Alcanar hasta después de los atentados de Barcelona y Cambrils? ¿Por qué no se permitió a los expertos en explosivos de la Guardia Civil, con mucha más experiencia, acceder a investigar a la casa destruida? ¿Por qué se desoyeron las llamadas de atención sobre la posibilidad de actividades terroristas, ante las numerosas evidencias, de la jueza de guardia que acudió al lugar de los hechos?

Hay otro asunto extraordinariamente delicado

Terroristas abatidos

Casi nadie ha cuestionado la forma de reducir a los terroristas. En ningún caso se apostó por intentar detenciones, ni siquiera por razones de proporcionalidad, sino para obtener información de los terroristas. No digo que sea reprobable ninguna de las formas de neutralización de los terroristas. Solo me pregunto si no se debiera haber hecho algún esfuerzo en reducirlos, al menos a alguno de ellos, para poderles interrogar.

Atentado en Barcelona: faltan muchas respuestas a numerosos interrogantes

Seguramente el caso más llamativo es el del conductor de la furgoneta de las Ramblas, Younes Abouyaaqoub, localizado hambriento, solo y desorientado tras cuatro días de fuga a pie, detenido en pleno campo sin ciudadanos civiles que corrieran riesgos.

La demostración de la hipersensibilidad que la tensión política ha impuesto es la falta de demanda de una respuesta para estas razonables interrogantes.

Autocomplacencia de la Generalitat

Estamos atrapados en una pinza entre la autocomplacencia del gobierno de Puigdemont y los talibanes que quieren desprestigiar a los organismos catalanes. En medio, el difícil trabajo de una autopsia informativa respetando la integridad del cadáver.

Estos detalles y muchos otros cobran más relevancia con la posición de las autoridades catalanas de dejar fuera de intervención a la Policía Nacional y la Guardia Civil. Rechazar la colaboración de las fuerzas de seguridad del Estado, inevitablemente focaliza la responsabilidad de la gestión del atentado casi exclusivamente en el gobierno de la Generalitat.

El presidente Rajoy optó por la prudencia

Mariano Rajoy ha tenido que manejar con cautela la situación. Si como ocurre en todos los países del mundo hubiera optado por poner al frente de la investigación a los órganos centralizados del Estado, hubiera sido acusado de ningunear a las autoridades de Cataluña. Ha tenido que ser el magistrado Fernando Andreu, instructor de la causa, quien, a posteriori, haya impuesto la cordura estableciendo una jerarquía en la investigación.

La aparente tregua por el atentado ha terminado antes de la manifestación de unidad

Puigdemont ha roto su aparente responsabilidad con sus declaraciones a The Financial Times en las que acusa a Rajoy de “politizar un asunto tan sensible como la seguridad”.

Ese mismo día, el president, aparentemente restablecido de su letargo, anunció que ya dispone de 6.000 urnas para el referéndum. La aparente tregua ha terminado antes de la manifestación de unidad.

El rey en la diana

Hay que resaltar también las actitudes del gobierno de Cataluña con la figura del rey. Se acusó a la Casa Real por la utilización de imágenes de los niños heridos durante la visita de los reyes. Patinazo. Contaban con la autorización de sus padres.

La CUP, socio del gobierno catalán, ha tratado de impedir la presencia del rey en la manifestación de ayer en Barcelona. El gobierno catalán no salió en defensa del jefe de Estado.

Felipe VI ha tomado una decisión valiente y arriesgada: no caer en la trampa de las maniobras de que no ocupara un lugar destacado y desistir de su presencia.

La manifestación pone fin a la tregua

El término de la manifestación de Barcelona supone el retorno de la crispación y las hostilidades que ya adelantaba Puigdemont a The Financial Times. En espera de que prosigan las investigaciones dirigidas por el juez Andreu, el referéndum del día 1 de octubre vuelve a tomar prioridad en un fin de verano que volverá a la partida de ajedrez que llevan a cabo la Generalitat y el gobierno de España.

No cabe duda de que los atentados condicionan los comportamientos de las dos partes. Pero el president ha sido claro en víspera de la manifestación: ya dispone de 6.000 urnas para referéndum.

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