Puigdemont aprieta el acelerador para convocar el referéndum

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El gobierno catalán abre nuevas 'embajadas' y afronta la Diada de este domingo con la esperanza de obtener fuelle para la ruptura independentista

El president de la Generalitat, Carles Puigdemont, en una reciente reunión del Consell Executiu. EFE

Barcelona, 06 de septiembre de 2016 (23:00 CET)

El presidente Carles Puigdemont apretará el acelerador en las próximas semanas para poder convocar en la segunda mitad de 2017 el referéndum de independencia. Todo el Goverm se siente "comprometido para culminar el proceso", como apuntó este martes la portavoz y consellera de la Presidencia, Neus Munté. En ningún caso se plantea el Ejecutivo catalán dejar de lado su proyecto rupturista, a no ser que el Gobierno español ofrezca una salida que en estos momentos no se vislumbra, cuando, finalmente, se pueda constituir.

El gobierno catalán va a lo suyo, a pesar de que la fiscal general del Estado, Consuelo Madrigal, advirtiera, en la inauguración del curso judicial de que no dejará pasar ni una y de que los órganos del Estado velarán por el cumplimiento de la ley. Sin embargo, para el ejecutivo de Puigdemont esas advertencias se ignoran por completo. "Quien habla no debería, y quien debería no habla", sentenció Munté, en una alusión a la necesidad de iniciar algún tipo de negociación con el ejecutivo español.


Suspensión de la autonomía

El objetivo del independentismo ahora es que se pudiera acordar un referéndum con el Gobierno central. Si se llegara a esa situación, Puigdemont ha asegurado que podría pactar todas las condiciones de la consulta, pero a falta de una altenativa el gobierno catalán seguirá adelante hasta que alguien lo pare, asumiendo el riesgo –de hecho alentándolo-- de una suspensión de la autonomía. "Si alguien piensa que es teatro o gesticulación es que no ha entendido nada de lo que ha pasado en Cataluña en los últimos años", señaló en Onda Cero en alusión al proceso soberanista y a los 18 meses que se acordaron para poner en pie estructuras de estado y la convocatoria de un referéndum.

Como advertencia, o para constatar que todo sigue adelante, el Govern aprobó la apertura de cuatro nuevas embajadas, en Ginebra (Suiza); Copenhague (Dinamarca); Varsovia (Polonia) y Zagreb (Croacia). Sin embargo, todo ese plan se quedará en nada si no hay presupuestos para 2017, como destacó Neus Munté, al asegurar que están pendientes programas sociales y políticos en función de los presupuestos de 2017.


La CUP y los presupuestos

Y eso no está atado. Puigdemont ha logrado el apoyo de la CUP para la moción de confianza que se votará el 28 de septiembre en el Parlament. El objetivo ahora es que la CUP entre en una "cadena de confianza", como aseguró Munté, para que la fuerza anticapitalista apruebe también las cuentas de 2017 y se comprometa a seguir una hoja de ruta que podría variar a lo acordado. Dependerá de Puigdemont, que es consciente de que esa votación en la cámara catalana significará su investidura real como presidente de la Generalitat.

El PSC, acosado por el bloque independentista, pero también por Catalunya Sí que es pot, el referente de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ya le ha comunicado a Puigdemont que votará en contra en la moción de confianza. El Govern pretende ampliar apoyos, y no quedarse atado con la CUP, y por ello mimará a Colau en las próximas semanas.


Una descentralización de alto riesgo

El objetivo ahora es que la Diada de este domingo sea un éxito, aunque se ha ido desdibujando. "Hay importantes discrepancias en el seno de la ANC" (Asamblea Nacional Catalana), según un dirigente nacionalista, tras la decisión de convocar hasta cinco concentraciones, con la idea de "descentralizar" la Diada. Será en Salt (Girona); Berga (Barcelona); Lleida, Tarragona y Barcelona. "No noto ningún riesgo de que decaiga", afirmó el conseller de Exteriores, Raül Romeva.

Pero esas concentraciones serán, de nuevo, un termómetro para calibrar si Puigdemont puede o no seguir adelante, o si el bloque independentista deberá pensar ya en una rectificación, después de cuatro largos años de movilización que no se han traducido en nada.
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