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Puigdemont desconcierta a sus interlocutores, que tratan de mediar con Rajoy, con la idea de convocar elecciones cuando se tomen las primeras medidas del 155

Barcelona, 20 de octubre de 2017 (04:55 CET)

Todo conduce a la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que se ha demonizado por parte del independentismo, y que también ofrece un gran temor al Gobierno de Mariano Rajoy, porque no se sabe muy bien qué consecuencias puede tener. Y eso lo sabe el presidente catalán, Carles Puigdemont, que convocará elecciones cuando se adopten las primeras medidas del 155, algo que no será inmediato.

Los próximos días son determinantes, pero servirán para acumular más tensión, porque, con la ley en la mano, no se podrán tomar medidas de forma rápida. El Ejecutivo que preside Mariano Rajoy pondrá en marcha el reloj este sábado, con un consejo de ministros extraordinario, con las primeras medidas que propondrá al Senado según el artículo 155 de la Constitución. La cámara alta, sin embargo, no podrá convalidar esas medidas en un pleno hasta el 30 o el 31 de octubre, según la agenda que maneja el presidente del Senado, Pío García-Escudero. Y en ese lapso se moverá Puigdemont, incluso podría reaccionar unos días después.

Puigdemont quiere comprobar hasta dónde quiere llegar Rajoy, pero no tiene apenas margen de maniobra

El presidente catalán ha hablado con diferentes personalidades, con Artur Mas y con la dirección del Pdecat, y, por supuesto, con el líder de ERC, Oriol Junqueras, pero también con dirigentes que en los últimos días han querido establecer puentes, como la alcaldesa de L'Hospitalet, Núria Marín, que ha mantenido contactos con la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, con el propio Puigdemont, Artur Mas, y con el líder del PSOE, Pedro Sánchez. En su apoyo ha tenido en todo momento al primer secretario del PSC, Miquel Iceta.

Y el resultado, por ahora, ha sido frustrante. Nadie se mueve. Pero es Puigdemont el que ha tenido y tiene en su mano la posibilidad de volver al marco de legalidad. Marín explotó este jueves, al reclamar a Rajoy y a Puigdemont que “se vean las caras”, y dejen de lado ese cruce de cartas que no ha conducido a nada. La intención, sin embargo, era que, tras todas esas llamadas y conversaciones, Puigdemont dejara una puerta abierta a Rajoy, en su respuesta de este jueves, que no llegó, con expresiones, además, muy duras como esas referencias a la “represión” del Gobierno. Y, aunque Puigdemont incidió en que “no se votó” la declaración de independencia en el Parlament, las posiciones ya no han variado.

En esa tesitura, el Gobierno de Puigdemont, que se encuentra dividido ante una posible declaración de independencia que se pueda votar en el Parlament, quiere esperar al sábado para ver esas primeras medidas del Gobierno. Para la tarde del mismo día, la ANC y Òmnium Cultural, con sus dirigentes en prisión preventiva, han organizado otra manifestación con una proclama a favor de la democracia y el diálogo. Y en los siguientes días esas exhibiciones en la calle serán constantes.

Junts pel Sí y la CUP inician los pasos para acordar una declaración en el Parlament

¿Pero, qué salida le queda a Puigdemont? Fuentes de Junts pel Sí insisten en que puede llegar un momento de tensa calma en el que el tiempo –un valor enorme en política-- juegue a favor de una salida acordada. Y esta es la convocatoria de elecciones, una facultad que tendrá el presidente de la Generalitat, a no ser que el Gobierno rectifique su plan inicial.

El problema es que ni Rajoy ni Sáenz de Santamaría saben exactamente qué se podrá hacer a través del 155 ni qué consecuencias podría tener.

Puigdemont convocará elecciones, de carácter constituyente, como figura en la hoja de ruta del bloque soberanista, aunque, en la práctica, serán unas elecciones que se regirán por la Loreg (ley orgánica del Estado), de carácter autonómico. Y antes se formulará una declaración de independencia, que se dirá que sólo se podrá validar con esas elecciones. Puigdemont necesita ese paso, porque así lo reclama el soberanismo, con la ANC y Òmnium Cultural a la cabeza. Pero no está acordado cómo se podrá realizar. Los grupos parlamentarios de Junts pel Sí y la CUP iniciaron este jueves los primeros contactos para acordar esa declaración, con dos escenarios posibles: o bien para ser aprobada en el debate de política general, que se debe convocar en los próximos días, o a través de un pleno monográfico. “Estamos en ello, pero sólo al inicio”, indican las mismas fuentes.

El problema para Puigdemont estriba en cómo interprete toda esa operación el Gobierno de Mariano Rajoy, que es consciente de una posibilidad muy real: que Puigdemont convoque elecciones en un momento álgido para el independentismo, que utilizará el victimismo, con la aplicación del 155, para renovar la mayoría absoluta en el Parlament.

Por eso, a partir de este mismo sábado, los dos gobiernos medirán cada uno de sus pasos, a la espera de una salida que nadie, ni los interlocutores que se han dejado la piel en los últimos días, sabe vislumbrar.

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Carles Puigdemont
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