Torra sigue los pasos de Puigdemont para evadir la justicia. En la imagen, Quim Torra, durante una conferencia en Madrid. EFE/Víctor Lerena
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El president amplía el catálogo de expresiones vacías de contenido de su argumentario para disimular la falta de consenso sobre la respuesta al Supremo

Iván Vila

Economía Digital

Torra sigue los pasos de Puigdemont para evadir la justicia. En la imagen, Quim Torra, durante una conferencia en Madrid. EFE/Víctor Lerena

Barcelona, 05 de septiembre de 2019 (20:19 CET)

El independentismo esperaba con expectación la conferencia que Quim Torra dio este jueves en Madrid. Porque se suponía que clarificaría por dónde irán los tiros de esa respuesta unitaria que el independentismo quiere dar a la sentencia del Tribunal Supremo en la  causa del procés.

Pero no hay más cera que la que arde, y, como las discrepancias estratégicas entre partidos y entidades independentistas persisten, no ha habido más concreción que el lanzamiento de un nuevo mantra: el de “recuperar la iniciativa” política. Que por el momento, y a la espera de esas concreciones que nunca llegan, no es más que la última hasta la fecha de las expresiones vacías de significado a las que, a falta de algo mejor que ofrecer, se ha abonado el president desde que tomó posesión de su cargo. Repasamos aquí los principales hits vertebradores de esa retórica que hasta la CUP encuentra tan inflamada como hueca y a la que ya nos ha acostumbrado el president.

El momentum

Desde el principio de su presidencia, Torra ha insistido en la necesidad de buscar un nuevo momentum -es decir, un nuevo impulso- que permita culminar el proceso independentista tras la interrupción que supuso la aplicación del artículo 155. En un principio, Torra situó tres posibles momentum: una victoria independentista en las elecciones municipales, unas elecciones al Parlament que también ganaran las fuerzas independentistas o una sentencia condenatoria que, según su planteamiento, tendría un efecto catártico que volvería a unir al independentismo como si fuera un solo hombre.

Las municipales ya se produjeron, y se saldaron con triunfo independentista, sí, pero no propiciaron la reactivación del procés. Y unos comicios al Parlament son algo de lo que ahora no quierer oir hablar ni Torra ni nadie en Junts per Catalunya (JxCat), enfrascado como está el espacio posconvergente en una envenenada reordenación que no se deja de posponerse. Así que ahora, el de la sentencia es ya el único posible momentum del que se sigue hablando. 

Hacer república

La expresión la lanzó Torra en su discurso de investidura y desde entonces se ha utilizado como un comodín. "Hacer república" es un objetivo mucho más ambiguo y modesto que el de conseguir la independencia, una expresión que ahora se dosifica mucho más que en la legislatura pasada.

El president propuso inicialmente tres “vías de acción política republicana”: la primera, un “consejo de la república” en el “espacio libre de Europa”, es decir, el sanedrín liderado por Puigdemont que tenía que marcar la pauta al ejecutivo, pero que a la práctica, tras casi un año desde su constitución, sigue en estado de hibernación. La segunda, la integrada por la Generalitat, el Parlament y los ayuntamientos en manos independentistas, que, a la práctica, no han dado ningún paso que les acerque a la independencia. Y la tercera, la de la movilización ciudadana y una “asamblea de electos” que tendría como encargo un borrador de constitución catalana, pero de la que nunca más se supo.

El proceso constituyente

Ese último objetivo merece mención aparte, porque de la asamblea de electos, Torra pasó a hablar de un “foro constituyente” para, finalmente, acabar presentando un consejo asesor para impulsar ese foro, ni tan solo para crearlo, tarea que el propio Lluis Llach, el hombre puesto al frente del consejo, dijo que debería recaer en el tejido asociativo catalán. El último anuncio al respecto es que este septiembre empezarán una serie de debates constituyentes a lo largo y ancho del territorio catalán.

La marcha de derechos

En la conferencia con la que a principios de septiembre del año pasado, Torra pretendía marcar la hoja de ruta del que se dio en llamar “otoño caliente”-y que luego no pasaría de templado-, el president anunció una “marcha por los derechos sociales y políticos” a la manera  de la que Martin Luther King encabezó en 1963 en Washington. Una semana después, la portavoz del govern, Elsa Artadi, aclaraba que el president hablaba "en sentido simbólico", y que en realidad se refería a la apuesta por la movilización permanente.

Recuperar las leyes suspendidas

Recuperar las leyes suspendidas por el Tribunal Constitucional con Mariano Rajoy en la Moncloa fue otro de esos compromisos en abstracto que se ha ido diluyendo cuando tocaba concretar. En su discurso de investidura, Torra habló de recuperar 16 leyes que habían acabado en el TC. Pero  todo sigue igual, salvo por la  recuperación parcial de la ley contra los desalojos y  la pobreza energética, posible al retirar el ejecutivo de Pedro Sánchez dos de los tres recursos planteados contra ella al Constitucional.

Torra advirtió de entrada que si Sánchez no retiraba antes los recursos que bloqueaban todo el paquete de normas, volvería a aprobarlas a final del año pasado, pero no cumplió su amenaza. Superado ese plazo, en enero pasado, el gobierno catalán anunció que iniciaba los trámites para recuperar las cuatro primeras leyes. Ninguna de ellas ha iniciado todavía su tramitación parlamentaria.

Lo volveremos a hacer

“Lo volveremos a hacer” fue la advertencia que el presidente de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart, lanzó en su alegato final en el juicio ante el Supremo. Y Torra, ni corto ni perezoso, hizo suyo el lema a la voz de ya. Falta el complemento directo, como siempre. Pero volver, asegura que volverán.

La respuesta a la sentencia

Es, ya se ha dicho, el momentum por el que Torra no ha dejado de apostar. Pero no hay manera de consensuarla. El president abrió hace tres meses una ronda de contactos con partidos y entidades soberanistas, y el fin de semana pasado se celebró una cumbre en Ginebra para intentar sintetizar lo que Esquerra llama "el mínimo común denomninador".

Sucede que ni lo uno ni lo otro han dado frutos, así que tanto ERC como JxCat se limitan a exhibir optimismo y venden unos supuestos "avances" de los que tampoco nada se sabe y una entidad fantasma como nueva argamasa del independentismo. Pero nada de eso evitó que Torra llegara al día de su conferencia con los deberes por hacer.

La confrontación

Ante la falta de acuerdos y, en consecuencia, de concreciones sobre la respuesta, siempre queda agudizar el ingenio. Torra ya dio una conferencia hace dos semanas en la Universitat Catalana d’Estiu en la que abogó por “la confrontación”, haciendo suyas las tesis exhibidas por Puigdemont en su último libro, y enmendando la plana a Junqueras, que el día antes había abogado en cambio por la vía del diálogo como la única posible. El problema viene, como siempre, a la hora de precisar a qué se refiere.

Para evitar que la brecha entre los socios se haga insostenible, ERC optó por encajar el golpe y hacer la lectura más suave posible, entendiendo que la confrontación no es ninguna novedad, sino que ya hace tiempo que se está produciendo, y que se refleja, por ejemplo, en la movilización social, en la contestación en la calle, así que es perfectamente compatible con el diálogo. Es más o menos lo que trató de transmitir en Madrid Torra, que pese a su insistencia en seguir dando pasos hacia la independencia, reiteró que en la Generalitat siguen “atornillados a la mesa de negociación”.

Fortalecer las instituciones y retomar la iniciativa

Si Torra se compromete a dar al menos alguna pista de en qué consistirá la respuesta y, llegado el día, no hay nada cerrado, toca sacarse algún conejo de la chistera. ¿Que en qué consistirá la respuesta? Pues en “fortalecer las instituciones” para “retomar la iniciativa”. Así lo dijo Puigdemont el miércoles y lo repitió Torra al día siguiente en Madrid. Lo del fortalecimiento viene a cuento de la insistencia de ERC en plantear un avance electoral que ponga fin a una legislatura que todo el arco parlamentario catalán salvo JxCat entiende que no da para más. Porque no, ese refuerzo necesario no es compatible “con las prisas electorales”, Puigdemont dixit. Si ahí tiene cabida ese improbable gobierno de concentración que también plantea ahora como opción ERC tampoco se ha aclarado.

Y, por lo que respecta a lo de retomar la iniciativa, si toca dar alguna explicación, de momento nada como parafrasear a Cruyff, como hizo Torra: “si la pelota la tienes tú, no la tienen los otros”.

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