Bosch, junto al vicepresidente catalán, Pere Aragonès, en un consejo nacional de ERC en Barcelona. Foto: EFE/EF

Quim Torra nombra un nuevo azote contra Borrell

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Tras su paso por el Congreso y el Ayuntamiento de Barcelona, ERC compensa a Alfred Bosch con la conselleria de Exteriores que deja Ernest Maragall

Iván Vila

Economía Digital

Bosch, junto al vicepresidente catalán, Pere Aragonès, en un consejo nacional de ERC en Barcelona. Foto: EFE/EF

Barcelona, 22 de noviembre de 2018 (14:06 CET)

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, ha firmado este jueves el nombramiento de Alfred Bosch (Barcelona, 1961) como conseller de Acción Exterior, Relaciones Institucionales y Transparencia, y certifica así el anunciado cambio de cromos de Esquerra al frente del departamento hasta ahora en manos de Ernest Maragall, que pasa así a centrarse en su papel de alcaldable de ERC en Barcelona, papel inicialmente reservado a Bosch, que fue apartado tras haber sido ya proclamado candidato.

Con su designación como conseller, el hasta ahora jefe de filas de los republicanos en el Ayuntamiento, que tomará posesión de su cargo este viernes, encara su tercera etapa institucional desde que se metió en política. Fue en 2011, de la mano de Oriol Junqueras, que le propuso ser el candidato de ERC al Congreso.

Organizador de la consulta independentista de 2010

Historiador especializado en África y novelista, Bosch ha exhibido desde antes de su aterrizaje en Esquerra una ferviente militancia independentista, no solo en sus colaboraciones en prensa. En 2010, se convirtió en la cara visible de la plataforma Barcelona decideix, organizadora de la consulta independentista que se celebró en la capital catalana en abril de aquel año.

Bosch ejerció de portavoz de Esquerra en el Congreso hasta que en 2014 fue designado alcaldable por Barcelona. Cumplida la misión en Madrid, fue el hombre que Junqueras usó de palanca para forzar la retirada de Jordi Portabella tras década y media al frente de los republicanos en el ayuntamiento de la capital catalana, completando así la renovación del partido.

Portabella renunció cuando Bosch se postuló y quedó claro que era la apuesta de la dirección, pero el favorito de Junqueras aún tuvo que imponerse en unas primarias a Oriol Amorós, el aspirante avalado por Portabella. Lo hizo y en los comicios de 2015 consiguió los segundos mejores resultados en Barcelona de la formación independentista, que pasó de dos a cinco concejales.

A la greña con Colau

Pero el mandato ha sido convulso para el republicano, que, pese a darle apoyo en primera instancia, acabaría por convertirse en azote de Ada Colau, con la que ha mantenido una relación convulsa, sobre todo a partir de la entrada del PSC en el gobierno municipal. Aunque la situación tampoco se recondujo tras ser expulsados los socialistas del ejecutivo, como pedían ERC y el Pdecat por considerarlos cómplices de la aplicación del 155.

A Bosch le ha costado a veces justificar algunos bandazos con aspecto de estar diseñados ad hoc para desgastar a Colau. Por ejemplo, en el culebrón de la conexión del tranvía, un asunto en el que ERC fue añadiendo nuevas exigencias a la lista de condiciones para acabar dando apoyo al plan de Colau de unirlo por la Diagonal a medida que la alcaldesa iba cumpliendo las viejas.

Tampoco hubo nunca feeling entre Bosch y el que fue su fichaje estrella en las municipales de 2015, el actor Juanjo Puigcorbé, que acabó dejando el grupo republicano para ejercer de concejal no adscrito tras un agrio enfrentamiento. Pero el enfrentamiento que realmente pesó a la hora de que el partido decidiera prescindir de él fue el que mantiene con Colau, con la que ahora toca explorar puntos de encuentro que en Esquerra entienden que será más fácil engrasar con Maragall que con Bosch al frente del grupo municipal.

Acción Exterior como desagravio

El historiador, pese a su intención decidida de seguir en el Ayuntamiento y a la patada que le dio la dirección del partido tras ganar sus terceras primarias, por primera vez, sin oposición, optó por agachar las orejas y encajar el varapalo sin hacer ruido. La conselleria de Acción Exterior es la compensación que le ha reservado Esquerra por ese disciplinado acatamiento.

Ahora, pasará de tener enfrente a Colau a batirse el cobre con Josep Borrell, un azote de independentistas mucho más alejado de sus postulados, y mucho más bregado en la arena política, que la alcaldesa. Claro que, con el ministro de Exteriores, no entra en el guión que de momento nadie le pida a Bosch que suavice la relación.

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