Celestino Corbacho junto a Albert Rivera en la precampaña de las últimas elecciones generales

Rivera promete un cargo al agente doble Corbacho

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Rivera culmina una operación política con tres frentes: los deseos del 'establishment' en Barcelona, la marejada en Ciudadanos y los favores personales

Marcos Pardeiro/Iván Vila

Celestino Corbacho junto a Albert Rivera en la precampaña de las últimas elecciones generales

Barcelona, 19 de junio de 2019 (04:55 CET)

Albert Rivera completó este martes junto a Celestino Corbacho una operación que reúne todos los elementos de la intriga política. Una operación enmarcada en la crisis interna de Ciudadanos, desencadenada la política de pactos establecida por Rivera, que ha culminado con una sorpresiva maniobra de Corbacho, metido en la piel de agente doble.

En sólo 48 horas, Corbacho —exalcalde de L'Hospitalet (PSC) y exministro del PSOE— ha pasado de alinearse con Manuel Valls y de votar la investidura de Ada Colau a romper con el exprimer ministro de Francia. Dicho de forma más clara: ha pasado de ir de la mano de Valls contrariando las instrucciones de la dirección de Ciudadanos (que vetó a Colau) a soltarse de la mano y salir corriendo a los brazos de Rivera.

¿Qué ha pasado? "Corbacho ha recibido muchas presiones, igual que mucha otra gente, para hacer alcaldesa a Colau y para cerrar el paso a ERC. Ya ha cumplido y tiene las manos libres", explican fuentes que han seguido en primera línea la política en Barcelona.

La línea entre Rivera y Corbacho

La decisión de Valls de regalar sus votos a Colau, anunciada sólo 48 horas después de las elecciones, escoció a Rivera, muy distanciado del exprimer ministro de Francia pero no de Corbacho, con quien ha mantenido hilo directo.

Rivera optó por esperar a que Valls consumara el pasado sábado la entrega de sus votos a Colau para satisfacción del establisment barcelonés y catalán, conforme con que la alcaldesa se viera condicionada por el PSC y por el exprimer ministro.

Investida Colau, Rivera movió pieza. Recuperó a Corbacho para su causa, rompiendo así el precario grupo de Valls de tres concejales y dejándolo en dos. Todo ello sin que el exdirigente del PSC diera una sola explicación pública de sus idas y venidas. Lo único que se sabe de él es que ha blandido su condición de "independiente" para justificar sus volantazos.

¿Qué precio han tenido? Las fuentes consultadas lo tienen claro: "Se ha llevado la promesa de un cargo, quizás en la Diputación de Barcelona, al frente del grupo de Ciudadanos". (Las negociaciones en la Diputación, dicho sea de paso, también merecen interés)

El entorno de Valls

En las filas de Valls interpretan que Rivera se ha movido, intencionadamente, después de la investidura de Colau, y no antes. “Prefirieron que les hiciéramos el trabajo sucio”, concluyen en el entorno de Valls. Subrayan que si los tres votos independientes de Barcelona pel Canvi —la plataforma de Valls— no hubieran ido a Colau, hoy sería alcalde Maragall y esto habría dejado a Rivera “con las vergüenzas al aire”.

La operación Corbacho avala esta tesis: si Rivera hubiera formalizado una ruptura que se daba por hecha desde hace semanas y el cambio de tercio del exministro se hubiera producido antes de la investidura, difícilmente Corbacho habría votado a favor de Colau. En consecuencia, Maragall habría sido elegido alcalde automáticamente como líder de la lista más votada.

Las mismas fuentes sostienen, en este sentido, que Rivera ha usado a Colau como "coartada" para formalizar un divorcio con Valls que estaba cantado por otros motivos. “La ruptura se ha producido por nuestra posición respecto a Vox, porque a Rivera no le gusta tener a nadie que le haga de Pepito Grillo y porque salen voces pidiendo que Valls sustituya a Rivera al frente de Cs”, explican.

Estas mismas fuentes, que añaden a la batería de causas que han precipitado el fin de la relación el tirón de orejas del presidente francés, Emmanuel Macron, a Rivera, destacan igualmente el impacto que han tenido dos manifestaciones públicas: la del mentor político del líder de Cs, Francesc de Carreras, que discrepó de su política de pactos, y la del periodista Arcadi Espada, que pedía el domingo al ex primer ministro francés que e disputara a su antiguo protegido el liderazgo de la formación.

Ni es lo mismo ni es igual

Ante estas críticas, Rivera ha optado por atrincherarse y por demostrar que mantiene el mando en Ciudadanos. Tras el fiasco con Valls, el exsocialista que fue alcalde (Evry), Rivera prueba con otro exsocialista que también fue alcalde y que acabó arrinconado en su partido. Ni es lo mismo ni es igual, que diría el filósofo. Pero no se puede tener todo. 

 

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