Sánchez, a la desesperada para evitar nuevas elecciones

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La reunión a tres fracasa, pero los socialistas insisten en pactar con Ciudadanos y pedir la abstención de Podemos para "echar a Rajoy"

Pablo Iglesias, Pedro Sánchez y Albert Rivera durante la gala de los premios Goya. / EFE

Barcelona, 08 de abril de 2016 (01:00 CET)

La esperanza es lo último que se pierde. Pedro Sánchez aún conserva la ilusión de poder formar un nuevo Gobierno con Ciudadanos y Podemos. Es lo que se ha dado en llamar la vía del 199. Es decir, de la suma de los 90 diputados del PSOE, los 69 de Pablo Iglesias y los 40 de Albert Rivera. Una mayoría que permitiría desalojar a Mariano Rajoy de La Moncloa, evitar la repetición de las elecciones y hacer a Sánchez nuevo presidente español.

Pero este plan es casi imposible. El jueves se reunieron en el Congreso los tres partidos. No acudieron al encuentro ni Sánchez ni Rivera, que enviaron a sus segundos de abordo. Antonio Hernando, portavoz del PSOE, acudió en representación de los socialistas y José Manuel Villegas, por Ciudadanos. Sí se presentaron Iglesias y su portavoz, Íñigo Errejón, pese a que ambos andan ahora distanciados.

Un acuerdo imposible

La reunión sólo sirvió para reiterar que un acuerdo entre Ciudadanos y Podemos es imposible. Los de Rivera son liberales. Los de Iglesias, neocomunistas. Las posibilidades de que se entiendan son nulas. Ciudadanos quiere reducir impuestos y minorar el gasto público. Podemos plantea incrementar en 63.000 millones de euros la inversión estatal y aumentar la presión fiscal.

A finales de febrero, Sánchez y Rivera llegaron a un acuerdo que anunciaron a bombo y platillo y que llegaron a calificar de "histórico". Es un pacto de 200 puntos por el que se apuesta por eliminar las diputaciones provinciales, no subir los impuestos, cambiar la ley electoral o reformar la justicia. Pero ese acuerdo no deja de ser papel mojado, porque socialistas y Ciudadanos suman 130 diputados y la mayoría absoluta en el Congreso se sitúa en 176 parlamentarios.

Última posibilidad

Así que, con esa propuesta en la mano, los nuevos socios se lanzaron a buscar más apoyos. Los socialistas tiraron hacia Podemos. Los Ciudadanos, hacia el PP. Pero Sánchez no quiere ni oír hablar de los populares. Su intención es la de echar a Rajoy y su única oportunidad de conseguirlo, pactar con Pablo Iglesias.

Un pacto que se puede articular por dos vías. La primera: que Podemos se incorpore a ese gobierno de 199. La segunda: que Podemos se abstenga en una nueva sesión de investidura de Pedro Sánchez. Esa es, hoy por hoy, la opción preferida de los socialistas, pues con esos 130 diputados que reúnen PSOE y Ciudadanos se impondrían a los 123 del PP, pero es una vía que también entraña dificultades, ya que requeriría del apoyo o la abstención de alguno de los grupos minoritarios.

Una alternativa espinosa

¿Le dará Podemos el gobierno de España a Sánchez para que haga políticas liberales junto a Ciudadanos? Esa es la gran pregunta. La respuesta no se conocerá hasta este viernes, porque Iglesias rechazó dar la correspondiente rueda de prensa tras la reunión y la aplazó hasta este viernes por la mañana. Pero ya casi nadie espera que los podemitas cedan.

A Sánchez le queda otra opción: olvidarse de Ciudadanos, pactar con Podemos y buscar el apoyo de los independentistas catalanes y los nacionalistas vascos. La reunión secreta, luego desvelada, que mantuvieron Sánchez y el líder de ERC, Oriol Junqueras, iba encaminada a eso, a tratar de ver por dónde respiran los republicanos. Junqueras dejó claro que no se mezclará con nada que tenga que ver con Ciudadanos, aunque no se cierra a permitir una gran coalición de izquierdas que dé el visto bueno al derecho a decidir.

La coversación pendiente con el PP

Es improbable, por no decir imposible, que los barones socialistas consientan que Sánchez permita un referéndum independentista en Cataluña a cambio de ser presidente de España. Además, en el PSOE tienen muy claro que Ciudadanos ha sido el único partido que les ha apoyado y no piensan dejarlo en la estacada.

Y mientras, los de Rivera intentan convencer al PP y a Sánchez de que hablen, porque todavía ven posible que sean los populares quienes se sumen a su famoso pacto de los 200 puntos. Pero Mariano Rajoy no tiene ninguna intención de permitir un gobierno del que él no sea presidente al considerar que ese es su derecho después de haber ganado las elecciones.

El tiempo apremia

Todo este lío tiene que resolverse en menos de un mes. El 2 de mayo acaba el plazo legal para que los partidos con representación en el Congreso formen un nuevo gobierno. Si no lo hacen, se convocarán elecciones de forma automática para finales de junio. Nadie quiere que se repitan los comicios, pues eso supondría un gran desgaste de toda la clase política ante la opinión pública. Además, las urnas arrojarían un resultado similar al actual, según apuntan las encuestas, por lo que el problema se perpetuaría.

Puede que en las próximas semanas unos y otros acerquen posiciones, pongan nuevas condiciones o traten de buscar otras vías para evitar esas elecciones tal y como ocurrió en Cataluña, donde las negociaciones se desbloquearon el mismísimo día en que se acababa el plazo para una nueva convocatoria con la decisión de Artur Mas de dar un paso atrás y renunciar a ser de nuevo presidente de la Generalitat.
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