Santiago Carrillo, el histórico dirigente comunista, fallece a los 97 años

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Fue uno de los artífices de la Transición, en detrimento de las expectativas electorales del PCE

Santiago Carrillo, histórico dirigente del Partido Comunista de España

18 de septiembre de 2012 (21:49 CET)

El histórico dirigente comunista Santiago Carrillo ha muerto este martes en su casa de Madrid a los 97 años. El político había sufrido en la última semana un empeoramiento en su estado de salud, después de que en los últimos meses tuviera que ser hospitalizado en diversas ocasiones. El jueves será incinerado en la Almudena de Madrid.

Carrillo fue secretario general del PCE de 1960 a 1982 y uno de los artífices de la transición española. Ya en democracia, compatibilizó su clara militancia republicana con su admiración por el Rey, con quien mantenía una excelente relación.

En la biografía de Santiago Carrillo se integran los grandes acontecimientos que han marcado el pasado siglo en España. Vivió la guerra civil como consejero de Orden Público y miembro de la Junta de Defensa de Madrid, huyó al exilio en 1939, participó en los pactos de la Moncloa y fue uno de los tres políticos que durante el golpe de estado del 23-F permaneció en su escaño, desobedeciendo las órdenes del coronel Tejero, junto a Adolfo Suárez y Gutiérrez Mellado.

Sin embargo, entre los capítulos más oscuros de su vida, figura los asesinatos de Paracuellos. Carrillo siempre defendió que fue obra de descontrolados, aunque admitió que, de alguna forma, fue corresponsable de los hechos.

Pero Carrillo será siempre recordado por ser uno de los pilares de la Transición. Y, aunque contribuyó de forma decisiva a la recuperación de la democracia, fue víctima de ella, porque nunca consiguió un resultado electoral como máximo dirigente del PCE acorde con sus expectativas.

Pertenecía a una generación del pasado, representaba la lucha antifranquista desde el exilio, y el conjunto de los españoles dio paso a una nueva generación de dirigentes políticos que representó Felipe González en 1982.

Carrillo unió su destino al primer presidente de la democracia, Adolfo Suárez, y los dos acabaron apartados cuando la democracia comenzó a consolidarse.

Carrillo determinó la Transición, posibilitando la reconciliación entre los españoles, al renunciar a la bandera republicana y aceptar la monarquía en manos de Juan Carlos I. Pero, al mismo tiempo, sacrificó las posibilidades del PCE, el llamado “partido” por excelencia, el único que había plantado cara desde la clandestinidad, al franquismo.
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