Santos y las FARC dan una segunda oportunidad a la paz

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El gobierno de Colombia y la guerrilla firman un nuevo acuerdo para poner fin a la guerra civil

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, en una imagen de archivo / EFE

Barcelona, 13 de noviembre de 2016 (10:16 CET)

Colombia vuelve a apostar por la paz tras 52 años de una guerra civil que ha causado más de 220.000 muertos y millones de desplazados. El gobierno de Juan Manuel Santos y la cúpula de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) han llegado a un nuevo acuerdo el sábado por la noche, tras el rechazo del anterior tratado en las urnas por un estrecho margen.

Tras dos semanas de negociaciones en La Habana, el acuerdo incorpora varias de las demandas que exigían los partidarios del 'no'. Con el pomposo nombre de "Nuevo Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera", fue firmado por los jefes de los equipos negociadores, Humberto de La Calle por el Gobierno e Iván Márquez por las FARC, en presencia de los países garantes Cuba y Noruega.

Todavía el texto no es público, y no se conoce si será refrendado por la población por medio de una nueva votación popular, o si bastará su ratificación por el parlamento colombiano.

Los principales cambios del nuevo acuerdo

Los contrarios al acuerdo inicial, encabezados por el ex presidente Álvaro Uribe, presentaron alrededor de 400 propuestas para modificar el texto original. Muchos cambios tienen relación con la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP, el sistema de justicia transicional prevista en los acuerdos), donde se precisan las reglas y las restricciones a la libertad que tendrán los guerrilleros condenados por la justicia colombiana.

También hay cambios en la redacción sobre el enfoque de género, tema que despertó los rechazos de grupos ultra conservadores y de sectores religiosos, sobre todo evangélicos, que tienen un peso muy grande en las comunidades rurales y de ciudades pequeñas colombianas.

Pero los negociadores no han podido acordar una nueva postura sobre la posible participación política de los jefes guerrilleros, un punto que para el 'no' era imprescindible.

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