UGT y los funcionarios de la Generalitat dan los primeros pasos para crear un sindicato vertical

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Junqueras trata de convertir a la UGT en un sindicato de inspiración corporativa. La nueva entidad arrancaría en la planificada Hacienda catalana

Carles Puigdemont saluda a Camil Ros, secretario de la UGT de Cataluña

Barcelona, 08 de mayo de 2016 (01:00 CET)

El sindicalismo del futuro será corporativo. En el ocaso de los sindicatos de clase, la UGT de Cataluña está acelerando el paso a través de la Función Pública dispuesta a levantar un sindicato institucional, siguiendo el modelo alemán. La pelota está ahora en el Departamento del vicepresidente económico, Oriol Junqueras, que trata de forjar la Hacienda Tributaria de Cataluña, la primera estructura de Estado con prioridad por parte del Ejecutivo.

Hacienda aplica ya este modelo, con la ayuda del secretario general de UGT de Cataluña, Camil Ros, y la colaboración de la vicepresidenta Neus Munté o la consejera Dolors Bassa, ambas ex altos cargos de la central de inspiración histórica socialista.

El armado de la estructura corporativa

Munté recoge el fruto de años de renacionalización de la histórica UGT en manos de Josep Maria Álvarez, hoy secretario general de la confederal en España. Hacienda de la Generalitat ya ha pactado con UGT que nueve de sus trece enlaces sindicales de la Agencia Tributaria de Cataluña sean de UGT Girona (feudo de Bassa), lo cual prefigura ya en este Departamento una estructura corporativa más cercana al Sepla de los pilotos, a los sindicatos amarillos y a las organizaciones verticales.

Los dirigentes de UGT están dispuestos a aplicar esta doctrina que dejaría a CCOO como el único eje del sindicalismo de clase y de la concertación con los agentes sociales, centrales y patronales (Fomento del Trabajo y CEOE).

En todo caso, Comisiones está amparada hoy por una mayoría de representantes en la Función Pública, sin olvidar que el secretario general de la CONC (Comissió Obrera Nacional de Catalunya), Joan Carles Gallego se hizo invencible en la sectorial de funcionarios. Fue esta federación la que llevó en volandas a su actual cargo, en sustitución de Joan Coscubiela.

El retorno de viejas disputas

El paso al frente de UGT reverdece viejas polémicas en el sindicalismo catalán, en los años de la II República y de la Guerra Civil, especialmente la creación del Partido Sindicalista de Ángel Pestaña (fue secretario general de CNT) que quiso alejarse del modelo partidista PSOE-UGT y del perfil marxista de otros sindicatos.

Las peleas sindicales han sido el germen de las tendencias mayoritarias en la izquierda catalana. La memoria no muere nunca: Ada Colau, tiene en su despacho un retrato de Federica Montseny, líder libertaria de la CNT y de la FAI; mientras que el referente de Anna Gabriel, la dura de la CUP, es Joan Garcia Oliver, el gran anarcosindicalista.

Ambas lideresas vindican la plenitud de la lucha, pero conviene no olvidar que el frentismo de CNT se convirtió en el lastre de lamentables resultados, cuyas consecuencias desmontan cualquier argumento favorable por conmiserativo que este sea.

¿Vuelve el verticalismo sindical?

La tradición pesa. UGT es, por su alto nivel de encaje en los aparatos políticos, el sindicato más preparado para abordar el modelo institucional. La Generalitat quiere lanzar una prueba piloto en la Función Pública que avanzaría hacia la filiación obligatoria y el traspaso de funciones administrativas –los pasivos de la Seguridad Social en los tambores sindicales al uso- a la nueva gran central corporativa.

El experimento duele especialmente en los centros de análisis del mundo del sindicalismo de clase porque, si bien se viste como una aplicación del eficiente modelo alemán, en su seno aletea el verticalismo organizativo de los años del hierro.

La influencia del catalanismo

Así como la tradición interclasista y pactista del viejo PSUC ha provisionado al nacionalismo (con ejemplos como Mas-Colell o Marcarell, entre otros), ahora, Carles Puigdemont vive rodeado de los Romeva, Toni Comín o Munté. En la catalanización de UGT y en su sumisión institucional, algunos ha querido ver un nuevo impulso del Catalunya endins (la formulación política de Enric Prat de la Riba) por el lado de la concertación, en tanto que palanca económica de primer orden.

Sí, el pasado pesa. Pero las estructuras de Estado del periodo noucentiste jugaron siempre con los límites de su tiempo, algo que no cuenta por lo visto para Junqueras y Puigdemont.

En el fondo de la institucionalización de los sindicatos late un primer paso mucho más apremiante: la inevitable fusión entre UGT y CCOO. 

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