El presidente del PP, Pablo Casado, en un acto en Albacete en diciembre. EFE/Manu
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El portavoz del PP en el Parlamento Vasco se desentiende de la cúpula del partido y pide marcar distancias con Abascal y su "mercadeo populista"

Barcelona, 03 de enero de 2019 (16:01 CET)

La irrupción de Vox en la arena política ejerciendo además el papel de pieza clave para facilitar el cambio de gobierno andaluz se está convirtiendo para el PP y Cs en una patata caliente cada vez más difícil de gestionar. Ambos necesitan sus votos para asegurar un relevo en la Junta de Andalucía que si no se da podría precipitar unos nuevos comicios, pero a la vez lo perciben como una amenaza creciente para el granero de votos que tienen más a su derecha.

El partido de Albert Rivera ya había evidenciado esa incomodidad. Pero en el PP, más allá de plantearse una redefinición estratégica para competir en ese flanco, se afrontaba una eventual negociación con los de Santiago Abascal sin demasiados prejuicios. Al menos, expresados públicamente. La cosa ha cambiado en las últimas horas y ya hay voces que públicamente piden desde dentro del partido cortar por lo sano.

La espoleta ha sido la condición que la formación ultraderechista, crecida tras los halagüeños pronósticos que le reservan las encuestas, ha exigido para avalar la investidura del  candidato del PP a presidir la Junta, Juan Manuel Moreno: la retirada de las medidas contra la violencia machista pactadas por los populares y Cs en el plan de gobierno.

Así, mientras el secretario general del PP, Teodoro García Egea, trataba este jueves de contemporizar y, a la vez que rechazaba tocar esas medidas, insistía en que su partido negociará con Vox para arrancar la legislatura en Andalucía, el portavoz de los populares en el Parlamento Vasco, Borja Sémper, se mostraba contrario a acordar nada con los de Abascal, ni en Andalucía ni en el conjunto de España, donde el PP también ha abierto la puerta a establecer acuerdos si finalmente la formación de extrema derecha llega a las instituciones.

Sémper aboga por un cordón sanitario con Vox

Sémper, entrevistado en Radio Euskadi, se postuló a favor de aplicar un cordón sanitario. A su juicio, el PP debería poner tierra de por medio con Abascal porque su partido "rompe los grandes consensos de estabilidad, pacto constitucional y concordia nacional". "El PP debe buscar el entendimiento con otras formaciones con las que comparte esos principios, y debe tener claro que debe alejarse de ese partido populista" en lugar de competir por ver quién tiene la bandera "más grande".

Sémper, que en las primarias del pasado verano para dirimir la presidencia del PP se alineó con Soraya Sáenz de Santamaría, se significa de ese modo en contra de la línea seguida por Pablo Casado, al que ya criticó abiertamente durante aquel proceso de renovación de la cúpula de los populares. E

El líder de los populares vascos alegó que si finalmente Vox quiere sumarse al acuerdo ya suscrito entre PP y Cs en Andalucía y dar apoyo a la investidura, "bienvenido sea", pero eso no significa, precisó, que pueda condicionar las políticas en Andalucía, y mucho menos en una materia tan sensible y extraordinariamente importante como es la violencia de género", un "drama" con el que "no se puede jugar" al "mercadeo populista" al que a su juicio está abonado Vox.

Garrido sitúa a Abascal en el centroderecha

En el otro extremo se sitúa el presidente de la comunidad de Madrid, Ángel Garrido, que se limitó a ser paternalista con Vox por tratarse de una formación todavía falta de "experiencia" y que, respecto de las exigencias de los de Abascal sobre las medidas contra la violencia de género, les recomendó ser "muy cuidadosos en qué quieren decir y en cómo lo dicen", según informa EFE. Pero, consejos aparte, Garrido dijo que si necesitara formar un gobierno de coalición en Madrid, trataría pactar con grupos de centroderecha, que es donde dijo que "obviamente estaría Vox, si tuviera representación" en Madrid.

Más cauteloso se mostró el presidente del PP en Cataluña, Alejandro Fernández, afín a Casado pero que este jueves optó por no mojarse, en vista de lo revueltas que bajan las aguas. Fernández alegó que los andaluces "votaron cambio" y que, por tanto, lo normal sería que este fructificara, pero remarcó que el asunto no es competencia suya y expresó su "confianza" en lo que decida el PP de Andalucía. "Bastantes problemas tengo en Cataluña como para meterme en las negociaciones en otras comunidades autónomas", zanjó. 

García Egea nada y guarda la ropa

El de Sémper es un tono muy distinto al marcado por García Egea, que, en declaraciones a RNE, alegaba, respecto a las medidas que Vox exige retirar, que la lucha contra la violencia, con independencia de dónde venga y contra quién se ejerza, debería unir a todos los diputados andaluces, y que Abascal se equivocaría si hiciera de esa una cuestión "nuclear".

Pese a todo, el número dos de Casado insistió en que, "más allá de cuestiones programáticas sobre si falta una coma en un documento", el PP tiene la misma buena disposición a negociar con Vox que ha tenido para hacerlo "con otros partidos en otras regiones y como habrá seguramente en el futuro". García Egea recordó, a ese respecto, que PP y Cs suman 47 diputados en el Parlamento andaluz, y para que una ley prospere en la cámara precisaría de 59, por lo que los 12 escaños de la extrema derecha son fundamentales.

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