Albert Rivera en el Congreso de los Diputados, el 12 de septiembre de 2018. Foto: EFE/JCH

El pacto con Vox complica la carrera electoral de Albert Rivera

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El PSOE se lanza en tromba contra Ciudadanos por el acuerdo en Andalucía, mientras Manuel Valls se apresura a marcar líneas rojas: veto al pacto de gobierno

Barcelona, 28 de diciembre de 2018 (04:55 CET)

2018 no ha sido un año sencillo para Albert Rivera. El joven dirigente tuvo que recalcular su estrategia en junio después de que triunfara la moción de censura de Pedro Sánchez. Rivera se quedó de golpe sin su villano favorito: se quedó sin la figura de Mariano Rajoy, que tantas veces pasaba por pusilánime en contraste con la vigorexia política del líder de Ciudadanos.

Pero Rivera, infatigable, comenzó a fajarse contra Sánchez después de varias semanas descolocado. Puso en circulación el concepto de sanchismo para distinguir las veleidades del presidente del Gobierno de la postura "sensata" de otras voces del PSOE. Y completó el viraje estratégico anunciando en el mes de septiembre algunos fichajes en terreno socialista: primero el de Celestino Corbacho y luego el de Manuel Valls.

Ciudadanos había resuelto su nuevo rumbo confiando en una de sus especialidades: ser un quebradero de cabeza para los socialistas. Lo comenzó siendo en Cataluña en 2006 y lo ha acabado siendo en el conjunto de España. Sería imposible explicar el empequeñecimiento del PSOE sin las dentelladas de Ciudadanos, que nunca ha sentido complejos en reivindicar a los dirigentes socialistas de su gusto.

Nuevos problemas

Pero el mapa andaluz y, en concreto, la irrupción de Vox en las instituciones bendecida de alguna forma por Ciudadanos ha puesto en dificultades a los de Rivera. El flanco centrista que pretende adjudicarse Ciudadanos ha quedado expuesto y el PSOE se ha lanzado en tromba para intentar recuperar algo del terreno perdido durante estos años.

Así se explica el ataque coordinado de los dirigentes del PSOE de este jueves para denunciar el pacto alcanzado entre PP, Ciudadanos y Vox para tomar el control de la Mesa del Parlamento andaluz, el primer paso antes de expulsar definitivamente a los socialistas del mando de las instituciones andaluzas.

Dirigentes del PSOE en toda España se acompasaron para colocar a Ciudadanos contra las cuerdas. Lo hicieron desde gobiernos autonómicos, desde federaciones del PSOE de toda España y desde todas las instituciones a su alcance. "Son la alfombra naranja de la ultraderecha", dijo, por ejemplo, el portavoz del PSOE en el Senado, Ander Gil. El bombardeo fue continuo y los protagonistas casi incontables: José Luis Ábalos, María Jesús Montero, Ximo Puig, Rafael Simancas y un largo etcétera.

Las líneas rojas de Manuel Valls

Pero el problema no procede sólo de las filas socialistas para Ciudadanos. En su propia casa también hay dificultades y nadie las representa mejor que Manuel Valls, el verso libre de Ciudadanos para las elecciones municipales de Barcelona.

"Todo acuerdo programático o de gobierno con Vox sería un error político y una incongruencia moral. Sería incompatible con los valores europeos que muchos de nosotros defendemos", se apresuró a dejar por escrito el alcaldable.

En medio del desconcierto, Ciudadanos trató de mantener el tipo: "En la foto de nuestros pactos de gobierno con el PP en Andalucía no ha entrado ningún otro partido", subrayó el portavoz de Ciudadanos en el Parlament de Cataluña, Carlos Carrizosa.

El PP observó la situación con enorme tranquilidad, incluso con satisfacción. Ninguno de sus dirigentes mostró el menor complejo en defender el pacto con Vox y Ciudadanos y en defender ese mismo esquema para recuperar el Gobierno de España.

 

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