Zapatero junto a Nicolás Maduro en una imagen de 2018

Zapatero lava la imagen de Delcy Rodríguez: “Es guapísima y lista"

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Interlocutores que participaron en las mediaciones de Zapatero en Venezuela fueron testigo de las adulaciones del expresidente a la mano derecha de Maduro

Madrid, 12 de febrero de 2020 (12:16 CET)

No queda rastro de aquel José Luis Rodríguez Zapatero que fue llamado a finales de 2013 para actuar como un mediador equidistante entre el régimen de Nicolás Maduro y la oposición venezolana. Aquel Zapatero pasaba por ser un interlocutor cuyo único interés era forzar al régimen de Venezuela, plenipotenciario en el país sudamericano, a unas elecciones con garantías para todas las partes. Seis años más tarde, su posición es muy distinta.  

Las críticas de Zapatero hacia la oposición venezolana se disparan en la misma medida en que crece su férrea defensa no sólo hacia el régimen chavista, en abstracto, sino a sus dos principales representantes: Nicolás Maduro y Delcy Rodríguez.

La vicepresidenta de Maduro, que se reparte el poder junto con su hermano Jorge Rodríguez, sufre un acoso público y masivo en las redes sociales. Los anónimos, los enemigos acérrimos de la dictadura, esparcen un corrosivo sobrenombre: “Delcy, la fea”.

El ataque a su aspecto, sin ninguna relación respecto la forma cómo maneja el poder, llegaba a incendiar las reuniones de mediación entre en chavismo y la oposición en las que, ya entrado en 2017, Zapatero fungía como relator y mediador.

“Jorge (Rodríguez) llegaba de muy mal humor cada vez que en las redes sociales se atacaba a Delcy 'por fea’. Entonces, Zapatero intentaba calmar los ánimos y no dejaba de repetir, en público y en privado, que Delcy era ‘guapísima y listísima’”, explica uno de los negociadores residentes en Venezuela que trató directamente con Zapatero en las reuniones dirigidas a consensuar un proceso electoral pactado entre el chavismo y la oposición, que nunca fructificó.  

El idilio de Zapatero con Delcy y Maduro

Decía Oscar Wilde que la belleza está en el ojo del espectador. Y para Zapatero era Delcy, la guapa; Delcy la culta; y Delcy la lista. Y el idilio es correspondido. Delcy lo ha llamado en público “mi Príncipe”, un vocablo usado por las madres venezolanas hacia sus hermosos e inteligentes hijos pequeños.

Durante los últimos meses, Zapatero también ha elogiado al jefe de Delcy, Nicolás Maduro. En público y en privado. El expresidente del Gobierno ha asumido como propias las tesis del chavismo: Maduro no es un dictador ni tiene esa vocación de vivir rodeado de comodidades.

“Vive en una casa sin nada de lujos. Es, más bien, un sitio cutre”, repetía una y otra vez Zapatero a los líderes opositores con los que conversaba en los tiempos en los que tenía el aval de ambos grupos para servir como mediador. Ahora, sólo puede conversar con el chavismo.

Rara vez aborda Zapatero el drama de los 5 millones de desplazados venezolanos

Zapatero parecía difundir la idea entre la oposición de que Maduro es un hombre humilde, sin grandes ambiciones. La imagen, que no resultaba creíble para sus interlocutores, choca con la vida de lujos y desenfreno que los hijos de los altos jerarcas del chavismo exhiben, sin pudor alguno, en las redes sociales.

El expresidente presume de haber viajado 39 veces a Venezuela. Y, por tanto, asegura conocer muy bien la situación. Explica que la realidad los medios de comunicación en España en relación con el drama venezolano es producto de la exageración de los periodistas españoles.

El expresidente raramente aborda el drama de los cinco millones de desplazados venezolanos que huyen del hambre y la miseria y minimiza las torturas denunciadas por otra expresidenta socialista, Michelle Bachelet, en su informe de Derechos Humanos elaborado para la ONU. Tan sólo suele referirse al casi millar de presos políticos para resaltar que logró liberar, gracias a su mediación, a un puñado de ellos.

Pero eso forma parte de sus hazañas pasadas. Zapatero, que quiso pasar a la historia como el gran pacificador de España, acude ahora a Venezuela de urgencia, cuando el chavismo ha disparado las alarmas por la reciente gira internacional de Juan Guaidó, que fue recibido por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Zapatero, el petróleo y el eje Moscú-Caracas

Ahora, Zapatero avala que Maduro puede ser considerado también como presidente legítimo. Sólo él y el ministro de Exteriores de Vladimir Putin, Serguéi Lavrov, han visitado Caracas estos días en los que Guaidó era recibido por los presidentes y primeros ministros de América del Norte y las principales potencias europeas, salvo España.

Seis años separan a los dos Zapateros. Al que acudía a Venezuela sin conocer en profundidad su conflicto y el que ahora defiende al régimen de Maduro de las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea.

En esos seis años, el expresidente de Petróleos de Venezuela, Rafael Ramírez, el hombre que durante una década presidió la industria petrolera y que fue mano derecha de Hugo Chávez, lanzó una declaración ponzoñosa para explicar el cambio de rumbo. En octubre de 2018, Ramírez atacó al expresidente socialista.

La sombra de las adjudicaciones petrolíferas se extiende sobre Zapatero

"Zapatero ha recibido proyectos en la Faja (petrolera del Orinoco), de allí viene su apego a la democracia y al diálogo”, explicó Ramírez que acusó al expresidente de ser lobista de “unos españoles de apellido Cortina, que han recibido el contrato de un proyecto en la Faja”.

Ramírez, ahora en franca confrontación con Maduro, se refería a Alfonso Cortina, ex presidente de Repsol. Cortina ha sido señalado de estar al frente de Inversiones Petroleras Iberoamericanas, a la que se concedió la explotación del bloque Junín 10 en la Faja del Orinoco, de acuerdo con las investigaciones adelantadas por el Parlamento venezolano, en manos de la oposición venezolana. Ramírez también ha acusado a Delcy de repartir contratos petroleros como si el petróleo del país le perteneciese.

Pero, para defenderse de esos ataques, Zapatero reitera que, en Venezuela, sólo lo mueve su deseo firme por evitar una guerra civil y por convocar a los venezolanos a unas elecciones pactadas entre ambas partes. Y parte de ese trabajo consiste en mantener inmejorables relaciones con Nicolás Maduro, el austero, y con Delcy Rodríguez, la “guapísima”, la “listísima”.

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