La imposible bajada de la luz anunciada por el Gobierno: pagarán los clientes

Teresa Ribera pretende repercutir el coste de las renovables en las compañías energéticas, pero éstas lo trasladarán a sus clientes

La bajada de la luz del 13%, decidida este martes por el Gobierno, es un brindis al sol. Así han coincidido varias compañías energéticas y fuentes cercanas al ejecutivo consultadas por Economía Digital. Lo es porque el anuncio a bombo y platillo es solo el inicio de un largo y tortuoso camino y porque el hachazo que supone a las empresas, terminarán trasladándolo a sus clientes.

El ministerio para la Transición Ecológica, que comanda la vicepresidenta cuarta del Ejecutivo, Teresa Ribera, ha decidido quitar de la factura de la luz la parte fija dedicada a pagar los costes de las renovables, unos 7.000 millones al año. Con ello, el recibo bajaría ese 13% anunciado.

El problema está en cómo se distribuye ese sacrificio, porque el dinero para pagar esos 7.000 millones tienen que salir de algún sitio. El Gobierno está diseñando un sistema para que paguen las propias empresas energéticas, con mayor sacrificio para las petroleras –con Cepsa y, sobre todo, Repsol como afectadas– y las gasísticas –principalmente Naturgy– que para las eléctricas.

El Gobierno no ha comunicado sus planes a las energéticas, pero avisan de que la bajada de la factura no será real

Pese a que todavía no se conoce el reparto por empresas –al menos, a ellas no se le ha comunicado– y queda mucha negociación por delante pues lo que aprobó el martes el Consejo de Ministros es un anteproyecto de ley, se da por hecho que lo que subirá será el precio de la gasolina y el gasóleo. Pero no será lo único.

Varias fuentes del sector energético han explicado a este medio que lo normal es que terminen trasladando esos costes al precio de sus productos. Y como tanto el mercado de los carburantes como el del gas y el de la electricidad tienen ya un alto grado de liberalización, pueden hacerlo.

La conclusión es que si se terminan quitando estos costes fijos de la factura, pueden terminar trasladándose por otra vía, como el precio del kilowatio. Pero también se trasladará a la del gas y al precio de la gasolina y el diésel, que podrían subir en 6 o 7 céntimos el litro, según los cálculos del sector. Dependerá, en cada caso, del margen que tengan para ello y de si la competencia del mercado lo permite.

Un largo camino parlamentario para aprobar la bajada de la luz

Por tanto, serán los propios consumidores los que pagarán esa bajada del precio de la electricidad, sea cuando enciendan la luz, el agua caliente o el coche. Eso si se aprueba, pues en el sector son muy prudentes, ya que además de que no conocen el anteproyecto, creen que no será fácil que se apruebe.

Con las discrepancias en el seno del Gobierno y las débiles mayorías parlamentarias con las que cuenta, el cambio en la factura de la luz puede tardar años en ser una realidad. Como ejemplo ponen el impuesto al diésel, del que se habla desde que llegó Sánchez a la Moncloa y todavía no se ha aplicado.

Además, la medida ha generado otra batalla entre ministros del PSOE, en este caso Ribera, y los de Podemos. Los de Pablo Iglesias quieren que se comprometa a que lo terminarán asumiendo las compañías energéticas y que se las obligue a no cortar el suministro a las familias vulnerables.