Un usuario de The Pirate Bay ondea una bandera de la web pirata durante un juicio en 2009. Foto: CC0 (dominio público)
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La sobreoferta de streaming y rivales de Netflix genera un efecto inesperado: las descargas piratas y los servicios sin coste reputan

Alessandro Solís

Economía Digital

Un usuario de The Pirate Bay ondea una bandera de la web pirata durante un juicio en 2009. Foto: CC0 (dominio público)

Barcelona, 04 de octubre de 2018 (13:42 CET)

La transformación de Netflix de un servicio de alquiler de películas a una plataforma de streaming fue una de las primeras reacciones plausibles de la industria del entretenimiento ante el desafío de la piratería. En 2007, después de casi una década de tensión contra empresas como Napster y Kazaa, Netflix introdujo el concepto de streaming legal del que después el resto de la industria se apropió para dar cabida a sus distintas expresiones (iTunes y Spotify para la música, el Kindle para los libros) en la camaleónica era del Internet.

Y es que hace una década la piratería iba por la libre en la web. Una búsqueda en Google nos llevaba en pocos segundos al enlace para descargar discos que ni siquiera habían salido a la venta, los sitios de torrents eran perfectos para hacerse  con las temporadas completas de las series del momento, gratis, y la cantidad de webs dedicadas al streaming ilegal de contenidos era inconmesurable. No es que nada de esto sea posible hoy, pero bien que mal los tiempos han cambiado y al menos Google ya no es la mano derecha del pirata promedio.

El modelo de Netflix fue esencial para revertir la piratería online. Más que las demandas y las amenazas de las discográficas y los estudios de cine, la plataforma de streaming probó que la mejor solución al problema era ofrecer alternativas asequibles y legítimas para el consumo del contenido de calidad, que ya entonces perdía fuelle en los cines, en las televisiones y en las tiendas de música. En lugar de sacar el entretenimiento de Internet, la industria aprendió que era mejor ganarle a los piratas en su propio terreno. Y funcionó, al menos hasta ahora.

La web pos-Netflix: la piratería repunta y nacen más servicios gratuitos

Ahora que Netflix es un nombre común para el grueso de la población, el atractivo de la novedad empieza a pinchar. La tecnológica ya no está sola en el mercado; no solo sus rivales se han multiplicado, sino que prácticamente cualquier televisión o productora de contenido de tamaño razonable ha decidido crear su propia plataforma de streaming para captar más suscripciones.

Hasta Disney pretende estrenar su propio servicio próximamente, lo que le llevará a retirar todo su contenido de Netflix mientras cada vez más empresas apelan al contenido exclusivo para obligar a los espectadores a suscribirse a sus servicios.

Esta situación está devengando en dos grandes escenarios: el repunte en la piratería y el auge de los servicios gratuitos de streaming. Según un informe de la firma de análisis Sandvine el intercambio de archivos representa ahora el 3% del flujo global de descargas y el 22% del flujo de las subidas.

El 97% de ese tráfico corresponde a BitTorrent, el protocolo de recibo y envío de archivos más popular de Internet, y uno de los brazos más musculosos de la piratería después de la caída de Napster. Si bien el servicio se utiliza también para el intercambio de archivos ordinarios, es un favorito para quienes distribuyen en la web contenido protegido por los derechos de autor.

Es cierto que las subidas piratas representaban más del 50% del flujo global en 2011, durante el pico de la piratería por torrents, pero también es cierto que cuatro años después el dato había caído cerca del 25%, y siguió en bajada hasta este año, cuando muestra un leve impulso.

El tráfico de BitTorrent está aumentando en todo el mundo y especialmente en Europa, Oriente Medio y África, donde el protocolo representa el 32% de todas las subidas. Este fenómeno, además de la popularidad que empiezan a adquirir otros servicios gratuitos y legales, revela una consecuencia nefasta de la solución de la industria a la piratería.

El dinero no alcanza para tantos rivales de Netflix

Mientras más empresas se vuelcan al contenido exclusivo (dígase HBO con Game of Thrones, Hulu con The Handmaid's Tale o Netflix con House of Cards) más aumenta el margen de acción de los piratas. "Para acceder a todos estos servicios habría que pagar mucho dinero, así que los consumidores con menos fondos se suscriben a uno o a dos servicios y piratean el resto", explicó un analista de Sandvine.

Además el crecimiento de estas alternativas se produce a medida que las personas compran y utilizan cada vez más las televisiones conectadas a Internet así como consolas de juegos, televisores inteligentes y cajas de transmisión.

Los consumidores están empezando a alcanzar su límite en la cantidad de servicios de streaming por los que están dispuestos a pagar, informa Digiday. Según un estimado de Emarketer, en EEUU hay casi 90 millones de hogares con televisores interconectados (el 72% de todos los hogares), lo que ha inspirado el crecimiento de servicios como Roku Channel, una plataforma gratuita de streaming de vídeo del fabricante Roku, cuya plataforma ya cuenta con más de 20 millones de usuarios y ofrece películas, series y canales lineales de 24 horas de contenidos digitales.

Servicios legales de streaming gratuito los hay por los cientos ya, y cada vez más fabricantes de televisores los incluyen entre sus opciones, justo al lado de Netflix y Hulu, pero con la diferencia de que no cuestan un céntimo extra a los clientes (pero tampoco incluyen el contenido exclusivo de las grandes plataformas). Y, para quienes todavía no tienen miedo a las consecuencias de piratear contenidos en Internet, la piratería no se ha echado a morir.

Todos estos fantasmas rodean no solo a Netflix, sino al resto de la industria del entretenimiento, que si no pone cuidado podría regresar a la situación dramática del inicio del milenio.

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