Un entorno macro peligroso 

Los empresarios, que recientemente se tuvieron que endeudar para hacer frente a la crisis del Covid, se enfrentan hoy, poco tiempo después, a un panorama de lo más complejo

Un establecimiento baja su persiana. Foto: EFE.

Un establecimiento baja su persiana. Foto: EFE.

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La subida a la velocidad de la luz de los tipos de interés por parte de los bancos centrales en 2023 buscando controlar la financiación -que ellos mismos han causado, por cierto-, nos ha provocado un dolor de cabeza adicional a todos. 

La idea era meter y meter dinero en el sistema a espuertas para inflacionar los activos y así reducir el endeudamiento de manera ficticia.  

Entiéndase: 

Si tengo una deuda de 100.000 euros con la garantía de un activo que vale 200.000 debo un 50%; Si tengo una deuda de 100.000 euros sobre un activo que vale 400.000 sólo debo ya el 25%. Y eso que no he devuelto un euro. 

La primera consecuencia es harto conocida porque la sufrimos en nuestras propias carnes. Todos somos cada día que pasa más pobres. 

Pues bien, como se pasaron de frenada y para contrarrestar los efectos de esta hiperinflación sobrevenida, o para disimular…, pues arriba los tipos.  

Los superhéroes de nuestro tiempo, los empresarios, que recientemente se tuvieron que endeudar para hacer frente a la crisis del Covid, se enfrentan hoy, poco tiempo después, a un panorama de lo más complejo. Una cosa es que el coste de la deuda suba un poco cada año y otra cosa es que suba de golpe cuatro puntos. El capital al servicio de la deuda se dispara y con ello las tensiones de tesorería. 

Si sumamos a todo esto que el resto de los costes también suben -y que los que no suben desde luego no bajan, como los carburantes-, ¿qué tenemos a la vista? Quiebras y, con suerte y buenos asesores, refinanciaciones.  

Recapitulemos lo más grueso: la carga fiscal no para de subir en forma de recargos, tasas verdes, azules y amarillas; los costes de personal a través de las subidas de SMI no pactadas y de los convenios son cada vez mayores; como consecuencia de lo anterior y de que el Pisuerga pasa por Valladolid el coste de la seguridad social -que digan lo que digan, es otro impuesto- sube y sube sin parar. 

El otro día coincidí con un amigo que me dijo que cerraba su pequeño negocio porque los costes eran tales que no había dinero suficiente para mantenerlo abierto. O se trabaja por aliviar a los empresarios su tarea de crear empleo y riqueza en el actual entorno macro o la tónica va a ser la de mi amigo. 

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