El buitre del campo alicantino
El gasóleo sube un 20% en un solo día mientras los especuladores bloquean el suministro de fertilizantes a la espera de mayores beneficios
Un tractor en el campo. Foto: Gershon_Weinberg en Pixabay
Nuevamente, el sector agrícola de la provincia de Alicante se despierta con el estruendo de una guerra lejana que se siente, con una crueldad inmediata, en el bolsillo de nuestros agricultores. El estallido del conflicto bélico en Irán no ha tardado ni 24 horas en mostrar su cara más amarga en nuestros campos: un hachazo directo del 20% en el precio del gasóleo en un solo día. Para un agricultor que necesita 2.000 litros de combustible para seguir trabajando sus tierras, esto no es una estadística macroeconómica; es una sentencia de muerte para su rentabilidad.
Estamos viviendo una situación de auténtico disparate. La incertidumbre se ha convertido en la excusa perfecta para que aparezcan las aves carroñeras que aprovechan el pánico para hacer negocio a base del sacrificio ajeno. Del sacrificio injusto. Me encuentro con proveedores de fertilizantes que ya no sirven producto porque a ellos tampoco se les da, bloqueando una cadena que debería estar protegida. En estas crisis, siempre hay quien busca lucrarse con la desgracia de los demás mientras el agricultor se queda desabastecido en mitad de la campaña.
Es necesario hacer memoria. Durante la pandemia, en aquellos días de confinamiento tan duros para la sociedad, no faltó ni un solo alimento en ningún hogar. A diferencia de lo que ocurrió en otros sectores como el de los suministros sanitarios, el campo mantuvo el tipo sin incrementar precios de forma oportunista. El campo no especula. Por eso no queremos que especulen con nosotros ante la crisis derivada de la guerra contra Irán, que no se nos trate como moneda de cambio para los que quieren hacer caja con el petróleo.
Venimos de una herida mal cerrada por la guerra de Ucrania, que fue un golpe duro para los agricultores. Por eso, le pedimos al ministro Luis Planas y al comisario de agricultura que no vuelvan a llegar tarde. Las ayudas que se han dado hasta ahora no han sido más que un mínimo parche ante los daños estructurales que sufrimos. Es necesario que las administraciones hagan un ejercicio de introspección: no basta con echar la culpa fuera, hay que tener la valentía de amortiguar el efecto de estos conflictos en el eslabón más débil de la cadena: el agricultor.
Hay que tener la valentía de amortiguar el efecto de estos conflictos en el eslabón más débil de la cadena: el agricultor
Exigimos responsabilidad a toda la cadena de suministros. No se puede permitir que el oportunismo campe a sus anchas mientras el agricultor se queda sin abonos y sin gasoil. Ayudar y proteger al sector primario ante este nuevo escenario bélico es proteger a la sociedad en su conjunto.
No queremos más «buitres» que se alimenten de la incertidumbre. Es la hora de la responsabilidad y de las soluciones reales, antes de que el motor de nuestros tractores se apague definitivamente por culpa de una avaricia que no conoce fronteras.