Los González-Gordon independizan su negocio de enoturismo y cava en la filial catalana Vilarnau

La matriz de Jerez ha inyectado activos valorados en 9,6 millones de euros en una nueva sociedad para dar autonomía a su unidad en el Penedés y simplificar el holding familiar

Viñedo de Vilarnau en la provincia de Barcelona, ahora segregado de la matriz de González Byass.

Viñedo de Vilarnau en la provincia de Barcelona, ahora segregado de la matriz de González Byass. Imagen: Vilarnau

El Consejo de Administración de González Byass ha dado luz verde a la segregación de su negocio en Cataluña para crear una nueva filial: Cavas Vilarnau. Con este movimiento de piezas, la histórica bodega de Jerez ha sacado de su balance principal todo el patrimonio relacionado con la elaboración de cavas y vinos del Penedés.

La nueva empresa ha nacido con una estructura financiera potente: aunque su capital social es de solo 60.000 euros, los dueños de Tío Pepe han dejado dentro de la sociedad una hucha de 9,6 millones de euros en reservas, equivalente al valor real de los activos que han sido traspasados.

Esta maniobra no ha movido solo botellas y viñedos. Los González-Gordon han metido en este nuevo NIF independiente todo el negocio del enoturismo, la hostelería y la organización de eventos que celebran en la finca Can Petit.

La operación ha incluido también el traspaso de toda la plantilla de la unidad catalana, que a partir de ahora ha pasado a depender directamente de la nueva filial bajo el régimen de sucesión de empresa.

Vilarnau no es una pieza cualquiera en el tablero del grupo. La noble familia Vilarnau se asentó en estas tierras del Penedés en el siglo XII, en una casa de campo conocida etimológicamente como «Vila Arnau». Desde aquellos tiempos medievales, la finca ya destacaba por el cultivo de viñas bajo la demarcación del Castillo de Subirats.

Sin embargo, la marca comercial no dio sus primeros pasos hasta 1949, cuando los propietarios de entonces decidieron etiquetar el cava que producían en la finca «Can Petit i Les Planes de Vilarnau». González Byass adquirió la bodega en 1982, y no fue hasta octubre de 2005 cuando inauguró la actual sede.

Plan de choque para sanear el grupo

La independencia de Vilarnau ha supuesto el cierre de un ciclo de ajustes que el grupo ha arrastrado desde que en 2025 considerara imprescindible ajustar su modelo operativo. La matriz ha tenido que lidiar con un escenario económico hostil: la caída del consumo de vino en España, la crisis del brandy en mercados clave como Filipinas y una deuda que, según fuentes sindicales, ha llegado a multiplicar por 7,5 veces el beneficio operativo (Ebitda) de la compañía.

Para proteger la solvencia de marcas icónicas como Tío Pepe o Beronia, la dirección ha ejecutado un plan de acción transversal que ha incluido medidas de ahorro drásticas. Durante los últimos meses, el grupo ha avanzado en varios frentes para adelgazar su estructura.

Para empezar, González Byass ha tenido que hacer recortes en la gestión, de forma que la compañía ha presentado un expediente de regulación de empleo (ERE) que ha afectado a 24 trabajadores en sus oficinas de Jerez y Madrid, buscando centralizar procesos y eliminar duplicidades en las áreas de gestión.

Continuidad en la reestructuración

También ha comenzado a reordenar sus bodegas, moviendo piezas en su portfolio para ganar eficiencia. Tal ha sido el caso de la transferencia de Beronia Rueda (Valladolid) a la gestión de Bodegas Fournier (Burgos), unificando sus activos en el norte de la península.

Por otro lado, el holding se ha empleado a fondo en la venta de activos y la contención de gastos. El plan contempla desinversiones selectivas en inmuebles y participaciones no centrales, además de una política de congelación salarial y el no reparto de dividendos para reforzar la caja.

Y, por último, su plan estratégico pasa por el refuerzo de sus alianzas internacionales. Por ejemplo, la bodega ha sellado en el último año una fusión con Carolina Wine Brands USA para potenciar su presencia en Estados Unidos y México, mercados que ya han pasado a generar casi la mitad de la facturación total del grupo.

Pese a que la facturación del grupo se ha mantenido en el entorno de los 240 millones de euros, el encarecimiento de la energía y las materias primas ha provocado que el Ebitda cayera un 11% en el último ejercicio auditado. En este contexto, la segregación de Vilarnau ha permitido a los González-Gordon separar una unidad rentable y con gran potencial turístico del resto de los problemas financieros de la matriz.

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