El matrimonio Daurella-Vilarrubí se aleja del PDECat

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La presidenta de Coca-Cola European Partners y su marido, vicepresidente del FC Barcelona, se distancian del actual gobierno catalán y del nuevo partido convergente

Sol Daurella junto su marido, Carles Vilarrubí, vicepresidente del Barça

Barcelona, 31 de enero de 2017 (05:00 CET)

Carles Vilarrubí no es ajeno a la salida de su esposa, Sol Daurella, del consejo asesor del Diplocat, el servicio de diplomacia creado por la Generalitat. Fuentes próximas al vicepresidente del FC Barcelona sostienen que el matrimonio se ha distanciado del actual gobierno catalán y, también, del nuevo partido de los convergentes, el PDECat. Según estas fuentes, Vilarrubí era partidario de que su esposa abandonase el consejo del Diplocat, pese a tratarse de un simple órgano consultivo.  

El expresidente Artur Mas creó el Diplocat con el objetivo declarado de fomentar la proyección internacional de Cataluña, aunque su sucesor, Carles Puigdemont, también lo aprovecha para buscar apoyos para el referéndum. Dos meses después de que en noviembre pasado se constituyera su consejo asesor, formado por una cuarentena de personalidades de diversos ámbitos, Daurella comunicó su baja.

En una carta dirigida al director del Diplocat, Albert Royo, Daurella justifica su renuncia por "motivos personales y de incompatibilidad". Fuentes próximas al matrimonio indican que se han alejado de la Generalitat pese a que Vilarrubí recibió la Creu de Sant Jordi en 2015, de manos de Mas, y Daurella otra el pasado abril, impuesta por Puigdemont.

La fidelidad es con Mas, no con Puigdemont

Tales honores no han frenado su distanciamiento. Según estas fuentes, sienten apego por Mas, pero no por Puigdemont, de la misma manera que sintonizaron con la vieja Convergència, pero no con sus herederos del Partido Demócrata Europeo Catalán (PDECat). En este alejamiento, Vilarrubí ha tenido un papel más activo que Daurella, a la que habría convencido para dejar el Diplocat.

Además, la vinculación con este servicio diplomático de la Generalitat le estaba pasando factura por su condición de presidenta de Coca-Cola European Partners. Por una parte, se lanzó a través de las redes sociales una campaña de boicot –"Coca-Cola rompe España"- y, por otra, los independentistas la acusan de marginar la lengua catalana en el etiquetado de los productos de la marca. Está entre dos fuegos.

La situación judicial de Vilarrubí también supone un lastre para Daurella. Cuando entró en el consejo consultor del Diplocat, la prensa recordó que su marido figura como investigado en el caso Pujol Ferrusola. Hace dos años, incluso se efectuó un registro policial en la vivienda del matrimonio, que también es la sede del consulado honorario de Islandia.  

Daurella está expuesta a los escándalos político-económicos de Vilarrubí. En diciembre pasado, declaró por tercera vez en la Audiencia Nacional, aunque esta vez se acogió al derecho a guardar silencio cuando el juez José de la Mata preguntó por sus cuentas bancarias en Andorra. Supuestamente, Jordi Pujol júnior ingresó en estas cuentas 12 millones de pesetas (138.232 euros).
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