El okupa del hotel de lujo que timó a un gran fondo americano

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Pedro Echevarría se hizo pasar por un millonario que compraría el hotel La Florida, en Barcelona, para alojarse allí a cuerpo de Rey durante 66 días. Su pasado empresarial arrastra demandas de organismos públicos, embargos de inmuebles y deudas con la Seguridad Social

Hotel La Florida.

15 de marzo de 2012 (01:26 CET)

Hace dos años, los propietarios del hotel de gran lujo La Florida, junto al parque Tibidabo de Barcelona, el fondo de inversiones estadounidense Apollo, recibieron con los brazos abiertos a Pedro Echevarría Puigbó, un supuesto millonario interesado en comprar el inmueble que la empresa americana quería vender por 50 millones de euros.

Mientras ultimaba las negociaciones y se presentaba ante los empleados del hotel como su futuro jefe, a Echevarría le llovían las demandas y las condenas por sus actividades empresariales. En mayo de 2010 un juzgado de Alicante decretaba el embargo de un inmueble por una deuda de 43.000 euros y seis meses después, en diciembre del mismo año, sufría otros dos embargos también por deudas en Alicante. El año pasado fue condenado a pagar otros 46.000 a una demandante en Lleida.

La empresa administrada por Echevarría, que se dedicaba a la compra-venta de inmuebles, San Juan Urbana 2002, también se había enfrentado a deudas recurrentes con la Seguridad Social entre 2008 y 2011 que rondaban los 50.000 euros.

“Se presentó con unos papeles y avales en pocos días firmó un precontrato. No es que los anteriores propietarios fueran tontos, sino que Echevarría había entregado documentación falsa. Es un profesional de la estafa”, explica una fuente cercana a la negociación.

Pero ningún representante del fondo americano que corre como lince en las bolsas y engulle empresas se pudo percatar de que Echevarría les tomaba el pelo. Los dueños de los cruceros Norwegian, AMC Entertainment, la cadena de accesorios Claire's, los casinos Caesars, la inmobiliaria Century 21 o la productora de televisión CKX, que monta el famoso programa American Idol, se habían dejado impresionar por este hombre que llegaba a las reuniones con coches de alta gama alquilados.

Hospedaje gratuito

Una vez iniciadas las negociaciones de compra, el fondo estadounidense también advirtió a los empleados de Barcelona que Echevarría sería con toda probabilidad su futuro jefe y que, por tanto, no era necesario cobrarle los servicios de máximo lujo que requería a diario. “No es que asistía a reuniones, como ha dicho, sino que se instaló a vivir aquí”, explica una trabajadora del hotel que desea mantenerse en el anonimato. “A los pocos días de llegar pidió el cambio de una habitación normal a una de las suites”, agrega.

Echevarría contrató al despacho de abogados Cuatrecases para tramitar la compra del inmueble. Según fuentes cercanas a la operación, sus empresas no tenían la solidez financiera para afrontar una operación de ese tipo.

En 2010, la compañía administrada por Echevarría y por su mano derecha, Víctor Perxachs, contaba con una deuda a largo plazo de 20 millones de euros, una deuda a acreedores y cuentas por pagar por 19 millones más y apenas disponía de 33.000 euros en caja, según las cuentas presentadas al Registro Mercantil.

Cuentas sin fondos

66 días después de su llegada, el okupa de gran lujo informó a los representantes del hotel que no podía terminar la transacción porque no pudo obtener el crédito que necesitaba. Entonces, los dueños del establecimiento lo obligaron a marcharse y le facturaron 168.000 euros. El huésped entregó unos pagarés de cuentas sin fondos.

Apollo dio por perdido ese dinero y dos años más tarde terminó vendiendo el hotel al empresario libanés Boutros El Khoury, a través de la empresa CPI.

Pero ahora Echevarría y su socio enfrentan un juicio en el que la fiscalía los acusa de estafa. El supuesto empresario asegura que siempre quiso comprar el hotel y que fueron los empleados los que le insistieron que se quedara allí mientras negociaba su compra. “Puedo pagar, pero no una cantidad tan elevada”, explicó el acusado en el juicio que ha quedado visto para sentencia.
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