El sinvivir de las empresas españolas en Venezuela

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Las incertidumbres son permanentes por amenazas de expropiaciones, devaluaciones del bolívar y restricciones a la repatriación de beneficios

Representantes de empresas españolas con presencia en Venezuela

02 de marzo de 2014 (21:56 CET)

Los quince años transcurridos desde que Hugo Chávez proclamara, tras su triunfo electoral, la República Bolivariana de Venezuela, han supuesto todo un quebradero de cabeza para las empresas españolas que, antes, habían realizado fuertes inversiones, confiando en la seguridad jurídica y en las perspectivas de crecimiento de una de las potencias económicas de Latinoamérica, sustentada por esos tres millones de barriles de petróleo que produce cada día.

Tres lustros en los que –primero con el comandante y, tras su muerte hace un año, con el nuevo presidente Nicolás Maduro– la peculiar forma de gobierno, a golpe de decretazos comunicados por televisión a través del programa Aló, Presidente y sus famosos “¡exprópiese!”, fue socavando todas las líneas de actuación sobre las que se basa la economía de mercado.

Inflación del 40%

Controles sobre los intercambios de divisas y sobre los precios, además de las expropiaciones, han abocado a Venezuela a un escaso crecimiento que no llega al 1% del PIB, una inflación del 40% interanual y recurrentes desabastecimientos de bienes básicos, incluidos los alimentos.

Todo un caldo de cultivo generado durante años y que ahora ha estallado en una revuelta social de consecuencias imprevisibles. De ella están siendo testigos las 120 empresas españoles, grandes y pequeñas, que confiaron en Venezuela para derivar parte de sus inversiones.

La presencia de entidades financieras


Santander y BBVA, los dos grandes bancos españoles, pueden dar buena cuenta de sus andanzas venezolanas. Ambas entidades financieras habían aterrizado en este país en 1997, dos años antes de que Chávez asumiera el poder. El Santander, salió en cuanto pudo, y el BBVA aguanta el tipo tras las veladas amenazas públicas de expropiación manifestadas hace tres años y a pesar de esa retención que el Gobierno venezolano efectúa de parte de los beneficios.

El fino olfato le debió decir a Emilio Botín que, a pesar de los beneficios que se estaban logrando, lo mejor de la inversión en Venezuela era desprenderse de ella. Apuntarse, si podía ser, unas plusvalías y no esperar a que, un arrebato presidencial, le fuera expropiado el Banco de Venezuela. Y así lo hizo. En julio de 2008, a la vista de la deriva socioeconómica que estaba tomando el país latinoamericano, el Santander ofreció la filial a otro banco venezolano, el Occidental de Descuento.

El BBVA mantiene el tipo

Cuando Chávez se enteró de esta venta, amenazó con la expropiación. Al final, las negociaciones culminaron, en julio de 2009, con la nacionalización del Banco de Venezuela y el ingreso de 1.050 millones de dólares, 700 más de los que el Santander había desembolsado en diciembre de 1996.

El BBVA decidió mantener el tipo aunque el viento soplara en contra en muchas ocasiones. Y al menos, en cuanto a resultados se refiere, muestra una evolución positiva, con unos beneficios en 2013 de 369 millones de euros de su filial BBVA Provincial, con un incremento interanual a tipos constantes de cambio del 63%. Lo logra sobre todo por el efecto positivo de la revalorización de las posiciones en dólares estadounidenses debida a la fuerte devaluación del bolívar.

Negociaciones permanentes

Buenos beneficios de los que, sin embargo, el BBVA no puede disponer en su totalidad e incluirlos en las cuentas consolidadas del grupo, debido al control de cambios implantado en 2003 por el gobierno de Venezuela para frenar la acelerada fuga de capital detectada tras la huelga en la industria petrolera. Aunque el banco presidido por Francisco González negocia de manera permanente con el Gobierno de Maduro para la repatriación de estos fondos, la restricción de divisas venezolana anticipa que la solución no va a resultar fácil a corto plazo.

Los continuos cambios regulatorios y las dificultades para repatriar los beneficios también están pasando factura a Telefónica. Como al BBVA, el negocio, en sentido estricto, le va bien, pero la devaluación del bolívar de hace un año tuvo, en 2013, un impacto de 1.000 millones de euros sobre el patrimonio. A sumar a los 1.810 millones que ya se detrajeron en 2010 con la devaluación del 50% de la divisa venezolana.

Los efectos en Telefónica y Meliá

Y para 2014 más de lo mismo. Tras entrar en vigor, el pasado 24 de enero, el nuevo convenio cambiario, se modifica el tipo de cambio de 11,36 bolívares fuertes por dólar estadounidense para pagos al sector de las telecomunicaciones y para inversiones internacionales, uso de patentes, marcas y licencias, así como importación de tecnología y asistencia técnica.

Para Telefónica, supondrá reconocer una disminución de 1.800 millones de euros de los activos netos de la compañía.
Para el grupo hotelero Meliá, parte de los 164 millones de euros en los que aumentó su deuda financiera en 2013, hasta los 1.158 millones, se debió a la devaluación del bolívar venezolano, con un impacto de 14 millones de euros sobre ese incremento del endeudamiento.

Repsol apuntala su presencia

A la petrolera Repsol todos estos problemas también le afectan, pero no lo suficiente como para replantearse su política de inversiones en Venezuela. Todo lo contrario. Acaba de apuntalar su presencia en este país con el acuerdo firmado con la compañía estatal PDVSA, por 1.200 millones de dólares (875 millones de euros), para financiar la producción de hidrocarburos en el proyecto conjunto de Petroquiriquire, y elevar su producción diaria de sus tres campos petrolíferos en Venezuela de 50.000 a 65.000 barriles.
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