El vino catalán se aferra al corcho

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Cerca del 90% de las bodegas de la denominación de origen Catalunya apuestan por el tradicional tapón

20 de agosto de 2013 (20:07 CET)

Aferrarse con fuerza a un símbolo de calidad es lo que les ocurre a la gran mayoría de las bodegas catalanas con el corcho. “Entre un 85% y un 90% de los vinos que se producen utilizan el tapón tradicional. Sólo entre un 10% y un 15% son de rosca o de silicona”, señala el secretario del Consejo Regulador de la denominación de origen (DO) Catalunya, Anton Castellà.

Los vinos de las tres grandes firmas catalanas --Freixenet, Codorniu y Torres-- están amparados por esta DO. Por su tamaño y capacidad de exportación producen todo tipo de tapones aunque, mayoritariamente, de corcho. “Pueden existir referencias de productos destinados más a otros mercados en las que se utilicen otros sistemas de cierre”, matiza Castellà.

Prejuicios con el vino

Las empresas que producen vino con DO Catalunya comercializaron más de 60 millones de botellas en 2012, de las cuales 24,8 millones se vendieron en el mercado interior y las 35,9 millones restantes en el extranjero. Sin embargo, el éxito que otros sistemas de cierre han experimentado, sobre todo, en los países anglosajones, no ha roto con el tradicionalismo de los productores catalanes.

Las nuevas opciones como el tapón rosca, el de plástico o silicona y el de vidrio --muy reciente en el mercado-- no llega a calar del todo. Los vinos de gama alta se asocian con el corcho y los vinos de mesa, sin denominación de origen, se relacionan, normalmente, con otros tipos de tapones. “Es el prejuicio del consumidor”, subrayan desde el consejo regulador.

Alternativas innovadoras

En consecuencia, pocas compañías se atreven a romper con estas costumbres. “Lanzamos un vino chardonnay de crianza con tapón de rosca y tuvimos que cambiarlo porque el cliente percibía que era de menor calidad y que devaluaba el vino”, explica la portavoz de la bodega de la familia Sumarroca, Sandra Berrocal.

Para evitarlo, esta empresa ha apostado por la innovación. Se trata del tapón que comercializa la marca DIAM y que contiene pequeños extractos de corcho mezclados con otros materiales que evita algunas desventajas que puede presentar el tapón tradicional, pero que en apariencia es igual. Está a medio camino entre el corcho natural y el sintético.

“Es una alternativa al corcho que respeta también la naturaleza del vino. Nuestra filosofía es intentar, poco a poco, utilizar este tapón en todas nuestras variedades”, detalla Berrocal. Su precio, sin embargo, no es tan económico como el tapón de rosca o plástico.

Desventajas

El corcho, como sistema de cierre, presenta, en algunas ocasiones, problemas. Se trata de la presencia de TCA, un compuesto que desprende un olor desagradable y estropea el vino. “Los productores de tapones de corcho están esforzándose para hacer más controles y detectar cuanto antes la presencia de TCA”, señala Castellà. Sin embargo, este inconveniente ha creado un dilema en las diferentes bodegas.
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