Esther Alcocer Koplowitz o el ‘no’ relevo del imperio familiar

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CONSTRUCCIÓN

Esther Alcocer Koplowitz, presidenta de FCC

02 de febrero de 2013 (16:32 CET)

El relevo generacional está cada vez más cerca en FCC, pero aún no ha llegado. A pesar del nombramiento de Esther Alcocer Koplowitz como presidenta de la compañía, quien sigue al frente es su madre. Esther Koplowitz confía en su hija mayor para que dirija los negocios de una de las mayores fortunas del país. Sin embargo, todavía no es su momento.

El nombramiento de la hija supone un giro en la compañía. Incluso puede resultar paradójico. “Se trata de una nueva etapa pero refuerza la posición de Esther madre”, dicen fuentes cercanas a la empresa.

Doble mensaje

Aunque parezca que la dueña de FCC ha dado un paso atrás para dejar paso a su hija, la realidad dice todo lo contrario. “Esther (madre) está cada vez más activa”. Sigue siendo la accionista mayoritaria del grupo de construcción y continuará como vicepresidenta.

El mensaje al mercado es claro. Por un lado, la propietaria de FCC y una de las mayores fortunas de España coge el toro por los cuernos. Por otro, al colocar a su hija asegura la continuidad. Es la elegida. La mayor de las tres hijas de Alberto Alcocer y Esther Koplowitz será la encargada de los negocios familiares en el futuro.

Preparada para el relevo

La nueva presidenta de FCC, Esther Alcocer Koplowitz, ha sido instruida desde muy joven para que sea la nueva savia en la compañía. La propietaria de FCC tuvo claro hace muchos años quién iba a ser su relevo en los negocios familiares. Es por ello que hizo que Esther Alcocer cursara el programa de Alta Dirección de Empresas del IESE.

Tras ello, siendo muy joven, la nueva presidenta de FCC accedió a la compañía. Era 1998, y la hija mayor de uno de los matrimonios de mayor alcurnia de España iniciaba su andadura en FCC.

El brazo derecho


Dicen los que la conocen que “ha mamado” FCC de la a a la zeta. Conoce la compañía como la palma de su mano. Incluso aseguran que la hija es el brazo derecho de la madre en Madrid. “Esther Alcocer ha sido la representante del apellido Koplowitz en Madrid”. Los círculos empresariales de la capital saben perfectamente quién es. “Y no es cuestión de ahora, ya lleva muchos años codeándose con la flor y nata empresarial y política de Madrid”.

En los últimos años, Esther Alcocer acudía a actos en nombre de FCC. Acompañaba a Baldomero Falcones a ver a políticos autonómicos, en desayunos informativos y en otro tipo de eventos. En cuanto podía, que solía ser a menudo, asaltaba al político de turno para preocuparse por los intereses de FCC en una región de España. “Estaba al pie del cañón”.

¿Por qué ella?

Esther Koplowitz hizo un hueco a su hija en la Torre Picasso. Uno de los mejores despachos fue para ella. Desde allí controlaba el negocio, pero en la sombra. Su madre, como dueña y vicepresidenta de la compañía, ha estado al corriente de todo. Y seguirá haciéndolo, de momento, aunque su hija sea la presidenta.
El relevo en la cúpula de FCC ha estado controlado totalmente por Esther Koplowitz. A pesar de que salió su nombre como sustituta de Baldomero Falcones, ese nombramiento podría haber causado alarma en los mercados, explican fuentes del sector. “Si se pone ella, se puede interpretar que el negocio está peor de lo que parece”, sin embargo, “ahora con su hija se le está dando mayor recorrido a la empresa”.

Un puesto representativo


Se trata pues de un nombramiento light. El puesto es representativo. La heredera del imperio no mandará aunque sí opinará y estará atenta a todo. Seguirá como hasta ahora pero como presidenta. El cambio más significativo será que tendrá que dar la cara. A partir de ahora será más conocida.

Aunque físicamente se parece más a su tía Alicia Koplowitz, Esther Alcocer tiene un parecido razonable con su madre: es igual de celosa con su intimidad. Son pocas las imágenes que hay de ella. Siempre ha evitado a la prensa del cuore. Su vida pública no existe o no hay conocimiento de ella. El nombramiento como presidenta de FCC la coloca ahora en el candelero y la señala como el relevo generacional del imperio de Esther Koplowitz.
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