La banca busca reducir pérdidas con el rescate de empresas

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GAM podría sacar mayor provecho a sus 100 millones de ingresos capitalizando parte de sus 280 millones de deuda

Francisco González, Emilio Botín, Isidro Fainé y Josep Oliu

22 de junio de 2014 (21:01 CET)

Está a punto de echar a andar el fondo al que los seis grandes bancos (Santander, BBVA, Caixabank, Bankia, Popular y Sabadell) van a transferir, convertida en acciones, deuda no sostenible de empresas. Compañías muy apalancadas que, a la vista de su capacidad de generar ingresos, tienen visos de salir adelante en lugar de adentrarse en el concurso de acreedores y acabar liquidadas casi con toda seguridad.

Se busca matar, no dos, sino tres pájaros de un tiro. Los bancos reducen de un plumazo la alta morosidad que existe sobre esos 1,3 billones de deuda empresarial y abren la vía a inyectar capital en el sistema productivo. El mismo que hasta ahora, en muchos casos, se destinaba a cubrir provisiones casi de manera permanente. Y, en el caso de las empresas, la reducción de la deuda facilita su viabilidad futura.

Sin aval público


No obstante, el asunto no ha sido fácil. Primero, porque inicialmente las entidades financieras pensaban que, como ocurriera con la Sareb, el fondo iba a contar con el respaldo del aval público. Pero no lo tendrá.

En segundo lugar porque, al tratarse de una experiencia piloto, los bancos se han tenido que poner de acuerdo para elegir empresas en las que el riesgo asumido fuera más o menos equitativo. Y porque, en el fondo, muchas de las empresas susceptibles de formar parte del experimento están apurando al máximo sus opciones para vender activos y reducir deuda antes de que los bancos se conviertan en socios. Las empresas canarias Kalise o Naviera Armas, barajadas como partícipes de esta capitalización de deuda, han logrado que no se les incluya.

Menos pérdidas para la banca

Más allá de la letra pequeña, la operación, a grosso modo, consiste en asumir que, pongamos por caso, existe un préstamo de 100 millones de euros que los bancos no van a poder cobrar. Si la empresa acaba en liquidación, recuperar 10 de estos millones ya sería todo un éxito.

Con la transferencia al nuevo fondo, el préstamo igualmente se da por fallido en su totalidad. El activo desaparece del balance y se anotan como perdidos esos 100 millones. Pero, a cambio, el banco obtiene un paquete de acciones (las que se depositan en el fondo) de la empresa ya saneada. En el momento más adecuado, puede ser vendido y obtener una cantidad muy superior a la que se hubiera obtenido caso de haber ido a liquidación. Con lo que, al final, las pérdidas ya no serían de 90 millones, sino de una cantidad muy inferior.

Deuda sana

A través del real decreto de medidas urgentes de refinanciación y reestructuración empresarial, en vigor desde el pasado 9 de marzo, los bancos logran que la deuda morosa, al ser reconvertida en acciones, se convierta en deuda sana. Por tanto, no tienen que aportar más provisiones y evitan tener más impactos fiscales añadidos. Además, en caso de concurso, permite que esa deuda no sea subordinada.

Con todas estas garantías, la modificación de la ley concursal ha recogido otros aspectos. Es el caso de la inclusión de todos los acreedores de pasivos financieros, la fijación de nuevos umbrales de mayorías para eliminar la disidencia de minorías pequeñas, o la supresión del informe del experto independiente: un hombre ajeno a la empresa que tenía que ponerse al día sobre la misma y que resultaba muy costoso.

300 empresas rescatables

A partir de aquí, existen más de 300 empresas que, con una facturación superior a los 100 millones de euros, serían susceptibles de ser rescatadas, reduciendo su deuda a cambio de que los bancos se conviertan en socios.
Al final, tras los descartes sobrevenidos, las primeras elegidas --General Alquiler de Maquinaria (GAM), Válvulas Arco, Condesa, Hierros del Mediterráneo (Hiemesa) o Ros Casares-- responden al perfil de empresas industriales que, hasta hace siete años, iban como un tiro al abrigo del boom inmobiliario. Pero, de la noche a la mañana, vieron cómo sus clientes pasaron de pagar religiosamente a dejar de hacerlo, en muchos casos, de manera definitiva.

GAM, ejemplo perfecto

La cotizada asturiana GAM, presidida por Pedro Luis Fernández, se ajustaría perfectamente a este rescate. En los últimos siete años, la multinacional especializada en la gestión integral de maquinaria ha realizado todos los ajustes habidos y por haber para hacer frente a la cruda realidad. La de una deuda de 600 millones de euros difícil de amortizar.
Desde entonces, la empresa ha cambiado de manera brutal. El gasto en España se ha rebajado de 22 millones de euros mensuales a apenas cuatro tras reducir la plantilla de 2.000 a 600 empleados. Aquellos máximos bursátiles de más de 26 euros por acción hoy no llegan ni a 70 céntimos.

La deuda se ha reducido, sí. Pero sigue siendo muy alta, de casi 280 millones al cierre del primer trimestre de 2014. Deuda que sigue pesando como una losa e impide que los 26,2 millones facturados entre enero y marzo luzcan más de lo que lo hacen, como queda demostrado con esos 5,6 millones perdidos en ese periodo.
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