Las tres 'patatas calientes' de La Caixa

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BATALLA

Juan María Nin y Isidro Fainé

01 de septiembre de 2011 (13:43 CET)

Si por algo se distingue La Caixa es por su tradicional discreción. Hace mucho y dice poco y en las batallas empresariales pelea como el que más pero sin aparecer en la foto. Así fue a finales de 2009, cuando Luis del Rivero alzó el hacha de guerra demandando a Repsol que retocara su estrategia y dejara invariable el dividendo. La batalla alcanzó tal intensidad que el presidente de Repsol, Antoni Brufau, pidió al consejo en 2010 que respaldara su gestión. Quedaba claro que La Caixa no era un convidado de piedra.

Brufau ganó el primer asalto a Del Rivero. Tranquilizó a Sacyr y La Caixa elevando en abril pasado el dividendo el 23,5% y poniendo las cuentas de la petrolera a velocidad de crucero. Pero llegó el verano y el desplome de los mercados. La cotización de Repsol apenas vale 20 euros y deja a Sacyr contra las cuerdas ante la inminente refinanciación del préstamo de casi 5.000 millones que le permitió comprar el 20% de la petrolera casi siete euros por encima.

Del Rivero ha acordado con Pemex sindicar sus acciones en Repsol con la pretensión de tomar el poder y mover la silla a Brufau. Mientras, La Caixa ha sido fiel a su estilo: se ha limitado a señalar que dirá lo que tenga que decir en el consejo de la petrolera del próximo día 28.

Pero mucho han cambiado las cosas desde la primera gran batalla de hace algo más de año y medio: la situación de Sacyr es más desesperada –ya no tiene filiales como Itinere que vender para reducir su deuda–, ha entrado en juego un grupo internacional como Pemex que cuestiona la españolidad de la petrolera y del voto de La Caixa depende que Brufau siga o no al frente de Repsol.

Estas son las patatas calientes que queman en la mano de Isidro Fainé que, muy a su pesar, va a tener que mojarse en esta batalla. Desde Repsol se asegura que la comunicación entre Fainé y Brufau es permamente y que las dos partes están alineadas para combatir lo que se considera como “alta traición” por parte de Pemex. Las posibilidades que se abren son diversas:

- ¿Malvender Gas Natural?
Para La Caixa, Gas Natural es una pieza clave que el acuerdo entre Sacyr y Pemex ha puesto en el ojo del huracán. Los aliados dicen que velarán por “mejorar la coordinación y obtención de sinergias de la participadas relevantes de Repsol”. El caso es que el 31% de Repsol en la gasista vale algo menos de 4.000 millones de euros en bolsa. Una ganga si se tiene en cuenta el valor que tenía Gas hace apenas cuatro años, cuando aún no se había embarcado en la costosa compra de Unión Fenosa.

Tras un encuentro con el equipo directivo de Repsol, los analistas de Merrill Lynch se hacían eco en octubre de 2007 de que la petrolera “parece menos atada” a su participación en Gas Natural y que podría considerar su venta. Entonces el precio de mercado del 31% era de 5.800 millones de euros, casi 2.000 millones más que hoy. Aceptar la venta del paquete de Repsol en Gas Natural a los precios actuales supondría para La Caixa aceptar que la gestión de Salvador Gabarró ha sido un gran fracaso: a finales de julio de 2008, Gas Natural ofreció 18,33 euros por cada acción de Unión Fenosa. Es decir, que valoraba el grupo gallego en 16.757 millones de euros. Hoy, todo el grupo vale alrededor de 12.500 millones.

En cualquier caso, Del Rivero y Pemex deben deshacer un gran nudo si efectivamente quieren vender la participación de Repsol en Gas. Entre La Caixa y la petrolera suman casi el 68% del capital de la gasista con un pacto parasocial de por medio que depende entre otras variables de que no se produzca un cambio de control en ninguna de las tres empresas implicadas y de que la participación de Repsol en Gas no baje del 15%. A priori, el matrimonio entre Sacyr y Pemex no supone una alteración en el puente de mando de Repsol.

- El futuro de Brufau. Efectivamente, la constructora y el grupo mexicano han dejado claro que su intención es solicitar el peso en la gestión del grupo que corresponde a su participación y promover la designación de un consejero delegado. Es decir, que como en los estertores de 2009, el objetivo número uno a abatir es Antoni Brufau.

Si entonces la posición de La Caixa fue tibia, ahora tendrá que posicionarse sin ambages. Los estatutos de Repsol dicen que la designación de un primer ejecutivo debe ser aprobada con el voto favorable de dos tercios del consejo. Es decir, que hasta 11 vocales deben dar el visto bueno. La entidad financiera catalana tiene dos, que serán decisivos para poner o no contra las cuerdas al hombre propuesto en 2004 por el entonces presidente de La Caixa, Ricard Fornesa, para regir los destinos de Repsol. Es definitiva, Fainé debe decidir si “uno de los nuestros” termina su etapa en la petrolera.

-Los intereses de todos los accionistas. Como segundo accionista del grupo, La Caixa se juega su prestigio frente a todos los accionistas de Repsol, tanto institucionales como particulares. Hay dos grandes frentes abiertos: el presunto interés de Pemex en los activos latinoamericanos de Repsol y la política de dividendos que Del Rivero quiere potenciar.

El problema es cómo conjugar los intereses particulares de Del Rivero, asfixiado por una deuda ingente, con los de la propia compañía, que se enfrenta al riesgo de perder tamaño y de ver mermada su posición de caja si el dividendo crece. Con la última subida del 23,5% de la retribución al accionista, Repsol ha igualado su dividendo más alto, el de 2008. No será fácil justificar otra alza si se pone en peligro la política de inversiones del grupo.
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