Casi dos de cada tres sucursales bancarias desaparecerán. En la imagen, las dos torres de La Caixa, en la Diagonal de Barcelona. Foto: ED/Archivo
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Atlantia venderá el 29,9% de Cellnex a la familia Benetton y deja a La Caixa con poco margen para crecer en la compañía y el reto de reinvertir 4.000 millones

Xavier Alegret

Economía Digital

Casi dos de cada tres sucursales bancarias desaparecerán. En la imagen, las dos torres de La Caixa, en la Diagonal de Barcelona. Foto: ED/Archivo

Barcelona, 08 de abril de 2018 (04:55 CET)

Dos hechos coincidieron esta semana y, combinados, explican mucho de los retos que afronta el otrora gigante industrial dominante en España: La Caixa. El primero es la creación de una comisión en Criteria, el holding de participadas de la Fundación Bancaria La Caixa, para reenfocar su estrategia de inversiones; el segundo, la confirmación de que la familia Benetton quiere controlar Cellnex.

La primera noticia se produce en medio de la opa conjunta de Atlantia y ACS por Abertis, la gran participada industrial que todavía controla Criteria, y no por casualidad. Isidro Fainé y la entidad se encontrarán ante el reto de reinvertir unos 4.000 millones de euros para garantizar los dividendos que nutran su obra social, la primera de España y tercera mayor del mundo.

La segunda noticia, aunque esperada –se había anunciado ya que había un preacuerdo– es un torpedo a la estrategia del holding que dirige Marcelino Armenter. Invertir parte del cash que recibirá Criteria por Abertis en Cellnex, que considera un activo estratégico y en expansión, era una de las opciones más plausibles.

La Caixa solo puede luchar por Cellnex entrando en una guerra con los Benetton que tiene muy difícil ganar

Ahora está casi descartado. Al menos, para tomar una posición importante, de control. Puede invertir, pero para quedar en minoría, operación parecida a la que hizo con Suez cuando le vendió Agbar y cuyo resultado, visto hoy, no fue del todo satisfactorio. Sí hay una opción de recuperar el control de Cellnex, pero significaría entrar en una guerra con la poderosa familia italiana Benetton, primer accionista de Atlantia.

Esta opción, que las fuentes consultadas por Economía Digital descartan casi al 100%, es presentar una oferta por el 29,9% de Cellnex que Atlantia venderá a los Benetton cuando tome el control de Abertis, por más de los 21,50 euros por acción pactados. Pero supondría entrar en una batalla que difícilmente podría ganar, puesto que los Benetton podrían igualar la oferta y se acabaría el juego con punto, set y partido para Italia.

La única opción en Cellnex, algo más probable, es que La Caixa compre el 4,1% que Atlantia no venderá a su familia propietaria para evitarle tener que presentar una opa. Así, Criteria pasaría del 5% que tiene actualmente de forma directa al 9,1%, desembolsando unos 200 millones de euros. Pero tampoco saldría de pobre.

Reto 1: lograr más dividendos

Sin la opción de Cellnex, ¿qué le queda a La Caixa? Estudiar donde pone los 4.000 millones de Abertis, y para ello ya se han puesto a trabajar Isidro Fainé, Mauricio Armenter, Jaume Giró, Alejandro García-Bragado y Javier Paso. También ha reforzado Criteria el área de comunicación, con el fichaje de Juan María Hernández Puértolas como dircom. Puértolas vuelve a casa –ya había desempeñado dicho cargo– precisamente de Abertis.

Las fuentes consultadas apuntan a que el quinteto que forma la comisión estratégica de Criteria busca inversiones estratégicas pero que a su vez proporcionen dividendos desde el corto plazo. Por ello, alguna apunta a que Cellnex, pese a que cumple el primero de los requisitos, no está en posición de dar dividendos: es una empresa en pleno crecimiento, por lo que prioriza las inversiones sobre los beneficios y dividendos. No obstante, se está posicionando para dar dividendos a medio y largo plazo.

Con la venta de Abertis, La Caixa perderá unos 175 millones de euros de dividendos

Las alternativas todavía son una incógnita: la comisión apenas ha empezado a andar. Los retos son enormes. Con la venta de Abertis, perderá unos 175 millones de euros de dividendos, que tendrá que lograr en otra parte, y no será fácil. La concesionaria hace muchas inversiones a futuro, pero también tiene mucho negocio maduro, como en España y Francia, con una alta rentabilidad.

Buena parte de los dividendos de su fundación los arroja la que es sin duda su joya de la corona: Caixabank. En 2017, el banco que preside Jordi Gual y dirige Gonzalo Gortázar batió su récord de beneficios y ganó 1.684 millones de euros. Con el 40%, Criteria recibió menos de 360 millones brutos. En Gas Natural, su otra gran inversión industrial, los dividendos han ido a la baja por la evolución de la compañía y el descenso de peso de La Caixa en 2016.

Reto 2: recuperar influencia

El reto de los dividendos va acompañado del de la influencia. El grupo que preside Isidro Fainé ha pasado de controlar Caixabank, Gas Natural y Abertis, y tener una gran influencia en Repsol e incluso en Telefónica, a quedarse con mando solo en el banco. Recuperar influencia no será fácil en un entorno de protagonismo creciente de los fondos de inversión, con mucha más capacidad de inversión. Además, son muchos.

La venta de Abertis se le escapó de las manos. Empezó casi como un juego con Atlantia: oferta de los italianos para seducir a Fainé y que se quedaran como segundo gran socio del mayor gigante mundial de las autopistas. La intromisión política, y la de Florentino Pérez, terminará con La Caixa sin una de las compañías que todavía controla, de las que le da mayores dividendos… y también influencia política.

La Caixa perderá Abertis y ha perdido influencia en Gas Natural casi sin saber cómo

En Gas Natural la situación no ha sido muy distinta. La entrada de GIP en 2016 significó el inicio de la salida de Repsol, que está a punto de culminar con la venta de un 20% a CVC y la familia March, y el inicio del reinado de los fondos.

La salida de Repsol de Gas Natural supondrá que, pese a que Criteria mantenga la mayoría (24,4%) y haya colocado a Francisco Reynés en la presidencia, dos fondos controlen el 40% y tengan más influencia en la gestión que Fainé, extrañamente dimitido a principios de febrero de la presidencia de la energética. En Repsol, Isidro Fainé perdió la batalla hace años contra Antoni Brufau, y la gestión es autónoma con Josu Jon Imaz como consejero delegado.

Lo perdido en influencia en los últimos años, pues, es más que notable, pese a que mantiene el control de compañías de menor tamaño, como Saba, y el grupo es el rey de los seguros en España. Pero fuera del sector financiero, los retos son gigantescos y urgentes.

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