Moda y perfumes, incapaces de rentabilizar las victorias judiciales sobre los falsificadores

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Los juzgados fijan indemnizaciones simbólicas a las empresas que copian los productos de las primeras firmas españolas

Cristina Farrés

Marc Puig brinda con el rey por el centenario de la firma y la última colección de Bimba y Lola | ED
Marc Puig brinda con el rey por el centenario de la firma y la última colección de Bimba y Lola | ED

08 de agosto de 2014 (19:47 CET)

Moda y falsificaciones son dos conceptos que van de la mano. Y, en pleno siglo XXI, las imitaciones no se encuentran exclusivamente en un almacén cutre o en el maletero de un coche. Ha sido uno de los gurús de la nueva hornada de diseñadores top, Olivier Rousteing, el alma máter de Balmain, quien aseguró hace tan sólo 15 días que estaba “encantado” de que el todopoderoso Inditex le copiara. "¡Amo ver un escaparate de Zara con algunas de mis prendas mezcladas junto a Céline y Proenza! Creo que es de genios. ¡Es incluso mejor que lo que yo hago!”, declaró al diario británico The Independent.

El creativo desde 2009 de uno de los grandes del sector ha optado por celebrar un movimiento que tacha de “genial”. Quienes deciden tomar la vía contraria se encuentran con más dificultades para alcanzar el objetivo final. En España, conseguir el reconocimiento de un tribunal de que alguien ha ido más lejos de lo recomendable al inspirarse en una creación propia es relativamente sencillo, pero sacar tajada del veredicto es más complicado. No lo han conseguido ni el gigante de los perfumes Puig ni las diseñadoras gallegas Bimba y Lola.

Control de los franquiciados


La empresa familiar catalana, controlada por la tercera generación de los Puig, intentó poner freno a los imitadores de sus perfumes estrella en los tribunales de Alicante. Consiguió una victoria a principios de año en primera instancia y la ratificación del auto en la Audiencia de Alicante en julio, pero no ha rentabilizado su victoria frente a las franquicias low cost Equivalenza.

El tribunal desestimó en su auto la alegación de los Puig para recibir una indemnización mayor a los 100.000 euros que se determinaron a principio de año como penalización por comercializar imitaciones de las fragancias con royalty Carolina Herrera, Puig Fragance y Antonio Puig. El tribunal determinó que el delito cesó en 2012, año en el que se escindió la sociedad Equivalenza Refan por una discusión entre los socios en dos empresas distintas.

¿Equivalenza ha dejado de vender perfumes como Ninna Ricci o Paco Rabanne? Oficialmente, sus franquiciados comercializan fragancias que se han creado en la empresa y se califican “por un sistema de familias olfativas” que se organizan por números. A la práctica, tal y como ha podido comprobar este medio, si se pide un perfume con nombre propio en un establecimiento de la compañía se puede adquirir una aproximación por un precio que no llega ni a la mitad que la marca oficial.

Faltas, no delitos

El caso de la firma capitaneada por las diseñadoras María y Uxía Domínguez, Bimba y Lola, es similar. A pesar de las 120 denuncias presentadas en 2013 y los 12.000 objetos falsificados intervenidos, los imitadores cometieron, legalmente, una falta y no un delito. No persistieron con la actividad ilícita y quienes comparecieron ante los tribunales eran los vendedores. Es decir, recibieron multas inferiores a los cien euros pagadas a lo largo de un mes.

La firma gallega es una de las más reivindicativas en el país a la hora de defender la propiedad intelectual. Las hermanas Domínguez, hijas de Jesús Domínguez, cofundador del grupo de moda gallego STL (gestiona las tiendas Carolina Herrera y Purificación García, entre otras), han llegado a equiparar el comprar un artículo falso con el tráfico de armas, la extorsión o el terrorismo.

Lo más rocambolesco de las diseñadoras es que ellas también fueron acusadas de violar la propiedad intelectual. En este caso, de robar el nombre de Bimba a la modelo y artista Bimba Bosé. Al final, la justicia falló a favor de las hermanas Domínguez.
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