"No nos enseñó nada, pero tuvimos publicidad" (los bendecidos por Chicote)

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Un grupo de restaurantes, que pasaron por 'Pesadilla en la cocina', sacan provecho de mostrar sus conflictos a toda España

Chicote en su paso por el restaurante El Rey, de Murcia.

Madrid , 31 de enero de 2017 (05:00 CET)

Cuando el programa del mediático chef Alberto Chicote, Pesadilla en la cocina (La Sexta) estaba a punto de emitir el capítulo del restaurante Segar de Madrid, su dueño Umar Gangaramani entró en pánico. De los anteriores nueve restaurantes que habían participado en la primera edición del programa, cuatro habían anunciado demandas contra el programa y otros cuatro habían cerrado.  

El dueño del restaurante entonces acudió con su abogado a las oficinas del programa para pedir que no emitieran el capítulo. Temía que su participación en la televisión pudiese suponer el entierro para un local que apenas contaba con tres meses de vida.  

"Estaba muy asustado porque pensaba que podía dar una imagen pésima del local. Pero el equipo del programa nos pidió que tuviésemos calma y que todo saldría bien. Entonces decidimos esperar a la emisión del capítulo con nervios", explica el dueño del local.  

Segar, en el barrio de la Guindalera, en Madrid, tuvo un resultado muy diferente al del resto de restaurantes que aparecieron en la primera temporada. A pesar de que Chicote se quejó del queso "plástico" y del arroz "poco aromático" y que mostró los conflictos de organización interna, clientes de todas partes de España comenzaron a llegar al local en masa.  

Pedían fotos con los propietarios, con el equipo y con los trabajadores. De forma sorpresiva, el reality emitido por La Sexta los había lanzado al estrellato. Al final de su aparición, el equipo dio las directrices para mejorar aún más el negocio. 

"Nos dijeron que teníamos que tener un menú más reducido, con un máximo de 15 platos, pero no le hicimos caso, porque eso no funcionaría. No nos enseñó nada nuevo, pero tuvimos una publicidad enorme", explica el propietario.  

Ventas multiplicadas  

El enorme eco del programa ha generado resultados muy diferentes para los restaurantes. Un grupo de propietarios de locales han formado una asociación de afectados que se dedica a llamar a todos los empresarios que han aparecido en el programa.  

Acusan a los productores de "fabricar suciedad", "exagerar los conflictos" y "dar una imagen distorsionada" para lograr más audiencia. Todas las quejas han sido desmentidas por el programa que asegura ofrecer una imagen fiel sobre los conflictos en los restaurantes.  

Los asociados se pusieron en contacto con el dueño de Sagar, pero no aceptó ingresar en ese grupo. Guarda una excelente relación con Chicote y las promesas ofrecidas por el programa se cumplieron. Obtuvieron una publicidad impagable para un restaurante pequeño y el éxito de audiencia se transformó en el aumento de comensales.  

Los comensales dirigidos  

Tal como algunos espectadores del programa pueden imaginar, los comensales que aparecen en el programa no pasaban por casualidad durante las grabaciones, sino que fueron llamados por el equipo para generar situaciones tensas o vistosas frente a las cámaras. Su selección forma parte de un trabajo de pre-producción de unos tres meses de duración en lo que casi nada queda fuera del libreto. Nada nuevo en el mundo de los realities.
   
"Es un espectáculo producido. Me pidieron unas cervezas y a los pocos segundos ya se estaban quejando de que no llegaban", explican en el restaurante Sagar, uno de los bendecidos por la llegada de Chicote.  

Los locales elegidos tienen que superar un largo y complejo proceso de casting. La productora, Warner, recibe centenares de llamadas de locales de toda España que quieren exhibir sus conflictos en la cocina. Mostrar comida congelada o camareros exaltados puede suponer un trampolín a la fama.   

Es el caso del restaurante El Rey, de Murcia, que disparó su popularidad al despedir frente a las cámaras a su responsable de cocina. Su propietaria, Beatriz, cuenta que el programa no les ofreció grandes conocimientos gastronómicos ni un novedoso plan de negocios, sino publicidad.  

"Estábamos asustadas por lo que podría salir, pero el resultado fue en un 99% positivo. Tenemos muchas más visitas y muchos comentarios en las redes sociales. No nos pidieron que despidiéramos al responsable de cocina, sólo que nos preguntaban cómo íbamos a resolver la situación. Y lo despedimos en directo. Al final, hicieron el programa, creo, con la intención de beneficiarnos", explica la dueña del local.  

En medio de la entrevista con este medio, su madre, interviene, le recrimina que dé información a los periodistas de su aparición por el programa. Corta las declaraciones con su hija y se adueña del teléfono. "¿Quién es usted? ¿Cómo sé que realmente es un periodista? Si quiere una entrevista, venga en persona que estas cosas no se pueden hablar por teléfono", interrumpe la mujer de forma alterada y liquida la entrevista de su hija.

Es el final perfecto para un capítulo de televisión. Justo lo que busca Chicote y su equipo para mantener en vilo a la audiencia. No necesita grandes condimentos. En empresarias como ella reside el éxito del equipo de casting y del propio programa. Ellos son el ingrediente que mantiene alimentado el negocio.
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