Nuevo golpe a las renovables: la huida de los chinos hunde a Solaria

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Condiciones inasumibles de la multinacional Hengdian llevan al cierre de la planta de Puertollano

Planta de Solaria en Pontinia, Italia.

16 de febrero de 2014 (20:06 CET)

Desde que en 2008 el primero de los decretos del Gobierno pusiera en alerta el futuro de las energías renovables en España, a las empresas de este sector no les ha quedado otra que salir al exterior en busca de nuevos caladeros donde colocar aerogeneradores o paneles solares fotovoltaicos, para tratar de compensar la caída de las ventas en el mercado nacional.

Ahora, con la nueva vuelta de tuerca de la nueva regulación en materia de retribución a las energías renovables, muchos de estos pequeños productores no podrán seguir adelante ante la imposibilidad de afrontar los vencimientos de las deudas contraídas. Y a los fabricantes se les fracciona una veta de negocio que, si bien ya venía dando unos resultados cada vez más raquíticos, todavía servía para lograr algunas ventas, con lo que esa apertura hacia nuevos mercados ya se ve, en muchos casos, como la única alternativa.

El contrato

Pero en el exterior tampoco las cosas tampoco resultan fáciles, y la firma de acuerdos estratégicos, en muchos casos, no se sustancian finalmente en contratos reales. Que se lo digan a Solaria, la empresa fabricante de paneles solares fotovoltaicos fundada en 2002 por la familia Díaz-Tejero.

Confiaba en suministrar a la empresa china Hengdian 100 megavatios de módulos fotovoltaicos bajo un contrato de un año de duración, prorrogable a dos. Pero el proyecto se ha ido al garete. Tras el pedido de prueba de 1.200 paneles producidos el pasado mes de enero, ambas empresas han roto el pacto suscrito en julio de 2013. El bajísimo coste que los chinos estaban dispuestos a soportar resultaba inasumible para Solaria.

El cierre de Puertollano

Y las consecuencias de la espantada china no han tardado en producirse. O se firmaba este contrato o la fábrica de Puertollano, en Ciudad Real, se cerraba. Y así ha sido. Esta semana la empresa se lo ha comunicado a los representantes de los algo más de 200 que todavía permanecían en plantilla. En un mes, si no hay marcha atrás, se pondrá fin a la presencia de Solaria en esta localidad desde hace diez años.

A partir de aquí, las especulaciones sobre el futuro de Solaria se han disparado. Unos creen que se trata de un punto de no retorno para la compañía, mientras que otros ven en el cierre de la planta de Puertollano un paso hacia la deslocalización de la producción en otras zonas a un menor coste.

La salida a Brasil

En este sentido, como la propia sociedad reconoce, “se busca incrementar la capacidad de producción en países como Brasil para acercarse al consumidor final”. No en vano, las ventas en este país han aumentado de manera exponencial.

Al finalizar el tercer trimestre de 2013, Brasil era ya el tercer país que más aporta a las ventas de Solaria, tras Italia y España, al pasar de poco más de 320.000 euros a más de 4 millones. Cantidad que seguirá aumentando con acuerdos como el firmado el pasado octubre con Iguaçú Geração de Energía para la implantación y ejecución de proyectos solares fotovoltaicos llave en mano.

Las primas extinguidas

Otras empresas, como Gamesa, también aguantan el embate de la crisis con la venta en el exterior de sus palas de aerogeneradores, especialmente a países como Egipto, México e Irlanda. Pedidos que, a pesar del despido de 400 empleados, sirven para mantener abiertas las plantas en España.

Entre los grandes, los equipos jurídicos de Acciona e Iberdrola, las dos empresas con un mayor exposición a energías renovables, siguen echando números sobre el impacto de los recortes, en base a esa Orden Ministerial que sigue sin publicarse en el Boletín Oficial del Estado.

Dando por buena la reducción de las primas al régimen especial en 1.750 millones de euros, desde los 9.000 millones de 2013, y la eliminación de las primas a las plantas de cogeneración anteriores al 2004 por haber superado una rentabilidad razonable, Iberdrola acarrearía en sus cuentas de 2014 un impacto de unos 300 millones de euros, en torno al 2% sobre el Ebitda. En el caso de Acciona, aunque serían poco más de 200 millones, la repercusión sobre el Ebitda sería muy superior, cercana al 10%.
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