Pemex se considera primer accionista de Repsol y reactiva el enfrentamiento con Brufau y Sacyr

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PUGNA POR EL CONTROL

El presidente de Repsol, Antoni Brufau

18 de enero de 2012 (20:39 CET)

Vuelve a reactivarse el conflicto entre Antoni Brufau, presidente de Repsol, y la mexicana Pemex y entre ésta y Sacyr. Tras unas semanas de calma aparente en la relación triangular que les une, ésta se ve agitada de nuevo ante la insistencia de los mejianos en la validez del pacto de sindicación que firmaron en agosto con la constructora para hacerse con el control de la petrolera y que les convierte en el primer accionista de la sociedad.

Pese a que Sacyr vendió hace unos días la mitad del paquete que aportaba al pacto de socios, es decir, el 10%, a la propia petrolera, Pemex considera que la alianza para actuar el unísono en el seno del consejo de administración está en vigor, es decir, que es junto a Sacyr el accionista de referencia de la sociedad, con el 19,5% del capital, por delante del socio histórico de la petrolera, La Caixa, que controla el 12,5%, según distintas fuentes cercanas al conflicto.

Sacyr, por su parte, ha manifestado que considera roto el pacto y los abogados de los todavía socios negocian desde hace semanas una difícil solución a este enfrentamiento, ya que Pemex considera que el anuncio fue unilateral por parte de la constructora y que en caso de deshacerse lo acordado tendría derecho a percibir de Sacyr la compensación económica prevista en el citado pacto.

La actitud de Pemex irrita en gran manera a Brufau, porque las heridas del asalto de agosto siguen abiertas con los mejicanos y sobre todo porque éstos siguen cuestionando en ciertos círculos la gestión del presidente y el hecho de que, a su juicio, defienda sus propios intereses y no los de la petrolera. Para ello esgrimen variables clave como la evolución de las cuentas de la sociedad, según las fuentes citadas.

Por eso, la empresa que dirige José Suárez Coppel no quiere aparentemente abandonar la costosa apuesta que inició el pasado verano de la mano del entonces presidente de Sacyr, Luis del Rivero, enfrentado también abiertamente a Brufau. En ese envite invirtió la mejicana 1.200 millones de euros con los que compró un 4,5% de capital adicional sobre el 5% que ya tenía.

Ganar más peso

Ahora baraja comprar más acciones de la española e incrementar su peso en el consejo de administración, con un consejero más o incluso con una vicepresidencia, según las mismas fuentes. Para lograrlo sin necesidad de inciertos y costosos pleitos judiciales –véase el caso de ACS en Iberdrola- necesita el visto bueno de Brufau y éste no está dispuesto a dárselo, al menos por ahora. La palanca que puede hacer fuerte a Pemex en sus pretensiones es la vigencia del pacto de accionistas con Sacyr y negociar sobre su posible disolución.

Sin embargo, las declaraciones oficiales de Pemex son manifiestamente ambiguas al dejar abierta la puerta a aumentar o reducir su peso en el accionariado de Repsol. Sus portavoces se remiten al mensaje incluido en el comunicado oficial emitido el pasado día 6, donde también se pone el acento en que se busca la normalización de las relaciones con todos los accionistas de la petrolera y con sus administradores.
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