Grúas de construcción en una nueva promoción urbanística en las afueras de Madrid, el 29 de febrero de 2016. REUTERS/Susana Vera

Puesta al día de la crisis del ladrillo en la banca

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La exposición de los bancos a constructoras como Sacyr, Isolux, Comsa o Copisa crece, aunque las entidades la contrarrestan vendiendo créditos dudosos

Xavier Alegret

Grúas de construcción en una nueva promoción urbanística en las afueras de Madrid, el 29 de febrero de 2016. REUTERS/Susana Vera

Barcelona, 02 de enero de 2017 (06:00 CET)

Este 2017 se cumplirán nueve años desde el estallido de la crisis inmobiliaria y financiera. En este tiempo, España ha tenido que rescatar bancos, infectados de créditos fallidos y ladrillo con poco valor. El sector financiero ya se encuentra en plena recuperación, pero su exposición a la construcción no cesa. Las últimas semanas de 2016 dejaron buen testimonio de ello.

Compañías como Sacyr, Isolux, Comsa o Copisa tienen en común que todavía no han despegado del aterrizaje forzoso de la crisis del ladrillo… y que siguen necesitando de la asistencia de la banca para sobrevivir. Directa o indirectamente, los bancos influyen en su toma de decisiones. Eso sí, obligados por las circunstancias, ya que son compañías que no pueden hacer frente a sus obligaciones para con las entidades.
 
De Isolux a Sacyr  

A dos días para terminar 2016, Manuel Manrique comunicó que rebajaba su participación en Sacyr del 4,3% al 1,86%. El presidente de la constructora se vio obligado a ello: al no poder devolver un crédito de 80 millones de euros al Sabadell, traspasó un 2,4% de Sacyr al banco. De esta manera, la entidad que preside Josep Oliu se encontró, en plena recuperación de la crisis del ladrillo, en el accionariado de una constructora.
 
No es un caso aislado. También el año pasado, la banca tomó el control de Isolux Corsan, constructora de infraestructuras, tras un largo culebrón para echar a su presidente, Luis Delso. Tras ello, y un pacto entre accionistas y acreedores, los bancos y bonistas tomaron el 94,57% de la empresa. Las participaciones de Luis Delso y José Gomis, antiguos accionistas mayoritarios, quedó reducida al 5,43%.  

Entre Caixabank, Santander, Bankia, Sabadell e ING concentran más del 30% de las acciones de Isolux. Ahora su principal accionista es el banco dirigido por Gonzalo Gortázar, con un 14,36% de las acciones.  

Una situación distinta, pero que también tiene su origen en la crisis del ladrillo, es la de Merlin, la mayor socimi de España. Tras la compra de Metrovacesa, la que había sido primera constructora del país y que terminó en manos de los bancos, tres entidades entraron en el accionariado de Merlin: BBVA (6,4%), Popular (2,8%) y, como primer accionista de la socimi, el Santander (22,2%).  

A medio camino

Hay otras compañías en las que los bancos no han entrado del todo pero han puesto ya un pie. Es el caso de constructoras de obra pública como Copisa o Comsa. En este último caso, el acuerdo se firmó en el tiempo de descuento, sólo dos días antes de fin de año.    

En ambos casos se ha seguido el mismo patrón: hartas de ir refinanciando la deuda millonaria de las constructoras, sin que éstas terminen de ver la luz al final del túnel, han vuelto a salvar a las compañías –por la cuenta que les trae–, pero se han guardado un as en la manga.  

Los bancos acreedores de estas dos constructoras catalanas, entre los que se encuentras todos los grandes y medianos, han refinanciado la deuda, pero una parte con un préstamo convertible. Las entidades exigen desinversiones a Comsa y Copisa, pero si no lo hacen o no cumplen con los objetivos, no podrán devolver los créditos y terminarán recalando en su accionariado.  

Por lo tanto, la exposición al ladrillo no ha caído a pesar del tiempo transcurrido. Lo que sí ha reducido la banca es su cartera de créditos dudosos. En los últimos días del año lo hicieron Caixabank y Sabadell. En ambos casos se trata de deuda hotelera, por 250 y 364 millones respectivamente, herencia también del fin de la burbuja inmobiliaria.
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