Puigdemont concluye el diseño de su Generalitat paralela en Bruselas. EFE
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Los consejeros delegados de las IBEX pierden el miedo a expresarse sobre Cataluña. Aún lo hacen bajo confidencialidad, pero ya es una evolución

Madrid, 29 de enero de 2018 (04:55 CET)

Los mayores ejecutivos del IBEX hablan ahora con desparpajo sobre Cataluña. Perdón, sobre “el procés”. La llegada del artículo 155, la huida a Bruselas del errabundo Carles Puigdemont, las posteriores elecciones y el momento actual, en el que, incluso, una investidura por güija estuvo o está sobre la mesa del filiforme Roger Torrent, aunque parezca chocante, relaja a los primeros espadas empresariales.

Apenas muestran resistencias a expresar sus opiniones sobre el asunto y compartir, inclusive, propuestas políticas. Lo hacen en estricta confidencialidad. Así que no identificaré a los interlocutores. Cuando se lancen a pregonar sus puntos de vista en la plaza mayor significará que “el procés” ha terminado. Imaginemos que Puigdemont jamás querrá escuchar en rueda de prensa a Isidro Fainé hablando sin cortapisas sobre el tema. Menudo bajón…

Una IBEX de 40.000 millones justifica su silencio sobre Cataluña: “no debemos inmiscuirnos en asuntos políticos: no es nuestra función”

¿A qué se debió tanto silencio?

Ahora se sueltan. La primera pregunta parece lógica. ¿Por qué no se explicaron antes con mayor transparencia?, lanzo al consejero delegado de una firma con 20.000 millones en capitalización. ¿No cree que la sociedad en su conjunto habría tomado decisiones –en referencia al 1-O— sabiendo de ustedes todo lo que está en juego? Respuesta: “no es papel de una empresa tomar parte en este tipo de situaciones”.

Mismo hilo argumental en una sociedad de entre 40.000 y 50.000 millones. ¿Y la tan renombrada responsabilidad social?, insisto. “No debemos inmiscuirnos en asuntos políticos: no es nuestra función. La RSE es otro tema”. ¿Y cuando, por ejemplo, los bancos financian partidos políticos… no se inmiscuyen? “Me consta que los tratan como clientes”. Pero al resto de clientes no les condonan los préstamos. “No suelen condonar nada, esa etapa hace años que pasó…”.

La conversación se puso tensa y no procedía romper cuerdas: en este caso, su criterio y acotaciones sobre la financiación a partidos es rigurosamente cierta. Las leyes son mucho más restrictivas que antaño.

Las IBEX, en el mejor de los casos tenían miedo al boicot; en el peor, no supieron qué legumbres se cocían en Cataluña hasta que sirvieron el plato hirviendo

Miedo al boicot

Igual que nadie escuchó a José María Aznar hablar catalán en la intimidad antes de que aprendiera inglés, tampoco hay ser vivo conocido que percibiera con alguno de los cinco sentidos las verdaderas razones de una IBEX para callar, máxime cuando había firmas menores que sí hablaban en un sentido u otro (Naturhouse, Freixenet, Bonpreu…. ). Tres motivaciones explican el silencio previo al 1 de octubre: dos deducidas, a riesgo de equivocación, y una factual.

En el mejor de los casos tenían miedo al boicot; en el peor, no supieron qué legumbres se cocían en Cataluña hasta que sirvieron el plato hirviendo. Ya tienen algo más en común con la Moncloa. La razón contrastada, la tercera, es que las firmas que se expresaron no están cotizadas o si fluctúan, están presentes en índices menores. Era (es) una cuestión de gestión del riesgo y de pérdida de valor. Suficiente impacto tuvieron algunas IBEX sin siquiera levantar la mano.

Los primeros pasos de Torrent generan división entre las IBEX. Para unos, “va tras los pasos de Forcadell”; a otros les “parece prudente y sólo participa de los planes para quemar a Puigdemont”

¿Qué ha cambiado?

En el mapa de trances de las IBEX, el asunto catalán pierde tonalidades. A su juicio, coinciden, en que “el procés” ha quedado reducido a la gestión de los problemas personales de los líderes políticos que lo impulsaron; particularmente de Puigdemont. “Sólo busca una salida. Es patético. Al menos (Oriol) Junqueras se presentó ante el juez”, aprecia el consejero delegado responsable de 10.000 millones de euros en capitalización.

Las grandes destacan que en Cataluña se ha enterrado la unilateralidad. Los primeros pasos de Torrent generan división de opiniones. Para unos, “va tras los pasos de (Carme) Forcadell”; a otros les “parece prudente y sólo participa de los planes de Esquerra para quemar a Puigdemont”. La desactivación esta semana del candidato de Junts per Cataluña tendría el mismo efecto para el grueso de las IBEX que un desayuno basado en tortillas de tranquimazin.

Si un consejero delegado tuviera que gestionar la situación, actuaría sobre el 33% de personas con posiciones oscilantes. Abandonaría la política de bloques

La solución del IBEX

Los pocos nervios que aún resisten se apaciguarían en escasos minutos. Y no sólo en el ámbito de las grandes cotizadas. Esa paz interior calaría y sería el momento de abordar el escenario “con cierta inteligencia”. El diagnóstico sobre Cataluña es el siguiente: un tercio de la población anhela la separación, otra fracción ligeramente más numerosa desea continuar junto a España. El último 33% oscila. Y este último grupo tiene la clave.

Si un consejero delegado tuviera que gestionar la situación, actuaría sobre el 33% de personas con posiciones oscilantes, no sobre las ya convencidas. Es decir, abandonaría la política de bloques.  “Quien tenga éxito ante ellos, ganará Cataluña”. Mensaje con destino a la Moncloa: “falta inteligencia emocional y relato”, clama un director general de una indexada valorada en 25.000 millones.

El efecto sorpresa, por muy imaginativos que sean Junts per Catalunya y Esquerra, está, dicho en términos de mercado, descontado por las IBEX

Todo está descontado

Nuevamente, Cataluña entra en una semana decisiva. Ya van más que los partidos del siglo entre FC Barcelona y Real Madrid; más que capítulos tuvo el culebrón ‘Nissaga de poder’ (TV3)… más semanas decisivas que el pelazo de Puigdemont. Pero ésta es diferente. Al menos el IBEX ha comprendido que “el procés” está planteado ahora como una “guerra de guerrillas” en la que “todo puede valer” para salvar al expresidente de la Generalitat.

El efecto sorpresa, por muy imaginativos que sean Junts per Catalunya y Esquerra, está, dicho en términos de mercado, descontado.

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