¿Qué esconde Rosa Eritja?

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La presidenta que firmó la defunción de la Confederació de Comerç de Catalunya no se atreve a plantar cara al que considera el gran culpable, Miquel Àngel Fraile

Maria Rosa Eritja, presidenta de la Confederació de Comerç de Catalunya / XA

Barcelona, 15 de diciembre de 2016 (06:00 CET)

Maria Rosa Eritja, una auténtica desconocida hace apenas dos años, es hoy una de las personas más buscadas en relación a la mayor quiebra de una organización empresarial en España: la de la Confederació de Comerç de Catalunya (CCC), que presentó concurso de acreedores con un agujero de unos cinco millones de euros.

Todas las culpas recayeron en Miquel Àngel Fraile, secretario general desde la fundación de la CCC, en 1985, hasta su surrealista despido, en mayo. Según el administrador concursal, hay indicios de delito en "determinadas actuaciones" suyas. Pero a pesar de ello, y de que Eritja, presidenta de la CCC, y su junta, le culpan, no hay denuncias contra él.

¿Por qué no le demandan? ¿Qué ocultan Eritja y su junta para no personarse contra el que señalan públicamente, y ante el administrador concursal, como el culpable del fin de la Confederació?

Silencio absoluto

La última presidenta de la CCC se esconde. Economía Digital ha intentado reiteradamente contactar con ella para que dé su versión, pero no responde. No es nuevo: ya intentó firmar un pacto de silencio de la junta cuando explotó el escándalo de Fraile, y no informó de la situación de la organización a los socios, según explicaron algunos de ellos a este medio.

El motivo, cuentan varias fuentes cercanas a la patronal, es el miedo. Eritja tema que la bancarrota de la CCC salpique a su junta y a ella misma. Como máxima autoridad de la Confederació, la junta podría tener responsabilidad en el agujero patrimonial y en el posible delito contra los centros de formación.

Así lo transmitió a sus miembros después de despedir a Fraile. Ordenó callar a su junta y utilizó a su mano derecha, la delegada en Lleida, Rosa Armengol, para implantar el voto de silencio entre el resto de delegados. Lo hizo bajo la amenaza de que, si se descubría el pastel, todos podían salir salpicados por el hecho de formar parte de la junta.

Demostrar que no sabía nada o cruzar los dedos

Dos vías pueden salvar a Eritja: la primera, no denunciar, que ni el administrador concursal ni el juez actúen de oficio y que nadie más emprenda acciones legales. El peligro (para ella) es que el administrador ya ha observado indicios de delito y que los centros de formación se están planteando acciones legales contra Fraile y también contra ella y la junta de la CCC. Mal asunto.

La segunda vía es demostrar que, como asegura, Fraile engañó a la cúpula de los comerciantes catalanes con las cuentas. Para ello, debería empezar por poner una demanda. Resultaría más creíble que con un texto entregado al administrador, sin denuncia ni pruebas.

Pero aún así, tampoco lo tiene fácil. Aunque fuera cierto que no conocía el estado real de las cuentas de la CCC, ni las prácticas de Fraile, el juez podría preguntarse cómo puede ser que, tras 12 años en la junta, nunca viera nada raro ni pidiera explicaciones, sólo dijera amén a todo.

La apuesta de Fraile

Tampoco está tan claro que no supiera nada. Maria Rosa Eritja llegó a la presidencia a mediados de 2015, tras la muerte de Pere Llorens, histórico presidente desde la fundación de la patronal, haciendo tándem con Fraile. Pero era vicepresidenta de la CCC desde 2004, cuando accedió a la presidencia de los comerciantes de Lleida.

Cuando Llorens falleció, Fraile apostó por Eritja. Fuentes cercanas a la patronal creen que el ex secretario general la veía como el continuismo, aunque lo que más pesó fue que creía que podría dominarla y seguir actuando a su antojo. A pesar de ser un cargo ejecutivo, la voz de Fraile era casi sagrada, por la que no hubo discusión y Eritja ganó.
 
Las mismas fuentes aseguraron que esta comerciante de Lleida no era del todo ajena a lo que sucedía en la organización. Cuando se postulaba para presidirla, algunos empresarios le advirtieron de que fuera con cuidado porque había "cosas raras". De hecho, por ello fue apartado de la dirección del Consell de Gremis.

Desoyó las advertencias

Eritja no escuchó estas voces. Pensó que era una estrategia del lobby de los comerciantes de Barcelona, que perseguían el control de una de las mayores patronales de Cataluña y no querían a una vendedora de ropa de provincias de presidenta.

Cuando accedió al cargo, Eritja continuó confiando en la mayoría de la junta que ya estaba con Llorens: desde Emiliano Maroto, secretario general adjunto a Fraile, hasta Faustino Mora, presidente de los comerciantes de los mercados municipales. Con quien no contó fue con Miquel Donnay, el presidente del Consell de Gremis que sí prescindió de Fraile.

Por todo ello, algunas fuentes creen que, si bien no estaba en el ajo, debió de olerlo. Y si no lo hizo, tendría que revisarse el olfato.
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