Dos motocicletas de Stuart en Madrid.

Stuart rompe el negocio del delivery pagando más y cobrando menos

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La empresa francesa Stuart crece con fuerza frente a Deliveroo, Glovo y UberEats, pagando más a los conductores y cobrando menos. ¿Cómo lo hace?

Madrid, 03 de octubre de 2017 (04:55 CET)

Las motos negras comienzan a popular por las ciudades de la mano de una nueva empresa en el negocio de la entrega de comida a domicilio. Stuart comienza a comer terreno a todos sus competidores del sector con una apuesta arriesgada pero efectiva: cobrando menos a los restaurantes con los que trabajan y pagando más a los motoristas y ciclistas que reparten.

La francesa Stuart, que pertenece a La Poste, la compañía que tiene la mayoría accionarial de Seur, recibió 22 millones de euros en la última ampliación de capital que le ha permitido a la start-up expandirse con fuerza en España, Francia y Reino Unido.

Con equipo de programadores y tecnólogos en Barcelona y París, Stuart paga, en promedio, entre 8 y 9,5 euros la hora, “el 50% más que el salario mínimo interprofesional”, explican los portavoces de Stuart España.

Stuart presume de pagar a sus conductores entre 8 y 9,5 euros la hora, 50% más del salario mínimo 

Un conductor que trabaja como repartidor en varias empresas del sector explica que Stuart ofrece un salario mayor al de otras compañías como Deliveroo y Glovo. “Se gana mucho más aunque todavía tiene una actividad más reducida. Pero conozco a muchos conductores de Deliveroo y Glovo que han pedido cambiarse a Stuart. Es mucho más rentable”, explica el conductor que trabaja en horas nocturnas para Stuart.

La empresa de capital francés está negociando con grandes cadenas de restaurantes para ofrecer servicios más económicos que sus competidores. Y la fórmula de Stuart agrada a los restaurantes. A diferencia de Glovo o Deliveroo, no cobra un porcentaje de la facturación a los restaurantes, sino que factura por envío. 

El esquema de cobro

Stuart no sólo paga más a los repartidores sino que, en buena parte de los clientes, también cobra menos. Ahora cuenta con importantes clientes dentro y fuera del sector de la comida como KFC, Decathlon, Carrefour y Zalando. Una importante cadena de comida rápida explica las condiciones de pago que mantiene con la compañía y que resulta, en gran medida, ventajosa. “Venden el servicio con un listado. Hasta 3,5 kilómetros cobran entre 5 y 6 euros por envío. El esquema sale mucho más rentable cuando los pedidos son de cantidades elevadas porque la comisión que tenemos que pagar por delivery es mucho menor que el resto de la compañías que cobran una comisión fija sobre el pedido”, explican los responsables de una cadena que ha decidido trabajar con la nueva distribuidora.

“En un pedido de 40 euros, por ejemplo, a Stuart le podemos pagar 6 euros, pero a otro competidor tendríamos que pagar unos 13 euros por el mismo envío”, añade.

Las compañías como Glovo o Deliveroo cobran a los restaurantes una comisión fija del 30% de la facturación, pero Stuart cobra solo entre 5 y 6 euros por envíos cercanos

Aunque la cadena trabaja con tablas fijas, negocia los precios en función de la facturación de cada cadena de restaurante, según explican fuentes cercanas a la compañía. No es una práctica demasiado distinta a la que aplican Glovo, Just Eat, Deliveroo o UberEats, tres de las grandes del sector que negocian con cada restaurante en función del volumen de negocio.

A diferencia de Just Eat, Stuart no es un marketplace, sino que reparte la mercancía que los usuarios compran directamente en la web de los restaurantes. Stuart muestra sus ventajas sobre la competencia, presume de mejor plataforma tecnológica que el resto, pero aumenta las dudas generales del sector. ¿Hay espacio para todos?

El negocio de la entrega de comida a domicilio sigue siendo un negocio en pérdidas y Deliveroo, Glovo, Just Eat, UberEats y ahora Stuart están muy lejos de alcanzar la rentabilidad. Todo es cuestión de dinero y aguante. Y Stuart tiene capital para aguantar ofreciendo mejores precios tanto a los trabajadores como a los restaurantes. La pregunta es hasta cuándo. 

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