Argelia rebaja el conflicto comercial con España tras la advertencia de la UE

La República de Argelia mantendrá la ruptura del Tratado de Amistad pero asegura que ello no implica un conflicto con el compromiso de suministro de gas a los países de la UE, incluido España

Playa de Beni-Saf en Argelia, donde inicia el gasoducto Medgaz que trae gas a España

Argelia da marcha atrás en su congelación de las relaciones con España y, pese a la ruptura del Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación con España, un pacto que llevaba 20 años en vigor, el país africano ha asegurado este viernes que sí mantendrá las relaciones comerciales con España.

Después de que a lo largo de esta semana se anunciara la ruptura del mencionado tratado, así como también la congelación de las actividades comerciales entre ambos países, lo que ponía en peligro las importaciones de gas argelino a España en un momento clave como es el actual debido a las sanciones económicas que pesan sobre Rusia, la misión del país en la UE ha denunciado «precipitación» por parte del Ejecutivo Comunitario.

No es casualidad, ya que desde el momento en el que la República de Argelia anunció medidas tras el viraje diplomático del Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con respecto a su postura con el Sáhara Occidental, el gobierno socialista se ha estado preparando para evitar los nefastos efectos a nivel económico y energético que esto podría causar.

Es por ello que el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, canceló ayer su viaje a EE.UU para viajar a Bruselas para pedir el apoyo de la Comisión Europea y que tomara partido, evidentemente, salvaguardando los intereses económicos de España.

Al término de la jornada, la UE ha resuelto que, efectivamente, la ruptura de los tratados comerciales y empresariales entre las compañías de ambos países que garantizan el suministro de gas, supondría una violación de los mismos y la UE apoyaría a España, que ha amenazado con llevar el asunto a tribunales internacionales.

El Gobierno argelino ha detallado así que mantendrá la ruptura del tratado de amistad. No obstante, seguirá manteniendo el flujo de gas entre el norte de África y la Península Ibérica, un elemento clave en la coyuntura europea debido a las plantas de regasificación de España y la necesidad comunitaria de desprenderse de la dependencia del gas ruso. Si bien esta desconexión pasará irremediablemente por el cambio a las renovables, todavía es necesario mantener el gas natural.

«La Comisión Europea reaccionó sin consulta previa ni verificación alguna con el Gobierno argelino, a la suspensión por parte de Argelia de un tratado político bilateral con un socio europeo, en este caso España, sin asegurarse de que esta medida no afecta directamente a ninguno de los dos o indirectamente sus compromisos contenidos en el Acuerdo de Asociación Argelia-UE», ha indicado en un comunicado la embajada argelina ante las instituciones europeas.

Y es que la UE representa el 46,7% del total de las transacciones del país, según datos de la Comisión fechados en 2019.

20 años de tratado borrados en pocas horas

La noticia estallaba hace tan solo dos días, cuando el Gobierno de Argelia, que había mantenido un tratado de amistad y cooperación con España desde hace 20 años, dinamitaba las relaciones diplomáticas como consecuencia del viraje en materia de política exterior llevado a cabo unilateralmente y en secreto por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Argelia, enfrentada a Marruecos, ha defendido siempre el derecho de autodeterminación del Sáhara Occidental, región ocupada por Marruecos desde 1975 tras la marcha de España, país hasta entonces administrador de la región. Las resoluciones de la ONU siempre se han orientado a que no hubo un proceso de descolonización y corresponde a esa zona determinar su futuro.

A su vez, Marruecos, aliado de EE.UU, ha mantenido el control sobre la región y, cíclicamente, ha tensado sus relaciones diplomáticas y comerciales con España. La última ocasión fue durante el pasado 2021, cuando la monarquía Marroquí abrió fronteras permitiendo el paso descontrolado de personas migrantes a Ceuta y Melilla. Además, retiró a su embajadora de España. Todo se debió a que España acogió de forma clandestina al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, para poder tratarlo de coronavirus.

Desde entonces, las conversaciones entre Marruecos y España han sido tensas, pero el pasado mes de marzo las relaciones bilaterales dieron un giro al hacerse público per medio de una filtración desde Rabbat de un acuerdo alcanzado entre ambos países. Según dicho acuerdo, Marruecos renunciaría a las reclamaciones territoriales sobre Ceuta y Melilla y se reanudarían las relaciones. A cambio, Sánchez aceptaba la pertenencia del Sáhara Occidental a Marruecos, aunque en un régimen autónomo.

Desde entonces, el aliado histórico de España en la región, Argelia, se ha ido alejando, una realidad que se plasmó cuando esta misma semana Pedro Sánchez acudió al Congreso para dar explicaciones por el cambio de rumbo con un discurso en el que ensalzaba las relaciones bilaterales con Marruecos, relegando a un segundo plano las relaciones con Argelia.

Un Congreso de los Diputados confundido y desorientado

La publicación de la noticia pilló por sorpresa a todos los miembros del congreso de los Diputados. Tan es así que incluso los socios de gobierno, Unidas Podemos, aseguraron no haber tenido conocimiento previo y se unieron a la protesta colectiva de la que han formado parte la mayoría de los grupos de la oposición.

Desde el PP, su líder, Alberto Núñez Feijóo, criticaba las acciones del Gobierno así como también el silencio con el que se había llevado las negociaciones. Por su parte, Ciudadanos pedía la reprobación del ministro de Exteriores y Vox, directamente, la dimisión de Sánchez.

Las críticas, no obstante, no han llovido solo desde el eje de la derecha española, sino que los socios habituales del Gobierno del espectro de la izquierda también han clamado contra esta decisión.

Uno de los críticos con este cambio, Aitor Esteban (PNV) reflexionaba acerca de qué clase de presiones podía estar recibiendo Sánchez para haber llevado un cambio tan relevante para la política exterior española con tanto secretismo, sospechas, por otra parte, que Feijóo se hacía suyas.

Andoni Berná Calvo