De empresario a avicultor, el nuevo negocio de José Elías: 6.200 gallinas que ponen 5.700 huevos diarios
El empresario impulsa la transformación de la explotación hacia el huevo campero y planea ampliar terreno para reforzar producción y bienestar animal
José Elías en su nueva granja de gallinas ponedoras. Foto: YouTube
José Elías, conocido por su trayectoria al frente de grandes compañías energéticas y de distribución, ha sorprendido al mercado con un giro empresarial poco habitual: la compra de una granja de gallinas ponedoras. El fundador y presidente de Audax Renovables, además de propietario de la cadena de congelados La Sirena, ha decidido diversificar su actividad con un proyecto agroalimentario que ya está en plena producción.
La explotación adquirida, que opera bajo la denominación Avícola Green SLU, alberga actualmente unas 6.200 gallinas capaces de producir alrededor de 5.700 huevos diarios. Se trata de una instalación en funcionamiento que Elías pretende modernizar y reorientar hacia un modelo más vinculado al bienestar animal y al segmento premium del mercado.
El anuncio no se realizó a través de un comunicado corporativo tradicional, sino en su canal de YouTube, donde el empresario comparte con frecuencia detalles de sus inversiones y reflexiones sobre negocios. Allí mostró las instalaciones, presentó al equipo y explicó las claves de una operación que combina rentabilidad, memoria personal y visión de futuro.
Una granja con historia y vocación de cambio
La explotación funciona actualmente bajo el denominado Código 2, lo que significa que las aves se crían en suelo dentro de nave, sin estar en jaulas, pero tampoco con acceso al exterior. Este sistema, cada vez más extendido frente al modelo enjaulado, supone un paso intermedio en términos de bienestar animal.
Sin embargo, la ambición de Elías va más allá. Su objetivo es transformar la instalación para que las gallinas puedan salir al aire libre y producir huevos camperos, identificados como Código 1, una categoría con mayor valor añadido en el lineal del supermercado. Para ello será necesario adaptar espacios y, previsiblemente, ampliar la superficie disponible.
El empresario ha reconocido que el cambio requerirá inversión adicional y planificación técnica, pero considera que el mercado demanda cada vez más productos vinculados a estándares superiores de cría. La transición hacia el huevo campero no solo responde a una cuestión de precio, sino también a la evolución de los hábitos de consumo.
6.200 gallinas y una producción casi milimétrica
El corazón del negocio lo forman 6.200 aves especializadas exclusivamente en la puesta, seleccionadas por su eficiencia productiva. No son gallinas destinadas a engorde, sino líneas genéticas optimizadas para producir huevos de forma constante durante su ciclo útil.
Cada animal pone aproximadamente un huevo cada 28 horas, lo que permite alcanzar una cifra cercana a los 5.700 huevos diarios. Esta regularidad convierte a la granja en una pequeña fábrica biológica donde los tiempos y la logística están cuidadosamente sincronizados.
Tras la puesta, los huevos ruedan desde los nidos hacia una cinta transportadora que los conduce hasta la sala de clasificación. Allí se revisan, se catalogan por tamaño —incluidos ejemplares XL e incluso algunos con doble yema— y se preparan para su distribución. El proceso está diseñado para minimizar manipulaciones y garantizar la calidad del producto final.
El factor humano: experiencia en el gallinero
Uno de los pilares del proyecto es el encargado de la explotación, Joan, un profesional con amplia experiencia en el manejo de gallinas ponedoras. Elías lo ha descrito públicamente como una referencia en el sector, subrayando la importancia de contar con conocimiento técnico en un negocio aparentemente sencillo, pero lleno de matices.
Las gallinas, pese a su tamaño reducido, mantienen comportamientos jerárquicos y pueden mostrar actitudes agresivas entre ellas. Por ese motivo, el equipo separa a las aves enfermas o lesionadas para facilitar su recuperación y evitar ataques del resto del grupo.
El manejo diario exige observación constante, control sanitario y atención a factores como la alimentación, la iluminación o la ventilación. En explotaciones de este tipo, pequeños desequilibrios pueden afectar de forma significativa al ritmo de puesta y, por tanto, a la rentabilidad.
Un ciclo productivo con fecha de caducidad
La vida útil de estas gallinas ponedoras ronda de 12 a 14 meses, periodo durante el cual mantienen un nivel elevado de producción. Una vez finalizado ese ciclo, son reemplazadas por nuevas aves para sostener el volumen de huevos.
Las gallinas que concluyen su etapa productiva se destinan a la industria cárnica, aunque su rendimiento en carne es limitado debido a su morfología ligera. Este sistema de renovación periódica forma parte del modelo estándar del sector avícola especializado en puesta.
Para Elías, entender estos tiempos es clave en la planificación financiera. La compra de nuevas pollitas, la adaptación de instalaciones y la gestión del stock forman parte de una ecuación empresarial en la que biología y economía avanzan de la mano.
De Código 2 a Código 1: la apuesta por el huevo campero
El gran reto estratégico pasa por convertir la explotación en una granja de Código 1, lo que implica permitir que las aves tengan acceso al exterior durante parte del día. Este cambio exige disponer de terreno suficiente y cumplir con requisitos específicos de espacio por animal.
El empresario ha manifestado su intención de adquirir parcelas adicionales para facilitar esta transformación. La ampliación no solo mejoraría el bienestar de las gallinas, sino que permitiría posicionar el producto en un segmento con mayor margen.
El mercado del huevo campero ha crecido de forma sostenida en los últimos años, impulsado por consumidores más sensibles a las condiciones de cría. Para un empresario acostumbrado a detectar tendencias, este nicho representa una oportunidad de diversificación con potencial de escalabilidad.

Un homenaje personal detrás del proyecto
Más allá de la rentabilidad, la operación tiene un componente emocional. Elías ha explicado que le gustaría rebautizar la explotación con un nombre vinculado a su madre, quien vendía huevos cuando él era niño para complementar la economía familiar.
Ese recuerdo conecta su presente empresarial con sus orígenes, en un relato que combina crecimiento corporativo y memoria personal. El gesto simboliza también una vuelta a la economía real, tangible, alejada de los despachos y los mercados financieros.
En un contexto en el que muchos grandes empresarios apuestan por la tecnología o las energías limpias, la incursión en el sector primario resulta llamativa. Sin embargo, la producción de alimentos básicos como el huevo mantiene una demanda estable y ofrece oportunidades para quienes saben gestionar costes y diferenciar producto.
Diversificación con sello propio
La entrada en el negocio avícola confirma la estrategia de diversificación de José Elías, que combina energía, distribución alimentaria y ahora producción primaria. La integración vertical, en este caso, podría abrir sinergias futuras con otros canales de venta.
Aunque por el momento se trata de una explotación de tamaño medio, el plan de expansión sugiere que el proyecto podría crecer en capacidad y posicionamiento. El paso de 5.700 huevos diarios a cifras superiores dependerá de la ampliación de terreno y de la consolidación del modelo campero.
De empresario energético a avicultor, Elías demuestra que la iniciativa empresarial no entiende de sectores cerrados. Con 6.200 gallinas como nuevas socias silenciosas, el empresario inicia una etapa en la que cada amanecer trae consigo miles de huevos… y una nueva línea de negocio en plena incubación.