El millonario José Elías (La Sirena) estalla contra las balizas V-16: “No sirven para nada”
El empresario cuestiona la obligatoriedad del dispositivo y denuncia una innovación sin utilidad práctica para el conductor
José Elías.
La reciente entrada en vigor de la obligatoriedad de la baliza V-16 en España ha vuelto a situar el debate sobre la seguridad vial en el centro de la conversación pública. Lo que nació como una medida para reducir riesgos en carretera y sustituir a los tradicionales triángulos de emergencia se ha convertido, para algunos, en un símbolo de innovación mal planteada. Entre las voces más críticas destaca la del empresario multimillonario José Elías Navarro, conocido por su vinculación con el grupo La Sirena y por su presencia activa en redes sociales, donde ha lanzado un mensaje demoledor contra este dispositivo.
Elías no ha dudado en expresar su frustración ante lo que considera una obligación innecesaria, criticando que se imponga a los conductores un gasto que, a su juicio, no aporta soluciones reales cuando se produce una avería o un accidente. Sus declaraciones han generado un intenso debate que va más allá de la baliza en sí y pone el foco en cómo se está entendiendo la innovación tecnológica en el ámbito de la movilidad.
La polémica no se centra solo en el dispositivo, sino en la filosofía que hay detrás de su implantación obligatoria. Para el empresario, la baliza V-16 representa una oportunidad perdida para avanzar hacia un modelo de conectividad útil y centrado en el usuario.
“No soluciona el problema”: una crítica directa al sistema actual
En su intervención pública, José Elías describe la baliza V-16 como un elemento excesivamente básico, alejado de lo que debería ser una herramienta moderna de asistencia al conductor. Según explica, su función se limita a emitir una luz intermitente y enviar una localización, sin ofrecer ningún tipo de apoyo adicional en un momento crítico.
El empresario insiste en que la experiencia real del usuario no mejora con este sistema. Cuando un conductor sufre una avería o un accidente, continúa enfrentándose solo a la gestión del incidente, teniendo que contactar con la aseguradora, buscar asistencia en carretera o resolver la situación manualmente, algo que considera poco razonable en pleno siglo XXI.
Para Elías, el principal problema es que la baliza no actúa, solo informa. Desde su punto de vista, una tecnología obligatoria debería ir acompañada de una respuesta automática que alivie la carga del conductor en situaciones de estrés, en lugar de añadir un nuevo elemento que no cambia el desenlace del problema.
Comparación internacional y el ejemplo de China como referencia
Uno de los argumentos más llamativos del empresario es la comparación con otros países, especialmente con China, donde asegura haber comprobado de primera mano cómo la tecnología aplicada a la movilidad puede ir mucho más allá. En su relato, destaca sistemas en los que los vehículos se comunican con infraestructuras urbanas, como los semáforos, ofreciendo información en tiempo real al conductor.
Esta experiencia sirve a Elías para subrayar que la diferencia no está en la falta de tecnología, sino en cómo se decide utilizar. A su juicio, España ha optado por una solución mínima cuando podría haber aprovechado la obligatoriedad de un dispositivo para desplegar un ecosistema de conectividad avanzada, capaz de mejorar de verdad la seguridad y la eficiencia en carretera.
El empresario considera que innovar no es solo digitalizar, sino pensar en el uso real y en el beneficio tangible para el ciudadano. En este sentido, la baliza V-16 se queda corta y evidencia, según él, una visión conservadora de lo que debería ser la movilidad inteligente.

El gran fallo: un sistema de comunicación unilateral
El núcleo de la crítica de José Elías se centra en lo que define como una comunicación unilateral, un sistema que lanza una señal, pero no cierra el círculo de la asistencia. La baliza, explica, no identifica al conductor, no conecta con su aseguradora y no activa ningún servicio de ayuda de forma automática.
Este enfoque obliga al usuario a seguir gestionando manualmente toda la incidencia, algo que el empresario considera especialmente inadecuado en momentos de tensión. En una situación de peligro en carretera, buscar documentación, realizar llamadas o explicar lo ocurrido se convierte en una carga adicional que la tecnología debería eliminar.
Para Elías, la baliza V-16 no está pensada desde la perspectiva del conductor, sino desde el cumplimiento normativo. Su utilidad se limita a alertar de un punto de incidencia, pero no acompaña al usuario en la resolución del problema, lo que refuerza su percepción de que “no sirve para nada” en términos prácticos.
Una alternativa basada en conectividad real y servicios automáticos
Lejos de rechazar la tecnología, José Elías defiende una visión más ambiciosa. Considera que la obligatoriedad de un dispositivo como la baliza V-16 podría haberse convertido en el punto de partida para un sistema integrado capaz de activar automáticamente los servicios necesarios en caso de incidente.
Entre las posibilidades que plantea se encuentran la notificación directa a la aseguradora, el envío automático de una grúa, la gestión de un taxi o vehículo de sustitución y la derivación del coche a un taller sin intervención del conductor. Todo ello, utilizando la conectividad como una herramienta real de asistencia y no solo como un elemento informativo.
El mensaje del empresario apunta a una reflexión más amplia sobre el futuro de la movilidad: no basta con imponer tecnología, es necesario diseñarla con sentido común y orientarla a resolver problemas reales. Su crítica ha reabierto el debate sobre el coste, la utilidad y el enfoque de la baliza V-16, y plantea una pregunta de fondo: si se obliga a innovar, ¿por qué no hacerlo bien desde el principio?