El Gobierno prepara su Plan de Energía sin contar con la propuesta nuclear del PP

La energía nuclear ha abierto una brecha muy importante entre el Gobierno y la oposición, y se verá reflejado en los planteamientos del PNIEC

Central Nuclear de Almaraz (Cáceres)

El Gobierno de Pedro Sánchez tiene la obligación, por mandato de Bruselas, de revisar antes del próximo verano el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC). Este instrumento de planificación energética tiene el objetivo de sentar las bases de las estrategias nacionales en esta materia. Hasta el próximo 15 de septiembre está abierto un periodo de consultas, aunque algunas cuestiones no se tocan para el Ejecutivo, sobre todo en materia nuclear

El fuego cruzado entre el Gobierno y la oposición se ha trasladado a los asuntos energéticos, y, en concreto, a la energía nuclear. La ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, tiene claro que la vida útil de las centrales nucleares ya está reflejada en el PNIEC, con cierres progresivos desde 2027 a 2035. Esta situación está planteada y acordada con las empresas y actores del sector, y no se prevén cambios. 

Así, la reformulación del PNIEC que se envíe a Bruselas en junio de 2023 prevé un recorte en la potencia nuclear para 2030. Es decir, se pasaría de los 7,3 GW de capacidad actuales, a los 3,1 GW en 2030 que ya contempla el cierre de los reactores de Almaraz. Ese es el planteamiento del Gobierno, y no hay otra lectura -pese a que la coyuntura económica invita a lo contrario-. 

Sin embargo, el Partido Popular tiene otra visión, pero no quedará reflejada en el PNIEC bajo ningún concepto. Además, esto supone un problema, puesto que el año que viene habrá elecciones generales y puede haber un cambio en la Moncloa. Esta situación provocaría tener un color político en el Gobierno que aboga por alargar la vida útil de las centrales. Por lo tanto, Bruselas tendría sobre la mesa un plan que sería papel mojado bajo las premisas del PP

Una estrategia clara 

Ante este escenario, el planteamiento del partido azul es muy claro: apuesta clara por la energía nuclear. En concreto, según ha aclaraba hace unas semanas a ECONOMÍA DIGITAL el portavoz de energía en el Congreso por el PP, Juan Diego Requena, «desde el grupo parlamentario popular hemos mantenido reuniones en todos los niveles para conocer la situación. Hemos tenido encuentros con sindicatos de la industria nuclear, con Foro Nuclear, y también con el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN)».

En estos momentos la vida útil de las centrales tiene fecha de caducidad: 2035. Se trata de un apagón progresivo que empezará en 2027 con la central nuclear de Almaraz (Extremadura), y que poco a poco irá reduciendo la potencia instalada de esta tecnología hasta llegar a cero. Así está marcado por el PNIEC, y así lo fijaron entre patronal, empresas y el Ministerio para la Transición Ecológica. Pero el Partido Popular no está de acuerdo. 

Además, el partido presidido por Alberto Núñez Feijóo tiene algunos argumentos que soplan a favor. Recientemente, Bruselas ha estimado oportuno que la energía nuclear y el gas natural entren dentro de su ‘taxonomía verde’ entre las tecnologías energéticas. De igual manera, la crisis de suministro provocada por la guerra en Ucrania, y la falta de madurez total de las renovables provoca la necesidad de tener una energía de respaldo solvente, continua y nula en emisiones. 

La apuesta nuclear 

Bajo este contexto, desde el Partido Popular argumentan que «el planteamiento que defendemos lo basamos en un consenso social que ahora mismo observamos. Estamos convencidos de que hasta que no haya un parque renovable lo suficientemente dimensionado, la energía nuclear es totalmente necesaria», defiende Juan Diego. 

Parte de esa defensa se fundamente en que existe un componente técnico, y es que provee de inercia al sistema eléctrico, y son condicionantes que precisan la red de transporte y distribución. Además, recuerda el portavoz popular, «lo que no se supla con la nuclear hay que recordar que deberá ser cubierto por los ciclos combinados de gas, y eso supone mayor consumo de gas, y mayores emisiones».