Las cuatro empresas en el punto de mira de Trump por transportar crudo venezolano
El cerco de Washington al petróleo venezolano se intensifica con nuevas sanciones marítimas
El presidente de EEUU, Donald Trump
La Administración de Donald Trump ha dado un nuevo paso en su estrategia de máxima presión contra el Gobierno de Nicolás Maduro, situando en el punto de mira a cuatro empresas internacionales implicadas en el transporte de crudo venezolano. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció la imposición de sanciones a estas compañías por su presunta colaboración en la exportación de petróleo que, según Washington, sirve para financiar al régimen chavista y a estructuras vinculadas al narcotráfico.
La medida ha sido ejecutada a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), que ha identificado a varios buques petroleros como “bienes bloqueados”, una categoría que obliga a congelar cualquier operación comercial o financiera relacionada con ellos. Aunque estos activos no pueden ser confiscados de forma automática, quedan fuera del mercado internacional y bajo estricta vigilancia estadounidense.
Desde la Casa Blanca se insiste en que estas acciones forman parte de un esfuerzo más amplio para asfixiar las vías de financiación del chavismo, en un contexto de creciente confrontación diplomática y militar entre ambos países. El petróleo continúa siendo la principal fuente de ingresos de Venezuela, y Washington considera que cortar estas rutas es clave para debilitar al poder en Caracas.
Las empresas sancionadas y la sombra de la “flota fantasma”
Entre las compañías señaladas figuran Corniola Limited y Krape Myrtle, propietaria y operadora del petrolero Nord Star, que ha sido catalogado como activo bloqueado. Según el Tesoro estadounidense, este buque habría participado en operaciones opacas destinadas a eludir las sanciones internacionales impuestas sobre el sector energético venezolano.
También ha sido sancionada Winky International, vinculada al buque Rosalind, conocido también como Lunar Tide. Las autoridades estadounidenses sostienen que este petrolero ha operado bajo distintos nombres y banderas para ocultar su rastro, una práctica habitual dentro de lo que Washington denomina la “flota fantasma” utilizada por Caracas para colocar su crudo en mercados extranjeros.
La cuarta empresa afectada es Aries Global Investment, a la que se atribuye la gestión de los navíos Della y Valiante, ahora igualmente congelados. Para el Gobierno de Trump, estos barcos forman parte de una red diseñada para burlar los controles internacionales, generar ingresos ilícitos y sostener lo que define como un “régimen narco-terrorista” encabezado por Maduro y su entorno más cercano.

Una ofensiva que se suma a sanciones personales y presión militar
El nuevo paquete de sanciones no llega de forma aislada, sino que complementa castigos recientes anunciados por la OFAC en diciembre contra familiares directos del mandatario venezolano, incluida la primera dama, Cilia Flores, y figuras clave de su círculo político y económico. Washington busca así golpear tanto las finanzas del Estado como las redes personales del chavismo.
Desde mediados de año, la Casa Blanca ha intensificado su ofensiva con un despliegue militar inédito en el Caribe, justificado oficialmente como una operación contra el narcotráfico. Estados Unidos acusa a altos mandos del Gobierno y de las Fuerzas Armadas venezolanas de liderar el Cartel de los Soles, una estructura que, según el Pentágono, combina tráfico de drogas, corrupción y control territorial.
En este marco, las fuerzas estadounidenses aseguran haber destruido decenas de embarcaciones presuntamente dedicadas al narcotráfico y eliminado a más de un centenar de tripulantes. Además, Trump ha advertido que confiscará petroleros sancionados que transporten crudo venezolano, una amenaza que ya se ha materializado en al menos dos ocasiones recientes.
El petróleo como eje del conflicto y el riesgo de escalada
La presión sobre las empresas navieras refleja la centralidad del petróleo en el pulso entre Washington y Caracas. Para Estados Unidos, cada cargamento vendido supone una inyección económica que prolonga la supervivencia del chavismo, mientras que para Venezuela se trata de una cuestión de supervivencia nacional en medio del colapso económico.
La tensión ha alcanzado un nuevo nivel tras el ataque estadounidense a un muelle en el litoral venezolano, anunciado de forma ambigua por Trump y vinculado por Washington a la banda criminal Tren de Aragua. De confirmarse los detalles, se trataría del primer bombardeo directo de EE. UU. sobre territorio venezolano, un precedente de enorme gravedad geopolítica.
Analistas internacionales advierten de que la combinación de sanciones económicas, bloqueos marítimos y acciones militares puntuales podría empujar el conflicto hacia una escalada imprevisible. Mientras tanto, las cuatro empresas sancionadas se suman a una lista creciente de actores internacionales atrapados en el choque frontal entre Estados Unidos y el régimen de Maduro, con el petróleo como principal campo de batalla.