La intervención de EEUU en Venezuela dispara la euforia inversora: magnates y amigos de Trump pujan por su petróleo

Inversores privados y grandes empresarios energéticos planean inversiones millonarias y viajes de negocios a Venezuela

Repsol produjo 24 millones de barriles en Venezuela en 2024

Repsol produjo 24 millones de barriles en Venezuela en 2024

La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela ha desatado una euforia inversora por el crudo del país sudamericano. Inversores privados y magnates petroleros amigos de Donald Trump han puesto sus ojos en los prominentes recursos que todo indica pasarán a estar controlados por el Gobierno norteamericano.

Desde la Casa Blanca tienen claros sus intereses en el país y así lo han confirmado públicamente tras los bombardeos de Caracas y la detención de Nicolás Maduro y su esposa.

La ‘hoja de ruta’ del presidente de Estados Unidos pasa ahora por gestionar Venezuela para «reconstruir» la infraestructura a través de las grandes compañías de Estados Unidos, que inviertan «miles de millones» y reanuden la producción de crudo de la mayor reserva petrolífera del mundo.

El resto, por ahora, pasa a un segundo plano. Una estrategia que, a penas días después de la histórica operación orquestada por el gigante norteamericano, ha desatado el interés de numerosos inversores para hacer negocio con el petróleo venezolano.

El ingeniero de origen iraní de Chevron busca captar 2.000 millones

Ali Moshiri, ex director de operaciones latinoamericanas de la petrolera Chevron, ha sido uno de los primeros en hacer sonar la campana. El empresario está buscando financiación para un fondo de 2.000 millones de dólares (unos 1.700 millones de euros) para desembarcar en el país caribeño cuando sea posible.

Una captación de capital que liderará a través de su fondo especializado en energía Amos Global Energy Management. «He recibido una docena de llamadas en las últimas 24 horas de posibles inversores. El interés en Venezuela ha pasado de cero al 99%», explicó Moshiri al Financial Times.

Ingeniero de origen iraní y nacionalidad estadounidense, Moshiri ha trabajado prácticamente toda su vida en la petrolera estadounidense Chevron y ha ejercido como directivo al frente del negocio en África y Latinoamérica entre 2008 y 2017.

También como presidente de la Asociación Venezolana de Hidrocarburos, una organización que agrupa a las multinacionales socias de la petrolera estatal PDVSA en empresas mixtas. Actualmente continúa vinculado a Chevron como asesor.

Se trata, pues, de un amplio conocedor del negocio del crudo a nivel internacional y especialmente en Venezuela. Cabe destacar que, de todas las petroleras a las que Trump revocó sus licencias para operar el pasado marzo, incluida la española Repsol, Chevron es a la única a la que posteriormente dejó que volviera a su actividad en el país.

Aunque sorprende la rapidez con la que Moshiri ha planteado el desembarco en Venezuela, el propio empresario reconoce que contemplaban esta posibilidad desde hace meses e incluso preparó un memorando para inversores el pasado diciembre.

Según el documento, su fondo pretende adquirir entre 20.000 y 50.000 barriles diarios de producción de petróleo y 500.000 barriles de reservas de PDVSA.

Harold Hamm, el magnate amigo de Trump, pone el ojo en Venezuela

Este es solo el principio y se espera que muchos otros inversores preparen planes estratégicos para desembarcar en Venezuela una vez Trump doblegue completamente al Gobierno actual.

Uno de ellos es conocido precisamente por su estrecha relación con el presidente de Estados Unidos. Se trata de Harold Hamm, el magnate petrolero dueño de la empresa Continental Resources, pionero en el uso del fracking en Texas, amigo y consultor estratégico de Trump.

Las buenas relaciones de los actuales Ejecutivos de EEUU y de Argentina, presidida por Javier Milei, así como la política económica del país sudamericano, ha propiciado que Hamm ponga la mira en los yacimientos argentinos.

El magnate ha asegurado que invertirá unos 200 millones de dólares al año en Argentina, tras desembarcar en el yacimiento de Vaca Muerta adquiriendo participaciones en los bloques de Pan American Energy.

Además, no ha querido dejar escapar la coyuntura actual para avisar de un potencial desembarco en Venezuela. «Aunque no tengamos planes inmediatos con respecto a Venezuela, creemos que el país tiene un potencial significativo en cuanto a recursos y, con una mayor estabilidad regulatoria y gubernamental, sin duda consideraríamos realizar inversiones en el futuro», aseguró al diario británico.

A Moshiri y a Hamm se suma además el interés público que ha mostrado Charles Myers, presidente de la consultora Signum Global Advisors y ex director de la firma de asesoría de inversiones Evercore.

En otra entrevista, Myers explica que planea un viaje a Venezuela para el mes de marzo con directivos de grandes fondos y gestoras de activos para analizar perspectivas de inversión en el país bajo el nuevo liderazgo. Un viaje que contaría con 20 personalidades de los sectores financiero, energético y de defensa.

Las grandes petroleras mantienen la prudencia

Mientras el gran capital privado de Estados Unidos no pierde el tiempo, las grandes petroleras sobre el terreno se mantienen prudentes. Las tres grandes firmas estadounidenses, ExxonMobil, Chevron y ConocoPhillips, han mostrado cautela tras la llamada de Trump a invertir en Venezuela por la inestabilidad política existente.

Chevron, la mejor posicionada para sacar partido al nuevo escenario, señaló el pasado sábado que está centrada en la seguridad de sus empleados y la integridad de sus activos.

ExxonMobile mantiene con el país un laudo arbitral de 1.600 millones de dólares por la expropiación de activos en la época de Hugo Chávez, mientras que ConocoPhillips, espera cobrar un laudo de 8.400 millones de dólares por el mismo motivo.

En cuanto a las petroleras europeas como Eni o Repsol, la incertidumbre por ahora es mayor. El interés de Trump es para con las empresas estadounidenses a las que Venezuela les expropió sus negocios en el país, sin haber mencionado otras compañías.

Repsol continúa monitorizando la situación, si bien en los últimos meses la compañía ha asegurado mantener diálogo abierto con la Administración Trump y la confianza en recuperar su actividad para saldar su deuda histórica en Venezuela.

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