Masorange estudia premiar a sus empleados con acciones tras la toma de control de Orange
El grupo de telecomunicaciones cambiará su marca corporativa después del verano
MasOrange podría salir a bolsa en 2026
La nueva etapa que se abre en Masorange tras la toma de control total por parte de Orange podría venir acompañada de una compensación a sus empleados. La compañía estudia retribuir a su plantilla con acciones como fórmula de reconocimiento por el trabajo realizado durante los últimos años.
Se trata de una de las medidas que han tratado los sindicatos en una reciente reunión con el consejero delegado de la teleco, Meinrad Spenger, según fuentes internas consultadas por este medio.
La representación sindical lleva tiempo reclamando una gratificación económica extraordinaria similar a la que Orange concede periódicamente a sus trabajadores en Francia, donde este tipo de incentivos pueden rondar los 1.000 euros por empleado.
Una opción a la que la dirección de la filial española se niega, pero a cambio se abre a dotarles con acciones del grupo. La opción se encuentra todavía en fase de valoración, pero supondría un cambio relevante para la plantilla y es una opción que gana peso tras la reciente reorganización accionarial del grupo.
Orange ya ha recibido todas las autorizaciones para hacerse con el 50% de Masorange que todavía permanecía en manos de Lorca —vehículo participado por KKR, Cinven y Providence— por 4.250 millones de euros.
Una operación que le ha permitido hacerse con el 100% del capital de la compañía y consolidar plenamente su control sobre el principal operador español por volumen de clientes.
La integración accionarial abre ahora un nuevo escenario para la empresa. Desde la dirección se insiste en que el objetivo es acelerar las sinergias industriales y comerciales, reforzar la capacidad de inversión y aumentar la creación de valor en el mercado español.
La incógnita del empleo en Masorange
Otro de los temas que continúa centrando la atención a nivel interno es la estabilidad laboral. Aunque la operación ha reactivado algunas dudas entre la plantilla, no se esperan grandes ajustes laborales en el corto plazo.
La compañía mantiene actualmente un discurso de estabilidad y no existen señales inmediatas de una reestructuración de gran alcance. Sin embargo, desde la dirección del grupo de telecomunicaciones tampoco se han ofrecido garantías absolutas de que no pueda producirse algún expediente de regulación de empleo (ERE) en el futuro, ni de que, en caso de producirse, se haga con las mismas condiciones que el anterior.
Tras la fusión de Orange y MásMóvil, la compañía resultante anunció en 2024 un ERE que acabaría afectando a 609 trabajadores con indemnizaciones de 33 a 45 días por año trabajado y un tope de 24 mensualidades.
Ahora, con Orange como propietario único, la representación sindical considera que será necesario seguir vigilando la evolución de la estructura corporativa durante los próximos meses.
Por el momento, el mensaje que recibe la plantilla es de continuidad y la dirección está centrada en culminar la integración, así como en aprovechar las sinergias derivadas de la operación antes de abordar eventuales decisiones de mayor calado en materia laboral.
Desde la dirección también se ha trasladado a los trabajadores que no habrá cambios societarios relevantes ni existen planes para modificar las actuales estructuras jurídicas sobre las que se sostiene la compañía.
Cambio de marca tras el verano
Otro de los asuntos que parecen encaminarse hacia una resolución inminente es el de la identidad corporativa del grupo, puesto que la compañía trabaja ya en un cambio de marca cuya definición podría conocerse después del verano.
La posibilidad lleva meses sobre la mesa y fue adelantada recientemente por el consejero delegado de Masorange, Meinrad Spenger, en un desayuno del Foro de la Nueva Economía.
Desde la fusión, la compañía ha operado con una denominación corporativa que servía para reflejar la unión en igualdad, dando como resultado Masorange, si bien cada una de sus diferentes marcas (Orange, MásMóvil, Yoigo, Jazztel, Pepephone o Simyo) operan comercialmente con independencia.
Con la reciente toma de control total por parte del grupo francés, el grupo acelera la necesidad de definir una identidad más estable y alineada con la nueva realidad accionarial.
Mientras se despejan estas incógnitas, la posibilidad de premiar a los trabajadores con acciones emerge como uno de los primeros gestos que podrían marcar la nueva etapa de una compañía que, tras quedar completamente bajo el paraguas de Orange, inicia una fase decisiva para su futuro.