Musk y O’Leary, choque de egos en redes sociales

Un cruce de insultos en redes sociales eleva la tensión entre el magnate tecnológico y el jefe de la aerolínea irlandesa

Elon Musk y Michael O’Leary

Elon Musk y Michael O’Leary. Foto: ChatGPT

El enfrentamiento entre Elon Musk y Michael O’Leary ha pasado en pocos días de ser un intercambio de pullas a convertirse en un auténtico choque de poder, ego y modelos empresariales, seguido por millones de personas en redes sociales. Lo que comenzó como una discusión sobre la conectividad a bordo de los aviones de Ryanair ha derivado en insultos personales, encuestas virales y amenazas veladas de compra, alimentando un nuevo episodio de la llamada “guerra de los CEO”.

El detonante fue una entrevista radiofónica en la que el consejero delegado de Ryanair descartó públicamente la implantación de WiFi en la flota de la aerolínea de bajo coste. O’Leary, fiel a su estilo directo y provocador, no solo rechazó la viabilidad técnica y económica del sistema Starlink, propiedad de Musk, sino que además descalificó abiertamente al fundador de Tesla y SpaceX, calificándolo de irrelevante para el negocio aéreo.

Estas declaraciones, amplificadas rápidamente en redes sociales, activaron la respuesta de Musk, que decidió llevar el pulso al terreno que mejor domina: X, la red social de su propiedad, donde acumula más de 230 millones de seguidores.

La WiFi en los aviones, excusa para una guerra mayor

En el fondo del enfrentamiento hay una discrepancia estratégica. O’Leary defendió que instalar WiFi en los aviones supondría un coste anual inasumible, que acabaría repercutiendo directamente en el precio del billete. Según explicó, el sistema requeriría antenas externas que afectarían a la aerodinámica, incrementarían el consumo de combustible y añadirían hasta un dólar por pasajero, algo incompatible con el modelo ultrabajo coste de Ryanair.

El directivo irlandés fue aún más claro al señalar que los clientes no están dispuestos a pagar por internet a bordo, y que ofrecerlo gratuitamente no compensaría la inversión. Para Ryanair, sostuvo, la prioridad sigue siendo mantener tarifas mínimas y alta rotación de vuelos, incluso si eso implica renunciar a servicios que otras aerolíneas ya ofrecen.

Musk respondió cuestionando la competencia técnica del CEO de Ryanair y acusándolo de frenar la innovación. En una escalada verbal sin filtros, llegó a afirmar que O’Leary “debería ser despedido”, alimentando una cadena de mensajes que rápidamente se hicieron virales.

La provocación de Musk: ¿comprar Ryanair?

Lejos de rebajar el tono, Musk elevó la apuesta con una de sus ya habituales provocaciones públicas. En varios mensajes sugirió la posibilidad de comprar Ryanair, preguntando abiertamente cuánto costaría hacerse con la aerolínea y fantaseando con devolver el control de la compañía a “alguien llamado Ryan”, en un juego de palabras que encajó perfectamente con el tono irónico del conflicto.

El momento culminante llegó cuando Musk lanzó una encuesta pública preguntando a sus seguidores si debía comprar Ryanair y “restaurar a su legítimo gobernante”. En pocas horas, cientos de miles de usuarios participaron, con una mayoría clara a favor de la idea, aunque sin ningún valor vinculante.

Más allá del tono irónico, el comentario volvió a poner de relieve el peso económico y la capacidad de influencia mediática del empresario sudafricano, situando a Ryanair en una conversación de alcance global que iba mucho más allá del sector aéreo.

Ryanair responde con ironía y gasolina al fuego

Lejos de achicarse, Ryanair optó por alimentar el enfrentamiento desde su propia cuenta oficial en X, conocida por su tono irreverente. La aerolínea compartió publicaciones que ridiculizaban la obsesión por el WiFi a bordo y se burlaban indirectamente de Musk, reforzando su imagen de marca desafiante.

En una de las respuestas más comentadas, la cuenta oficial ironizó sobre “propagandas en las que no creen”, mencionando directamente la conectividad aérea, lo que provocó una reacción aún más agresiva por parte de Musk, que elevó el tono con insultos personales dirigidos a O’Leary.

El intercambio dejó claro que ninguna de las dos partes tenía intención de rebajar la tensión, y que el conflicto ya no giraba solo en torno a una cuestión técnica, sino a una lucha simbólica entre dos formas opuestas de entender el liderazgo empresarial.

Dos estilos, dos visiones del negocio

El choque entre Musk y O’Leary representa también dos modelos empresariales antagónicos. Por un lado, Musk encarna la apuesta por la disrupción tecnológica constante, incluso a costa de asumir riesgos financieros o polémicas públicas. Para él, la innovación es parte del relato y del espectáculo.

Por otro, O’Leary defiende un enfoque radicalmente pragmático, centrado en costes, márgenes y eficiencia operativa. Su discurso no busca agradar, sino justificar decisiones que, aunque impopulares, han convertido a Ryanair en una de las aerolíneas más rentables de Europa, con una capitalización bursátil que ronda los 35.000 millones de dólares.

Este contraste explica por qué el enfrentamiento ha captado tanta atención: no es solo una pelea de egos, sino un debate público sobre qué esperan los consumidores y hasta dónde debe llegar la tecnología en sectores altamente competitivos.

Un espectáculo global con impacto real

Aunque la posibilidad real de que Musk compre Ryanair es remota, el episodio demuestra cómo las redes sociales pueden amplificar conflictos empresariales hasta convertirlos en fenómenos de masas. La intervención de figuras como Alexis Ohanian, que celebró el carácter “entretenido” del momento, refuerza la sensación de que estos choques ya forman parte del ecosistema digital.

Mientras tanto, ni Ryanair ni Musk han mostrado indicios de detener la disputa. El intercambio de mensajes sigue generando titulares y reforzando una narrativa donde la polémica, la estrategia mediática y la influencia económica se cruzan.

Parte del cruce de declaraciones y publicaciones en redes sociales ha sido recogido por el diario británico The Independent, que ha seguido de cerca la escalada verbal entre ambos directivos y el impacto que el enfrentamiento ha tenido en la opinión pública y en los mercados. El medio subraya que, pese al tono provocador del intercambio, no existe por ahora ninguna intención formal de compra, y enmarca el episodio dentro de la estrategia comunicativa habitual tanto de Musk como de Ryanair.

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Alba Carbajal

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