El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi. EFE/JUAN CARLOS HIDALGO

Draghi rema a favor de España en su tiempo de descuento en el BCE

stop

El italiano refuerza antes de su salida su discurso laxo en materia monetaria y complica que el Bundesbank imponga su política a corto plazo en el BCE

Madrid, 19 de junio de 2019 (04:55 CET)

Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE) desde 2011, no parece que quiera pasar inadvertido en sus últimos meses al frente de la institución. Mientras que los políticos europeos barruntan sobre cómo se reparten el sillón de mando en las instituciones europeas -BCE, Comisión Europea, Consejo y Parlamento europeo-, Draghi va cerrando incertidumbres sobre cuál será la política monetaria del BCE una vez que él se haya marchado. 

Tras retrasar la subida de tipos en la reunión de este mes del consejo de gobierno del BCE, este martes, en el encuentro en Sintra (Portugal), Draghi fue más allá y dejó la puerta abierta a que los tipos de interés pudieran llegar a ser negativos e incluso a retomar las medidas de política extraordinarias con sus planes de recompra de bonos.

Esta expectativa es positiva para la economía española, tanto por lo que tiene de impulsora del ciclo económico -históricamente hemos crecido más que la media europea europea en etapas expansivas-, como porque reduce los costes de financiación.

De hecho, las declaraciones de Draghi provocaron que el bono español a 10 años marcara un nuevo mínimo histórico este martes, al caer su rentabilidad por debajo del 0,4%. Más allá de la cifra histórica, esto significa que refinanciar (o emitir nueva deuda) es más barato que nunca para España a pesar de nuestro elevado endeudamiento, que ronda el 98% del PIB.

Además, de acuerdo con Finanzas.com, la influencia del presidente del BCE estuvo detrás de la remontada de la bolsa este martes, lo que es un indicio de que los inversores dan credibilidad al escenario planteado por Draghi aunque sea el presidente saliente del BCE. Y es que un mensaje tan claro ata las manos del que venga detrás; cerrando, al menos por un tiempo, el miedo a que el Bundesbank imponga su visión menos laxa de lo que debe ser la política monetaria en la zona euro.

Así, la credibilidad que se ha ganado el banquero italiano como cabeza del BCE en los últimos ocho años complica que su sucesor pueda virar con rapidez la política de la institución, aplicando un discurso coherente y sin crear desconfianza a los inversores. La propia debilidad de la economía germana, que podría haber contraído durante el segundo trimestre, también le permitirá ganar tiempo.

Un alemán para el BCE

Aunque en las últimas semanas está ganando fuerza la idea de que Alemania estaría presionando para conseguir la presidencia de la Comisión Europea, el país germano todavía tiene pendiente colocar a un alemán en ese mismo puesto en el BCE; por lo que, finalmente, podría decantarse por esa opción -parece poco probable que pueda copar la máxima designación en las dos instituciones europeas-.

Ese deseo ha provocado que durante meses Jens Weidmann, presidente del Bundesbank haya sonado como principal candidato a sustituir a Draghi. La revista Inversión, en su número del 6 de junio, ya insistía en que su nombramiento podría limitar el "kit de herramientas" macroeconómicas que ha creado el BCE bajo el mandato de Mario Draghi. Jean Claude-Juncker, actual presidente de la Comisión Europea, es uno de los políticos que está apoyando su candidatura.

La otra alternativa, con la que Alemania podría ganar indirectamente influencia, es apoyar la designación de un banquero central más influenciable que Draghi a las tesis monetarias del Bundesbank. Aunque la lista de nombres ha ido variando a lo largo de los meses, algunos de los nombres que suenan de forma más recurrente son Klaas Knot, gobernador del banco central holandés; Olli Rehn, su homólogo en Finlandia y antes comisario europeo; o el que fuera su predecesor en el cargo entre 2004 y 2018, Erkki Liikanen.

También suenan algunos nombres de economistas franceses, aunque el BCE ya ha estado dirigido por uno, Jean Claude-Trichet. En ese grupo destacarían Francois Villeroy de Galhau, actual gobernador del Banco de Francia y Benoît Cœuré, economista galo que forma parte desde 2011 del comité ejecutivo del BCE. De acuerdo con una encuesta realizada por Reuters entre economistas, este último sería el candidato mejor preparado para el puesto; pero Liikanen sería el favorito.

Por el momento, algunos de estos candidatos ya han comenzado su campaña personal y van marcando perfil propio. Por ejemplo, Olli Rehn ha hecho suya la tesis de Mario Draghi y ha insistido en los últimos días en que el BCE puede bajar los tipos de interés. Por su parte, Cœuré ha reconocido que una nueva bajada de tipos de interés puede ser negativa para la banca y ha señalado que el BCE debería tenerlo en cuenta.

La fecha de anuncio, pendiente

Más allá de las especulaciones sobre los nombres, se desconoce cuándo se hará oficial la identidad del sustituto de Mario Draghi. La próxima semana se reúne el consejo ejecutivo del BCE, pero, por el momento, no está prevista ninguna rueda de prensa. La primera que está convocada -y será la última hasta septiembre- está aprobada para el 15 de julio; fecha en la que el organismo volverá a pronunciarse sobre los tipos de interés. Este jueves, en la cumbre del consejo europeo se podrían plantear algunos nombres.

Hasta que se defina la identidad del candidato, las apuestas están servidas, pero no siempre aciertan; por lo que podría haber sorpresa. En 2011, cuando se hablaba de los sucesores de Trichet, Mario Draghi aparecía en las quinielas, pero nunca se le dio como favorito por el elevado déficit que arrastraba Italia.

No obstante, después de que Trichet pasara a la historia por subir los tipos de interés con la economía tocada por la crisis, ante el miedo a la inflación, y aplicando las tesis más ortodoxas de la política monetaria europea, la elección de Draghi se interpretó como un 'mea culpa' de Alemania por haber sido intransigente en lo que a política monetaria se refería. También se interpretó como un guiño a los países mediterráneos (Grecia, Italia, España y Portugal); especialmente damnificados por la hecatombe económica.

Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad