Una economía global interconectada se ve infectada por el brote de coronavirus que nació en la ciudad china de Wuhan a finales de 2019./ EFE

El coronavirus resta 144.000 millones a la economía global

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Wuhan permanece incomunicada y las provincias chinas que generen al menos dos tercios de la producción económica cerrarán durante la próxima semana

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Una economía global interconectada se ve infectada por el brote de coronavirus que nació en la ciudad china de Wuhan a finales de 2019./ EFE

Madrid, 01 de febrero de 2020 (12:27 CET)

Un vendedor de muebles de baño de Nueva Zelanda le dice a su cliente que la ducha de diseño  alemán que pidió no está disponible. La pieza viene de China, de una fábrica de Shanghai que ha tenido que cerrar. Situaciones similares se repiten por todo el mundo.  Los directivos de una empresa de California planifican cómo debe ser la cadena de suministro para anticiparse a la escasez de camiones y el atascamiento de puertos en el gigante asiático. Lejos de allí, en Oriente Medio, Arabia Saudí busca reunirse con la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) por temor a que la demanda del crudo se tambalee.

Y así, una economía global interconectada se ve infectada por el brote de coronavirus que nació en la ciudad china de Wuhan a finales de 2019 y se propagó a lo largo de enero. Por el momento el impacto mundial es de 160.000 millones de dólares (144.210 millones de euros) en la pérdida de crecimiento, según ha publicado Bloomberg. Pero esta cifra continuará en aumento.

No es la primera vez que China vive una crisis de salud. En 2003, un brote del Síndrome respiratorio agudo grave (SARS por sus siglas en inglés) provocó más de 900 muertes. Desde entonces, su participación en la producción económica mundial se ha cuadriplicado alrededor del 17%, hasta convertirse en el mercado más grande de automóviles, el que más gasta en turismo internacional, en el principal exportador de ropa, en el territorio en el que más tecnología se fabrica y de donde salen prácticamente todos los iPhones. Pero el impacto de esta enfermedad podría ser de tres a cuatro veces mayor que el golpe de 40.000 millones de dólares de SARS, estima Warwick McKibbin, profesor de economía de la Universidad Nacional de Australia.

Hasta ahora, China ha absorbido la mayor parte del shock económico del coronavirus conocido como 2019-nCov. Más de 210 personas dentro de sus fronteras han perdido la vida y, a nivel mundial, ha infectado a más de 9.950. Wuhan, ciudad con 11 millones de habitantes, permanece incomunicada con el mundo y las provincias que generen al menos dos tercios de la producción económica también cerrarán durante la próxima semana, incluidas Shanghai y los principales centros de fabricación del este.

China tiene un papel fundamental en la cadena de suministro global, lo que significa que el mundo entero se ve obligado a poner los ojos en el gigante asiático y ver qué sucederá en lo que parece que va a ser una crisis prolongada. “Todos esperamos a ver cómo evoluciona”, señala Miguel Patricio, director ejecutivo de la cadena de alimentos Kraft Heinz, que cuenta con 2.000 empleados en China, incluido un equipo de ventas en Wuhan. "El peligro, por supuesto, es que, si esto continúa y la gente tiene que quedarse en casa, comenzará a tener problemas en términos de distribución, producción", añade.

Levi y Starbucks, empresas con gran exposición

Hace cuatro meses, Levi Strauss abrió las puertas a una nueva y llamativa tienda insignia en Wuhan. Fue anunciada por los altos ejecutivos como un símbolo de una nueva era de crecimiento para la marca en el país. Hoy, como casi todos los comercios de la ciudad, permanece cerrada. "Nuestra prioridad son los empleados, y si la situación no se corrige por sí misma rápidamente, probablemente permanezcamos cerrados por un tiempo", explica el director financiero de Levi, Harmit J Singh, en declaraciones a Bloomberg.

Las compañías con gran exposición en China, desde Starbucks hasta Tesla, no han querido predecir esta semana cómo afectará el virus a la demanda. Pero mantienen la esperanza en que se contenga la propagación del virus para permitir que las personas vuelvan al ritmo normal de la vida en cuestión de semanas. Una vacuna podría tardar meses o incluso años.

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