La banca catalana actúa para evitar el ‘precipicio’ de la secesión

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25N

El presidente de la Generalitat, Artur Mas, presenta a los congregados en la plaza Sant Jaume

05 de octubre de 2012 (21:23 CET)

La banca de Catalunya se ocupa pero no se preocupa, al menos hasta las elecciones autonómicas, por los aires secesionistas que suspira el presidente de la Generalitat, Artur Mas. El discurso oficial fluye por esos derroteros.

La intrahistoria, sin embargo, es otra. Las plantas nobles son un hervidero de contactos discretos para lograr que Mas rebaje el soufflé y, consecuentemente, evitar que llegue el día en el que Isidro Fainé (La Caixa), Xavier Queralt (BBVA-Unnim), Josep Oliu (Sabadell) y Adolf Todó (CatalunyaCaixa) deban imitar al dueño de Planeta, José Manuel Lara, y admitir de qué lado están.

Si Mas no atiende a razones, la preocupación llegará por el temor al futuro escenario económico. Por esta razón, el presidente catalán ya ha sido advertido sobre el periodo de anemia al que condenaría al sistema financiero catalán si no logra bajar del tren de la secesión a la sociedad catalana. Los bancos le apoyarán, en cambio, en todos sus esfuerzos tendentes a la consecución del pacto fiscal.

Estudios que avalan el pacto

Las cuentas no cuadran en un escenario de independencia, ilustrado como un precipio, pero los servicios de estudios de varias entidades señalan el paso adelante que daría Catalunya si logra un nuevo marco de financiación y persiste en la contención del gasto público. Como las empresas, la banca respirará tranquila con el encaje de Catalunya en España resuelto y, por ende, con el debate sobre la independencia zanjado, al menos por una década.

Los bancos catalanes viven de España. Dos de las cinco entidades sistémicas del país tienen sede social en Barcelona y negocio por toda España. Caixabank y Sabadell poseen entre el 65% y el 80% del negocio fuera de la comunidad. La franquicia de La Caixa, paradigma histórico de neutralidad, se codea con Emilio Botín (Santander) y Francisco González (BBVA), que en Catalunya controla Unnim, en la cima del mercado minorista. Oliu preside uno de los bancos españoles mejor posicionados en productos orientados a empresas. Tras la compra de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) controla cuotas de mercado, en algunas provincias no catalanas, del 40%.

Miedo a la salida del euro

Esas posiciones de liderazgo están en riesgo no sólo por la reacción de los clientes, sino por la ruptura del mercado único español y la más que probable pérdida del euro como moneda de referencia si Catalunya logra la soberanía. Si se sustancia el hecho, los bancos catalanes perderían competitividad y valor respecto a sus competidores internacionales, incluidos los españoles.

Ni La Caixa ni el Sabadell han crecido sólo por los recursos cosechados en el mercado catalán (aproximadamente, el 20% del español) y han crecido a golpe de procesos de concentración que han desembocado en un potente arraigo territorial más allá del Ebro.

Frob, o incertidumbre

En el reverso de la moneda, y alejadas del debate político, se encuentran las cajas que continúan operando gracias a los recursos obtenidos del Banco de España, esencialmente dinero público administrado por el Frob, un organismo del Estado. CatalunyaCaixa y las antiguas Caixa Penedès, Unnim y Laietana han recibido fondos de Madrid para salvarse de la quiebra. Los intentos para buscar una solución catalana al escenario fracasaron y el Frob tuvo que acudir al rescate.
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