La banca mantiene 130.000 millones en ladrillo a pesar de 90.000 inmuebles vendidos en 2014

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Impagos, ejecuciones y adjudicados

La caída demográfica apunta a una necesidad de menos viviendas nuevas hasta 2030

desde Madrid, 06 de febrero de 2015 (18:59 CET)

Cara y cruz del riesgo inmobiliario de la banca española. El que depende directamente de su gestión va, más o menos, cumpliendo sus objetivos, con esos 90.000 inmuebles –viviendas, en su mayoría– vendidos en 2014 por unos 10.000 millones de euros. Se nota ya la mano –por la cuenta que les trae– de esos fondos internacionales que se han quedado, en todo o en parte, con las plataformas de venta montadas por las entidades financieras.

Sin embargo, no son tan buenas las noticias procedentes de la cartera crediticia inmobiliaria de esos cinco grandes bancos (Santander, BBVA, Caixabank, Sabadell y Popular). Aquí, la cosa no puede ser más nefasta.

Los promotores casi no pagan las deudas

Los promotores llevan camino de dejar de pagar lo que deben. Su morosidad ya supera el 75%. De los casi 66.000 millones de euros brutos apuntados en los balances de los bancos como crédito promotor, cerca de 50.000 millones ya figuran como de dudoso cobro.

En el caso del Banco Santander, la entidad que cuenta con menos crédito vivo al promotor, con algo menos de 8.300 millones, solo tiene considerados como normales créditos por un valor bruto de 101 millones, con lo que su morosidad es casi del 99%. Los restantes 8.174 millones se califican directamente como dudosos, con más de tres meses de impagos y a punto de ejecutarse, o subestándar, al día pero con un historial irregular de amortizaciones.

Morosidad controlada por menor crédito

Las condiciones impuestas por el Banco de España, de considerar como morosos los créditos refinanciados, obligó a las entidades a sumar provisiones, que ascienden hoy a algo más de 20.000 millones de euros por esos casi 50.000 millones de morosidad promotora.

Con todo, lo mejor para las entidades financieras es que esta morosidad del crédito promotor no puede ir a más. Básicamente, porque las restricciones que siguen dándose para las actividades inmobiliarias han hecho que el crédito normal –el único que podría entrar en mora– sea tan solo de unos 17.000 millones.

Ya entra lo mismo que sale

Afortunadamente para la banca, lo que sí está provocando la venta masiva de inmuebles es que el aumento de activos adjudicados, como consecuencia de los impagos –de promotores y también, de manera creciente, de los particulares hipotecados – no se haya disparado, como muchos se temían.

Empezaron el pasado ejercicio con un monto bruto de adjudicados valorado en 66.000 millones de euros, y lo han acabado más o menos en los mismos términos, incluso ligeramente por debajo. Unos 65.000 millones provisionados con 32.000 millones de euros para cubrir sus más que previsibles minusvalías.

Misma exposición, distinto reparto

Con todo, sumando créditos y activos adjudicados, la exposición inmobiliaria de los cinco grandes es prácticamente la misma al finalizar 2014 que un año antes. Unos 130.000 millones de euros, con ligero incremento de lo provisionado, en torno a los 72.000 millones.

Lo único que cambia es que, entonces, el crédito ascendía a casi 75.000 millones y los activos adjudicados sumaban 57.000 millones. Y ahora, en ambos casos, tanto créditos como adjudicados, están en torno a los 65.000 millones.

Bankia, caso aparte

El alcance de la exposición inmobiliaria de Bankia no es equiparable al de resto de entidades, desde que en diciembre de 2012 fueran traspasados el grueso de sus activos a la Sareb, el banco malo.

No obstante, los efectos de la crisis se dejan notar. Entonces, al cierre de ese ejercicio, la entidad presidida por José Ignacio Goirigolzarri solo contabilizaba inmuebles procedentes de impagos de hipotecas –pisos, en su mayoría– por un valor bruto de 1.892 millones.

Dos años después, y a pesar del gran número de activos vendidos, esos inmuebles tienen un valor en libros, pendiente de confirmación, de 3.170 millones, un 67% más, provocado por el aumento de las ejecuciones de préstamos impagados.

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