¿Por qué el Sabadell hace lo contrario que Caixabank en Portugal?

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BCP trató de alcanzar una fusión con el Sabadell, pero el grupo presidido por Josep Oliu la descartó para no lastrar su rentabilidad

Jaime Guardiola y José Oliu, consejero delegado y presidente del Banco Sabadell

Madrid , 13 de diciembre de 2016 (17:45 CET)

Dieciséis años después de entrar en Portugal, el Banc Sabadell ha decidido salir del Millennium Banco Comercial Português (BCP) –el segundo mayor banco de Portugal– tras ver cómo en 2016 las provisiones necesarias para cubrir deterioros de carteras de créditos han provocado que el banco luso, tras obtener unos beneficios de 235 millones en 2015, vuelva a registrar grandes pérdidas.

Portugal no ha sido un buen negocio para los bancos catalanes. Si el Sabadell ha terminado por salir, Caixabank se quedará, pero lo suyo le ha costado. En 2015, fracasó en su intento de opar el BPI, del que ya era primer accionista. Finalmente, lo consiguió este año, pero tras agrias disputas con Isabel dos Santos, segunda accionista. Ahora Caixabank está sólo pendiente de que su opa sea aceptada por una pequeña parte de los accionistas --controla ya el 45% de las acciones--.

Ascendían a 251 millones hasta septiembre, y apuntan a superar los 300 millones al cierre del presente ejercicio. Había llegado el Sabadell a Portugal en marzo de 2000 tras un cruce de participaciones por el que la entidad vallesana adquirió el 5,3% del capital del banco luso a cambio de tomar un 10% del Sabadell.

Origen de la decisión

Una participación que prácticamente se había mantenido inalterable durante estos tres lustros, al acudir el Sabadell a todas las ampliaciones de capital realizadas por el BCP. Pero fue replegándose en los dos últimos años. A finales de 2015 era del 5,07% y ahora, antes de la salida casi definitiva, sólo ya del 4,22%. Tras la salida, un simbólico 0,14% que capitaliza por menos de dos millones de euros.

En pleno proceso de salida, a principios de este año el banco luso propuso al Sabadell un acuerdo de fusión, por el que, en la entidad resultante, el Sabadell tendría el 90% y el BCP se quedaría con el 10% restante. El banco español echó números y no llegó a declinar la oferta, pero tampoco dijo que sí. No obstante, las posteriores ventas de pequeñas participaciones dejaron bien a las claras su desinterés.

Entendió el banco presidido por Josep Oliu que el escaso crecimiento de la economía portuguesa convertiría la hipotética fusión en un lastre para su rentabilidad sobre recursos propios (ROE), del que está tirando con fuerza la franquicia británica TSB. Hasta septiembre, el grupo alcanzaba el 6,47%, frente al 5,96% de un año antes, gracias al 8,4% aportado por la filial británica.

Vaivén de beneficios

A nivel de resultados, llegaba el Sabadell al BCP en 2000 en plena senda ascendente de beneficios. Ese ejercicio, el banco luso ganaba algo más de 500 millones de euros, muy por debajo de los 735 y 780 millones de beneficios obtenidos en 2005 y 2006, respectivamente. A partir de aquí, el deterioro fue progresivo.

La cartera de crediticia se vio menguada y y la incipiente crisis económica provocó que tuvieran que acometerse las primeras provisiones para cubrir el deterioro de activos, llevando a un progresivo desplome de las cuentas. De los 563 millones ganados en 2007 a los 1.219 millones perdidos en 2012, el ejercicio en el que el BCP tuvo que ser rescatado con 3.500 millones de euros.

Las ayudas y los recortes lograron que las pérdidas se minorasen a 740 millones en 2013 y a 218 millones en 2014. Y se volvieran a acreditar beneficios de 235 millones en 2015. Un espejismo. En 2016, los números rojos han vuelto con fuerza.

Repliegue en Portugal de la banca española

La decisión del Sabadell refuerza la estrategia corporativa de salida de Portugal de la banca española. Al margen del Banc Santander, que mantiene en el país vecino una franquicia rentable –hasta septiembre obtenía unos beneficios de 302 millones, un 67% más que un año antes–, el resto de entidades han optado por replegarse.

El año pasado el BBVA cerraba su negocio de particulares y hace un mes el Banco Popular –en pleno proceso de reestructuración para cumplir con su plan estratégico– anunciaba el despido de 295 de los 1.159 empleados con los que cuenta en Portugal, ligado al cierre de 47 de las 165 oficinas con las que cuenta.
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