Trabajar deja de ser garantía contra la pobreza

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El 13,7% de catalanes con empleo se encuentra en una situación de riesgo

Presentación del informe sobre el riesgo de pobreza relacionado con el mercado laboral catalán

11 de febrero de 2013 (20:02 CET)

España es el país de la Unión Europea (UE) con una de las mayores tasas de riesgo de pobreza entre los trabajadores ocupados. Un 12,7%, para ser más exacto, según los últimos datos del Eurostat. Tan sólo países como Grecia o Rumania superan esta cifra. Por ello, los expertos aseguran que llegados a este punto de la crisis, trabajar ya no es una garantía con la que evitar una situación de vulnerabilidad económica. Un fenómeno propio de Estados Unidos que ahora llega a Europa.

El Centro de Trabajo Económico y Social de Catalunya (Ctesc) ha elaborado un informe en el que se desvela que el 13,7% de los trabajadores catalanes se encuentran en esta situación transitoria, que no definitiva. Pero según cálculos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el dato se sitúa en el 13,3% de los ocupados, mientras que afecta al 35,8% de los parados.

Condiciones laborales

La flexibilidad y la inseguridad laboral, la caída de la actividad económica, los contratos temporales y la ausencia de prestaciones sociales para el trabajador en riesgo de pobreza han agravado la situación en los últimos años. “El mercado de trabajo ya no es una garantía para no caer en la pobreza”, ha sostenido el presidente del Ctesc, Josep Maria Rañé, quien ha agregado que una vez se llega a esta situación “es muy difícil salir”.

La responsable de programas y servicios sociales de Cáritas Barcelona, Mercè Darnell, apunta que no es un fenómeno nuevo de la crisis. “Este problema ya lo teníamos desde 2000, cuando el paro era bajo pero la precariedad laboral elevada”. La coyuntura ha incrementado la situación actual porque la base era débil, agrega.

Prestaciones sociales

Las nuevas realidades familiares han creado nuevos perfiles de riesgo de pobreza como las familias de clase media con dificultades para pagar la hipoteca, personas adultas de difícil recalificación, jóvenes con niveles de estudio bajos y mujeres que afrontan riesgos adicionales como ser madre soltera y de origen extranjero.

Hay familias en las que sólo trabaja una persona por horas y que ha pasado de ser mileurista a cobrar entre 700 y 800 euros. Un sueldo insuficiente para cubrir los gastos mínimos del hogar. “Muchas personas son pobres porque sus parejas no trabajan, han agotado las ayudas y no tiene prestación social”, ni recursos para afrontar todos los gastos familiares, asevera Darnell.

Vulnerabilidad extrema

El informe del Ctesc también ha revelado que en los últimos cinco años se ha multiplicado por cinco los hogares en los que todos los miembros están en el paro.

Además, se ha duplicado el número de familias que no reciben ni ingresos por trabajar, por pensiones o prestaciones sociales por desempleo. En concreto, de 57.000 hogares registrados en el tercer trimestre de 2007 se ha pasado a los 118.500 en el tercer trimestre de 2011.

Nuevos perfiles

La socialización de la vulnerabilidad se ha consolidado en los últimos años y ha alcanzado a sectores de la población que nunca se habrían imaginado en una situación tan insostenible. En concreto, se trata de trabajadores autónomos, de personas con trabajos temporales o con una jornada parcial. También se incluyen los empleados que tienen una ocupación no cualificada o ejercen en ciertos sectores como la agricultura o la construcción.

El estudio no sólo se ha limitado a hacer una radiografía de la brecha social cada vez más extensa en la población catalana. También ha presentado un conjunto de medidas con las que afrontar la situación económica y sus consecuencias sociales.

Propuestas concretas

Entre las recomendaciones destacan la redefinición de los criterios de acceso a las prestaciones económicas para los colectivos más vulnerables. Un ejemplo serían los hogares con una intensidad laboral baja. Por ello instan al Govern a permitir la simultaneidad del trabajo con la percepción de la prestación de la Renta Mínima de Inserción (RMI).

También se incluye la necesidad de impulsar programas que combinen la formación con la experiencia laboral, así como la creación de un sistema más flexible, que se pueda adaptar a las necesidades personales para gestionar de forma eficiente las horas de trabajo. El organismo propone de bolsas de horas y de jornadas variables.
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