Encrucijadas del hidrógeno renovable en Galicia

El hidrógeno verde ofrece a Galicia una oportunidad industrial de futuro por su potencialidad renovable, la buena disponibilidad de apoyo financiero público y la iniciativa empresarial, aunque hay dos factores que suponen encrucijadas de cara al futuro: el marco legislativo europeo y las necesidades de energía renovable para descarbonizar la industria

Los proyectos de hidrógeno brotan en Galicia; sin duda nuestra tierra tiene una oportunidad industrial de futuro. Hay potencialidad renovable, hay una buena disponibilidad de apoyo financiero público, fundamentalmente europeo y estatal, y tenemos para este campo iniciativa empresarial, aunque en este momento hay dos factores que suponen encrucijadas de cara al futuro y todavía no tienen todos los renglones escritos.

La primera tiene que ver con un color que en este caso es algo más: verde. Hablamos mucho de Hidrógeno verde, pero el marco del que será considerado verde o no aún no está escrito, se está debatiendo en Bruselas y, como ponente del grupo socialista en renovables, debo decir que la Comisión Europea lleva un año de retraso y vamos tarde en crear un marco legislativo fiable, lo que supone un riesgo para las inversiones que nos permitan echar a andar la producción en esta década.

Entendemos por verde, el Hidrógeno elaborado a partir de electricidad renovable, pero esos electrones solo se producen cuando hay agua, viento y sol suficiente. Por lo tanto, no toda la electricidad vale, se hace necesario controlar su origen temporal y geográfico. Si ampliamos mucho el origen geográfico, por ejemplo que se acepte electricidad renovable de otros países, probablemente nuestros electrones renovables migrarán para producir Hidrógeno verde en Alemania.

Si ampliamos mucho el origen temporal, es posible que esos electrones renovables baratos no vayan al consumo eléctrico común porque serían aprovechados, con otros probablemente no tan verdes, para transformarse en Hidrógeno con un precio mucho más elevado que la electricidad, por lo que será más rentable para las eléctricas venderle a los productores de hidrógeno que a casas o empresas, encareciendo nuestras facturas, o sea, negativo para la ciudadanía en general, pero también negativo para las zonas de Europa con amplio potencial renovable como Galicia, pues esta laxitud beneficia a quien menos renovables tiene.

De este modo, hay que definir ya un marco equilibrado donde no suceda ni lo primero ni lo segundo, al tiempo que el corsé no apriete tanto para que nos permita ir creando un mercado europeo del Hidrógeno.

Por otra parte, sirva esta anécdota como elemento introductorio a otra de las encrucijadas. En el mes de mayo visité Islandia, el “paraíso” de la electricidad renovable. En España solo tenemos una fábrica de aluminio primario y ahora está parada, Alcoa. En Islandia con medio millón de habitantes tienen tres. Cuando pregunté en la industria islandesa si no les interesaría una interconexión por cable para vender electricidad limpia a Europa, su respuesta fue inmediata “ya enviamos electricidad en bloques de aluminio verde”. Es decir, tenían claro que preferían una industria que creara empleo de calidad a exportar su energía barata y limpia.

En este despertar del Hidrógeno verde en Europa, en Galicia tenemos que decidir por qué optamos

Así, en este despertar del Hidrógeno verde en Europa, en Galicia tenemos que decidir por qué optamos. En primer lugar y esencial es sacar los proyectos renovables adelante y con garantías para todas las partes afectadas, algo que la Xunta de Galicia ha obviado durante años y ahora quiere solucionar a la carrera. Una vez haya suficientes megavatios renovables los primeros grandes volúmenes de Hidrógeno verde deberían ser dedicados a descarbonizar procesos industriales intensivos en carbono (siderurgia, petroquímicas, cemento, etc.), pues es el uso más eficiente en términos energéticos, económicos y medioambientales. Por lo tanto, lo más lógico en esta primera andadura es reservar ese vector y reservorio de energía para nuestras industrias y para aquellas que puedan venir sintiéndose atraídas por unos precios competitivos.

La petrolera Cepsa acaba de presentar un proyecto en Huelva para que una gran producción solar renovable se transforme en Hidrógeno verde que, exportada, ayude a descarbonizar la industria del puerto de Rotterdam, es decir, un gran despliegue renovable en Andalucía para nutrir la industria holandesa.

Galicia ahora debe decidir qué modelo prefiere, que nuestras renovables ayuden a mantener y atraer industria por lo menos en esta primera fase, o que los electrones limpios que sacamos de nuestros montes, ríos y mar vayan directamente a hacer más sostenibles industrias en otros lugares de la Península o de Europa. De entrada y ante la inicial escasez de Hidrógeno verde, personalmente optaría por la segunda opción, decantarse por la cadena industrial completa del Hidrógeno verde como vector antes que la parcial basada en la generación renovable y transformación.

No deberíamos centrarnos tanto en la ausencia inicial de Galicia en el primer mapa del primer hidroducto europeo, que fundamentalmente servirá para exportar a Europa desde el Sur. Cavilemos en las razones por las que, por lo de ahora, tampoco están incluidos en la primera columna vertebral de Hidrógeno los polos industriales de O Porto y Lisboa, en un país de alto potencial renovable y que va a estar en el futuro del Hidrógeno como Portugal.

Por lo tanto, sin perder tiempo, centremos en lo básico y que no nos distraigan con batallas que aparten el foco del verdadero objetivo, toca alimentar nuestros futuros proyectos de hidrógeno pues para eso aún andamos escasos de suficiente electricidad renovable, combatir con la mencionada oportunidad de despliegue de esa nueva economía industrial que nos ayudará a hacer frente a dos de nuestros peores problemas de país como son el declive demográfico y la pérdida de industria y pensemos en la exportación para una segunda fase ya más allá de 2030.

Nicolás González Casares