Galicia y Norte de Portugal: próxima frontera económica de Europa
La competencia ya no se produce solo entre países. Cada vez más, entre grandes regiones capaces de concentrar industria, conocimiento, innovación y talento. Es ahí donde Galicia y el Norte de Portugal disponen de una oportunidad extraordinaria. Y de eso versará el próximo Fórum Transfronterizo organizado conjuntamente por Economía Digital y Vida Económica/Janus.
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Durante años hablamos de cooperación. Quizá haya llegado el momento de empezar a hablar de competitividad. La Eurorregión Galicia-Norte de Portugal constituye uno de los mayores éxitos de la integración europea. La frontera prácticamente ha desaparecido para miles de trabajadores, empresas, universidades y ciudadanos. Las cadenas industriales atraviesan diariamente el Miño, las universidades colaboran con normalidad y el mercado vecino se ha convertido, para muchas empresas, en la primera experiencia internacional.
Pero ese éxito plantea hoy una nueva pregunta. ¿Y ahora qué? Porque el mundo de 2026 ya no es el de 1986. Europa ha dejado de preocuparse únicamente por la cohesión territorial para centrarse en la autonomía estratégica, la reindustrialización, la transición energética, la inteligencia artificial y la seguridad de las cadenas de suministro. La competencia ya no se produce únicamente entre países. Cada vez más, se produce entre grandes regiones capaces de concentrar industria, conocimiento, innovación y talento.
Es precisamente ahí donde Galicia y el Norte de Portugal disponen de una oportunidad extraordinaria. Por separado, ambos territorios continúan apareciendo como periferias respecto a Madrid y Lisboa. Observados desde la fachada atlántica europea, sin embargo, ofrecen una realidad completamente distinta. Más de seis millones de habitantes. Una potente base industrial. Algunos de los principales puertos del Atlántico ibérico. Universidades y centros tecnológicos con creciente proyección internacional. Empresas exportadoras que llevan décadas compitiendo en los mercados más exigentes. Y, sobre todo, cuarenta años de confianza acumulada.
Ese último activo suele pasar desapercibido. Las infraestructuras pueden construirse en pocos años. La confianza entre empresas, administraciones, universidades y emprendedores requiere décadas. Galicia y el Norte de Portugal ya la poseen. Sin embargo, existe un evidente desfase.
«La confianza entre empresas, administraciones, universidades y emprendedores requiere décadas. Galicia y el Norte de Portugal ya la poseen«
Mientras la economía funciona desde hace tiempo como un espacio crecientemente integrado, la estrategia continúa fragmentada. Las empresas cooperan. Las instituciones todavía piensan, muchas veces, desde perspectivas nacionales. El resultado es que la Eurorregión dispone de activos comparables a muchas regiones europeas líderes, pero raramente se presenta como un único ecosistema económico ante los inversores internacionales. Y eso tiene un coste.
En un mundo donde el capital busca plataformas completas —talento, proveedores, universidades, logística, calidad institucional y calidad de vida— la fragmentación reduce visibilidad y competitividad. Ese será precisamente uno de los grandes debates que abordará el próximo Fórum Transfronterizo organizado conjuntamente por Economía Digital y Vida Económica/Janus, que se celebrará en otoño. No será un encuentro para celebrar cuarenta años de cooperación, sino para discutir los próximos veinte años de competitividad.
La cita llega, además, en un momento especialmente significativo. La geopolítica vuelve a favorecer al Atlántico. La política industrial europea recupera protagonismo. Las cadenas logísticas buscan mayor resiliencia. Y la posible entrada en vigor del Acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur abre una nueva dimensión para las empresas exportadoras del Noroeste Peninsular.
Tanto Galicia como el Norte de Portugal mantienen una larga tradición internacional en sectores como la automoción, el textil, la alimentación, la industria del mar, la metalurgia o la maquinaria. Un mercado ampliado en América del Sur puede convertirse en una oportunidad de crecimiento precisamente para aquellas empresas que ya compiten con éxito en mercados globales.
Pero el acuerdo con Mercosur también plantea una cuestión estratégica. ¿Competirá cada territorio por separado o aprovechará la existencia de una masa crítica compartida capaz de ofrecer una propuesta de valor más sólida?
Existe una segunda cuestión igualmente relevante. La fiscalidad. Las diferencias entre los sistemas tributarios de Portugal y España condicionan inversiones, localización empresarial y movilidad de profesionales. Analizar esas diferencias no debería entenderse como un ejercicio de competencia entre ambos países, sino como una herramienta para identificar ventajas comparativas, eliminar obstáculos innecesarios y mejorar el atractivo conjunto de la Eurorregión.
En una economía basada cada vez más en el conocimiento, la innovación y el talento, las decisiones empresariales dependen tanto del entorno regulatorio como de la calidad de los ecosistemas donde operan. Y ahí Galicia y el Norte de Portugal tienen una historia que todavía está lejos de haber alcanzado todo su potencial. Durante décadas aprendieron a cooperar. Ahora necesitan aprender a competir juntos.
Porque la verdadera competencia ya no está entre Vigo y Braga, ni entre Oporto y A Coruña. Está entre las grandes regiones europeas capaces de atraer inversión, retener talento, liderar la innovación y ocupar posiciones estratégicas en las nuevas cadenas globales de valor.
La buena noticia es que el Noroeste Peninsular dispone ya de muchos de esos ingredientes. La cuestión ya no es económica. Es estratégica. Y probablemente esa sea la conversación más importante que Galicia y el Norte de Portugal tienen pendiente.